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Rubén Arranz

Opinión

El Rey, la reina, los mandarines y las comilonas de la prensa

Rotativa
Rotativa Henneo

Omitiremos el nombre porque no viene al caso, pero, hace algo más de cuatro años, el mandamás de uno de los medios de comunicación españoles mejor regados con dinero público tuvo un ataque de egocentrismo. Descolgó el teléfono, hizo una llamada internacional y transmitió su deseo de conceder un premio Lula da Silva por su 'importante' papel para dignificar la política latinoamericana. El galardón no existía, por lo que había que crearlo, organizar al festejo y hacer el paripé con un jurado que supuestamente se había decantado por el expresidente brasileño por su larga lista de supuestos éxitos. La idea nunca prosperó y, mire usted por dónde, al final le vino bien al ambicioso directivo, pues nunca resulta grato aparecer en las fotografías junto a un político condenado por corrupción.

En los últimos días, han coincidido en la villa y Corte de Madrid las fiestas de aniversario de los diarios La Razón y Expansión. Está claro que cada uno puede conmemorar lo que le venga en gana, pero, más allá de la celebración, estos cumpleaños, entregas de premios, homenajes, desayunos, comidas y cenas siempre sirven para sacar a la superficie las amistades, dependencias, y también los temores, que existen entre políticos, empresarios y editores.

Sorprende observar que al convite organizado por Unidad Editorial asistiera el presidente del Gobierno y ocho ministros. Ni más, ni menos. Fueron Nadia Calviño, María Jesús Montero, José Luis Ábalos, Magdalena Valerio, Fernando Grande-Marlaska, Meritxell Batet, Dolores Delgado y María Luisa Carcedo. También estuvieron el jefe de la oposición, Pablo Casado, y unos cuantos empresarios de primera fila, como José María Álvarez-Pallete (Telefónica), Florentino Pérez (ACS), Borja Prado (Endesa), Francisco Reynés (Naturgy), José Manuel Entrecanales (Acciona), Luis Gallego (Iberia) y Pablo Isla (Inditex).

Al de La Razón acudieron incluso los reyes, quienes aparecen en el mismo reportaje fotográfico que el director del periódico, Francisco Marhuenda, su presidente, Mauricio Casals –para quien el acto era importante, más de un año después de los malos tragos de Lezo Y ZED-, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, Pedro Sánchez, cinco ministros, Pablo Iglesias, Pablo Casado, Florentino Pérez y el presidente de Planeta y Atresmedia, José Creuheras. Curiosamente, en el acto también se vio a María Teresa Fernández de la Vega, pieza clave en el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero (que también estaba), el que decidió eliminar la publicidad de Radiotelevisión Española. Evidentemente, los dueños de Telecinco (Berlusconi) y Antena 3 (Planeta) fueron los grandes beneficiados. Imposible faltar al convite.

Fiestas y periódicos

Conviene volver a subrayar que cada uno es libre de celebrar lo que le venga en gana y de asistir a los acontecimientos que le plazca. Pero del compadreo que exhiben algunos de los habituales de estas francachelas -y no necesariamente en estas dos- siempre se pueden sacar algunas conclusiones.

Es común en estas fechas que unos cuantos medios organicen sus particulares entregas de premios para ser protagonistas por un día y, de paso, engalanar a quien les ha entregado un buen aguinaldo. Las empresas también reparten sus galardones entre periodistas que forman parte de su lista de amigos, quienes se llevan a su casa un cheque que nunca viene mal. Al día siguiente, como si nada hubiera ocurrido, encienden su ordenador para escribir de esa empresa.

Quien más, quien menos, organiza una entrega de premios. Quien más, quien menos, tiene uno en su vitrina. Se podría pensar que este tipo de gratificaciones deberían hacerse efectivas con un poco más de disimulo, pero no es el caso. ¿Para qué?

Quien más, quien menos, organiza una entrega de premios. Quien más, quien menos, tiene uno en su vitrina. Se podría pensar que este tipo de gratificaciones deberían hacerse efectivas con un poco más de disimulo.

El temor a las represalias de unos y otros también influye en este particular juego de intereses y explica las loas hacia políticos y empresarios de unos cuantos medios, pero también la supervivencia de auténticos extorsionadores del negocio de la prensa, que reparten arreglos florales entre las empresas que pasan por caja y disparos entre aquellas que se niegan a pagar el ‘impuesto revolucionario’. Es el país en el que la revista de Ausbanc logró mantenerse con vida durante varios años gracias al miedo que infundía en la banca. El de los constructores que compraron periódicos durante la burbuja inmobiliaria –como José Luis Ulibarri- para poder intimidar a sus rivales (ver esta noticia de la Operación Enredadera). O el del comisario ha conseguido que unos cuantos próceres de la patria lean la prensa cada día con una mano en la cara y sudores fríos, por si en la edición matinal de los diarios figurara alguna grabación comprometedora.

Intereses cruzados

La prensa que se entregó al Ibex 35 cuando arreció la Gran Recesión, en lugar de declarar la quiebra; la que tejió trajes a medida de sus dueños antes de que fueran encarcelados, la que silenció los escándalos del Rey emérito, la que evitó hablar de los socavones que generó el 'milagro español' o la que firmó editoriales conjuntos en Cataluña para respaldar la causa ideológica de la Generalitat, proveedora de decenas de millones de euros en subvenciones, ahora se pone a la cabeza de la lucha contra las fake news y pide a los ciudadanos que vuelvan a confiar en ella para evitar el deterioro de las democracias liberales. No se sonroja porque la campaña tiene un fin comercial; y ya se sabe que cada uno gobierna sobre su hambre. Pero el mensaje chirría, y mucho. Y camufla el papel que ha jugado una parte del sector durante las últimas décadas.

La patronal de las televisiones privadas, UTECA, anunciaba este viernes que la semana que viene conmemorará su vigésimo aniversario con una jornada a la que asistirá Pedro Sánchez. Del PSOE, es decir, el partido que, cuando gobernaba Rodríguez Zapatero, organizó una expedición a Italia para pedir a los dueños de Mediaset la cabeza de su consejero delegado en España, Paolo Vasile, pues consideraban que el ejecutivo era perjudicial para sus intereses. El año pasado, fue Soraya Sáenz de Santamaría la que acudió a este foro para reivindicar los beneficios de la prensa libre. Estos son los bueyes con los que hay que arar. Y estos son los que comparten francachelas, como si nada. Vivir para ver.



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