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Ignacio Cosidó

Opinión

Resetear el PP

El autor reclama que el Partido Popular ponga en marcha un proceso de regeneración interna, y de fortalecimiento de la idea de España, que ayude al partido a reconectar con su electorado

Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular.
Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular.

El Partido Popular necesita con urgencia un reseteo de ideas y proyecto para reconectar con su electorado. El sistema de partidos vigente en nuestro país desde la Transición ha sufrido en los últimos años una profunda trasformación. El bipartidismo imperfecto en el que izquierda y derecha se alternaban en el poder con el apoyo en muchas ocasiones de partidos nacionalistas minoritarios, se ha trasformado en un cuatripartito inestable en el que las alianzas entre ellos parecen imprescindibles para alcanzar el Gobierno. Esto ha llevado a un desgaste de los dos grandes partidos tradicionales, más evidente en la izquierda, pero también incipiente en la derecha a tenor de las últimas encuestas. Negar la realidad no contribuye a encontrar soluciones.

Junto a esta trasformación política, la sociedad española ha cambiado a su vez de forma acelerada. Tenemos una sociedad más envejecida, más diversa -consecuencia de la llegada masiva de inmigrantes en las últimas décadas-, más digital y avanzada tecnológicamente, más desarrollada económicamente y mas abierta a la globalización.

El bipartidismo imperfecto en el que izquierda y derecha se alternaban en el poder se ha trasformado en un cuatripartito inestable en el que las alianzas entre ellos parecen imprescindibles para alcanzar el Gobierno

En el conjunto de Europa hay a su vez tres tendencias políticas que parecen consolidarse en los últimos tiempos. Por un lado, una grave crisis de la socialdemocracia tradicional que ha llevado a una debacle de los partidos socialistas en muchos países europeos. Por otro, la emergencia de una derecha alternativa a los tradicionales partidos de centro derecha. Por último, han surgido nuevas fuerzas a las que no es fácil encasillar en la tradicional división entre izquierda y derecha, cuyo caso más paradigmático es el movimiento En Marche! del presidente francés Emmanuel Macron.

Una profunda reconversión de formas y de fondo

En España, el PSOE ha sufrido un claro desgaste como consecuencia de la emergencia de una izquierda radical y de sus propias crisis internas. El previsible declive de la izquierda podemita en próximas citas electorales puede amortiguar su caída, pero en mi opinión será difícil que el socialismo español se sustraiga a la crisis general que sufre el socialismo en toda Europa. Por otro lado, en España no ha calado una fuerza de derecha radical, quizá porque aún perdura la vacuna del franquismo, aunque algunas encuestas apuntan a una posible presencia parlamentaria futura de algún partido de esa naturaleza. Por el contrario, en nuestro país si ha cobrado fuerza, especialmente tras las últimas elecciones en Cataluña, un partido transversal, pretendidamente de centro, con un proyecto muy poco definido pero que se alimenta tanto de nuevos votantes como de los desencantados de los dos grandes partidos tradicionales.

En el Partido Popular tenemos necesariamente que adaptarnos a estos cambios, tanto políticos como sociales, en el escenario interior, pero también en el internacional. Ha llegado el momento de iniciar una gran reconversión que pasa más por las ideas que por las personas y que debe afectar no solo a las formas sino al fondo de nuestro proyecto.

Tres son los ejes sobre los que debe pivotar ese proceso: la regeneración de la idea de España, la recuperación de principios y valores propios y un programa de reformas que dé respuesta a los grandes retos de futuro que tiene planteados nuestra sociedad.

Es necesaria una revisión de nuestro modelo territorial que fortalezca la presencia del Estado en aquellos territorios en los que se ha convertido en un ente prácticamente residual

El desafío independentista catalán, además de la obligada respuesta contundente de nuestro Estado de Derecho, exige una doble acción política. En primer lugar, el fortalecimiento de nuestra identidad nacional, un fenómeno que se ha producido de forma espontanea con la colocación de banderas españolas en miles de balcones de toda España, incluida la propia Cataluña. El Partido Popular tiene que ser quien con más contundencia defienda la idea de España como patria común e indivisible de todos los españoles y de los valores constitucionales de libertad e igualdad de todos sus ciudadanos, sin que eso signifique caer en ningún nacionalismo rancio. En segundo lugar, es necesaria una revisión de nuestro modelo territorial que fortalezca la presencia y la capacidad política del Estado en toda España y de forma particular en aquellas comunidades en las que se ha convertido en un ente prácticamente residual.

