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Jose Alejandro Vara

El Pleno del caso Gürtel

Rajoy/Sísifo: entre el hastío y la náusea

Mariano Rajoy, en el Congreso
Mariano Rajoy, en el Congreso EFE

Rajoy apareció ante el pleno de la Cámara, convocado con carácter de urgencia, con gesto agrio y cara de fastidio, como de aquel irónico epitafio: "Preferiría estar en cualquier otra parte". Tocaba de nuevo ejercer de Sísifo, otra vez a empujar, montaña arriba, el peñasco gigante de la corrupción. Un castigo de los dioses que se ha tornado en una monotonía insufrible, en tediosa condena. El continuo carraspeo del presidente delataba una sensación de hastío, de hartazgo contenido. Duros momentos para determinados modos de hacer política.

Las primeras palabras de todos los oradores desvelaba que el ánimo estaba en otra parte. La segunda vuelta de la sesión derivó en el choque, la trifulca, los acerados reproches, en incluso fieros ataques personales. Rajoy se cebó en la portavoz socialista, sacó incluso el caso Lasa y Zabala, e ignoró al resto de los partidos. La náusea.

"Le apoyé, creí en su inocencia y me equivoqué. Y éste ha sido todo mi papel en la historia". Hace cuatro años, Mariano Rajoy ya bailaba con Luis Bárcenas en un pleno del Congreso. Acababan de emerger los famosos SMS del extesorero del PP y el presidente del Gobierno acudió al Parlamento con gesto atribulado, palabras esquivas y estrategia defensiva. El golpe había sido tan fuerte que el líder de la oposición, entonces Pérez Rubalcaba, amagó con moción de censura y hasta en el PP se hablaba de renuncia y sonaban algunos nombres para el relevo.

El juicio de los españoles

Esta vez, Rajoy no ha hecho mención alguna del caso, ni de la Gürtel, ni de Bárcenas, ni de los SMS. Se ha abrazado al hastío que le produce haber tratado esta cuestión ante la Cámara en 52 oportunidades y ha despejado el debate con un reto provocador: La responsabilidad política se le exige al presidente en una moción de censura. Todo el resto, es literatura, vino a decir.

Recordó que la Cámara le ha dado su confianza en dos ocasiones, que ha ganado tres elecciones y remató con su trámite con adorno de campanillas: "El juicio de los españoles en las urnas es más atinado que el juicio inquisitorial de la oposición". Se niega a asumir responsabilidades políticas. Hay asuntos más urgentes, vino a decir.

Asuntos que dejó de lado al responder con inusitada fiereza a Robles, a quien le recordó que fue testigo del caso Lasa y Zabala y que entones no se le imputó, nada se le reprochó, ni se pidió su dimisión. Le pidió el presidente 'un poco de pudor' si pretende que 'la tome en serio', que respete la presunción de inocencia, que no recurra a la ley del embudo, "que es una soca muy fea". Y machacó: "Usted no es un agente judicial, es la portavoz de un partido, si es que usted tiene partido". Fue el trance más duro de la sesión, el retorno al sartenazo, al choque. Rajoy abandonó su displicencia y sucumbió en la tentación de la bofetada gruesa. "Tengo derecho a defenderme", dijo. Y hasta le sacó Irán y Venezuela a Iglesias.

El pasado de la portavoz del PSOE

Margarita Robles no perdió los papeles porque no los portaba. En su voluntarioso recitado, le calificó de 'presidente bajo sospecha' y, en la réplica, se enredó en la trampa que le tendió Rajoy sobre episodios de su pasado. Pablo Iglesias, algo más comedido, le dio a elegir entre ser  'incompetente' o mentiroso y lanzó media docena de preguntas concretas que quedaron en el aire. Y Albert Rivera aventó reformas futuras y mencionó la clave del día: Si no ha dicho la verdad donde debía, no va a hacerlo hoy en un mitin. Rafael Hernando incurrió, con tono desmesurado, en chirriantes argumentos.

Ha sido un pleno para el archivo. Nada entre dos platos. El eco del aplauso con una sola mano. Tanto tiempo después, una oposición desacertada y estrábica ha sacado a pasear de nuevo el espantajo de Bárcenas con la ingenua esperanza de proseguir en su desgaste al Gobierno. Un "insulso trámite a la búsqueda de una portada", mencionó Aitor Esteban, el portavoz del PNV. Ana Oramas, de Coalición Canaria, item más: "¿Creen que después de lo que acabamos de sufrir es el día para hablar de este tema?".

España retorna de sus vacaciones angustiada por la aventura paranoide del fanático Puigdemont, o de las heridas aún sangrantes y el luto candente por el atentado de Barcelona que de cómo se financió el PP hace veinte años. Un pleno fuera de lugar y del tiempo. Una argucia impulsada por Iglesias y de Sánchez, convencidos de lo conveniente de arrancar el nuevo curso parlamentario con la misma cantinela con el que acabó: la corrupción. Craso error, visto lo visto. No estaba, evidentemente, el día para Bárcenas, ni el momento para financiación, ni las cabezas para lasas-zabalas o venezuelas

La vida es lo que ocurre mientras el Parlamento hace otra cosa. Está el cielo demasiado negro para intentar iluminarlo con fuegos de artificio. 


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