El Estado autonómico fue el resultado de un gran acuerdo entre quienes defendían modelos territoriales distintos -entre quienes querían un modelo más o menos descentralizado de España-, pero su desarrollo no puede ser un proceso en una sola dirección -la descentralizadora- en el que siempre cedan los mismos. Una cosa es el respeto y la promoción de las culturas, las tradiciones, las lenguas y las instituciones de los pueblos que conforman España, como señala el Preámbulo de nuestra Constitución, y otra cosa distinta es que el modelo descentralizado genere desigualdades en el ejercicio de los derechos como el acceso a determinadas prestaciones sanitarias, o que no se pueda estudiar en castellano en nuestro país. Esto último, lejos de ser una promoción de las lenguas que conforman el patrimonio cultural de España, supone para muchos ciudadanos que viven en algunas Comunidades Autónomas, sencilla y llanamente, un problema de libertad. No debemos dar más pasos en un proceso de continuas cesiones como el que nos ha traído hasta aquí.

Recuperación de competencias

La respuesta a la crisis catalana no debe ser por tanto una reforma constitucional para tratar de dar satisfacción a una minoría independentista, sino una reforma territorial que haga imposible que vuelva a producirse un desafío de esa naturaleza, reforzando la competencia estatal en materias como educación o seguridad. Este reforzamiento del Estado debe llevar también a una mejor definición del interés nacional y a una defensa más enérgica de ese interés en el ámbito internacional, y especialmente en la Unión Europea, frente a las posiciones federalizantes.

En segundo lugar, es preciso que el Partido Popular defienda aquellos valores que definen nuestra propia identidad como partido. Los votantes del PP tienen que sentirse plenamente identificados con esas siglas porque su partido defiende principios que han sido básicos en su ideario desde su fundación. Hay por tanto que ser más claros y más firmes en la defensa del derecho a la vida, de la familia, de la libertad de enseñanza y del derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. En especial quiero recordar que la defensa de la vida y de la familia estuvo en nuestro programa electoral de 2011, en el que obtuvimos el mayor respaldo electoral histórico de nuestro partido.

Es preciso regenerar en la sociedad unos valores éticos y morales acordes a nuestra tradición occidental y a nuestra raíz cristiana frente al relativismo absoluto imperante, promover la integración de los inmigrantes en esos valores y en nuestro modelo de vida frente a los excesos de multiculturalismo, comenzando por un estricto cumplimiento de la legalidad y el reforzamiento de la seguridad de nuestras fronteras.

La respuesta a la crisis catalana no debe ser una reforma constitucional, sino una reforma territorial que haga imposible un nuevo desafío y refuerce la competencia estatal en materias como educación o seguridad

Necesitamos un verdadero proyecto de regeneración nacional frente a esa plaga insoportable de la corrupción que hemos vivido. No podemos mirar para otro lado. Es verdad que la corrupción no es ni mucho menos exclusiva del PP, como hemos visto bien en Cataluña o en Andalucía. También es cierto que en España ha habido corrupción, demasiada, pero no ha habido impunidad y los corruptos terminan tarde o tempranos en la cárcel. Pero los ciudadanos esperan del Partido Popular algo más que silencios, ni siquiera valen disculpas o propósitos de enmienda, los españoles nos exigen un proyecto de regeneración con medidas que lo hagan creíble. Y esa credibilidad empieza necesariamente por conductas  ejemplares.

Esta recuperación de valores tiene que ver también con un concepto de la política en el que los líderes no son únicamente intérpretes de las modas sociales, sino que tienen principios y son capaces de movilizar a la sociedad precisamente por la fortaleza de sus convicciones y su capacidad de liderazgo. Si el Partido Popular no defiende esos principios, nadie va a defenderlos, haciendo que esos valores sean cada vez más minoritarios en nuestra sociedad, lo que no solo es malo para el PP al reducir su base sociológica, sino que es negativo para el conjunto de la sociedad.

Por último, es preciso definir una agenda de reformas que nos permita afrontar los grandes desafíos del futuro a los que nos enfrentamos, como la economía 4.0 o el desafío demográfico. El éxito del Gobierno de Mariano Rajoy para sacar a España de la terrible crisis económica en la que la dejaron sumida los gobiernos socialistas es incuestionable. Pero es necesario profundizar en esa línea de reformas para asegurar el crecimiento futuro. La economía española sigue presentando demasiadas rigideces, los autónomos y empresarios siguen encontrando demasiados obstáculos, el nivel de paro sigue siendo excesivamente alto, las pensiones o los servicios sociales sufren tensiones financieras que es preciso afrontar. En Europa ha existido en las últimas décadas un gran consenso socialdemócrata que ya no sirve para dar respuesta a los desafíos económicos y sociales del futuro. Quienes no tengan el valor y la capacidad de adoptar un ambicioso programa de reformas estarán abocados al fracaso.

El Partido Popular tiene que apostar decididamente por los jóvenes. Necesitamos incrementar nuestra competitividad para permitir un aumento a los salarios más bajos dando oportunidad a las nuevas generaciones para desarrollar sus proyectos vitales y familiares. Tenemos que plantear una mejora y simplificación de nuestra regulación y, en la medida en que lo permita el crecimiento económico, seguir en la línea de reducción de impuestos, de forma especial para las clases medias. Necesitamos impulsar un nuevo pacto intergeneracional que garantice la seguridad de las pensiones para nuestros mayores, que ofrezca al mismo tiempo un horizonte de progreso a nuestros jóvenes y que nos garantice la sostenibilidad demográfica. El Partido Popular tiene que aspirar a ser el Partido de todos. En la próxima Convención convocada por Mariano Rajoy será necesario abordar esos desafíos de forma innovadora, audaz e ilusionante.

En España no ha calado una fuerza de derecha radical, en parte por la vacuna del franquismo, aunque hay encuestas que apuntan a una posible presencia parlamentaria futura de algún partido de esa naturaleza

El cambio político que se está produciendo en España abre la posibilidad de una nueva transición hacia un modelo de sociedad menos estatista -un sistema en el que los ciudadanos esperan que el Estado soluciones todos sus problemas-, hacia una nación más afianzada en los principios de libertad, responsabilidad individual e igualdad de oportunidades. La crisis catalana, superada gracias a la fortaleza de nuestras Instituciones, desde la Corona hasta la Justicia, y en la determinación mostrada por una inmensa mayoría de españoles en la defensa de un proyecto común de España, abre a su vez un horizonte para una reforma territorial y electoral que permita una nación más fuerte, más unida y más cohesionada. España está así llamada a salir reforzada de la triple crisis económica, política y territorial que ha vivido en esta última década y a proyectarse con más intensidad en Europa y en el conjunto de la comunidad internacional. El PP tiene que identificar esas oportunidades y liderar a la sociedad para convertirlas en éxitos colectivos.

El Partido Popular ha protagonizado en las últimas décadas los momentos de mayor crecimiento y prosperidad para España. Tenemos miles de hombres y mujeres que han servido a su Nación, a sus municipios y sus ciudadanos con honradez, con lealtad y con eficacia. Tenemos un líder, Mariano Rajoy, que ha sacado al país de la peor crisis económica de nuestra historia y que a base de templanza está ganando el pulso a quienes pretenden romper España unilateralmente. Tenemos muchos motivos para estar orgullosos de nuestra historia, de nuestras siglas y de nuestra gente. El reto ahora es ser capaces de ilusionar nuevamente a la sociedad con un proyecto de España que dé respuesta a los grandes desafíos que afrontamos. Un partido limpio, renovado en sus ideas y que regenere a su vez los principios y valores que definen su identidad. Un partido en el que, como ningún otro, sus intereses coincidan plenamente con los intereses de España.



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