Está jodido, muy jodido. En lo afectivo y en lo político. Quim Torra no esperaba afrontar el tsunami político que tiene ante sí. El exeditor confundió molinos de viento con repúblicas.

En ocasiones veo muertos políticos

Si Carles Puigdemont fuese una persona de honor, bueno, si fuese mínimamente persona, a estas horas habría vuelto al territorio nacional para entregarse a la justicia. “Vean los de Esquerra – podría decir – como afronto mi responsabilidad con tal de recomponer la unidad en el seno del independentismo”. Pedirle eso al fugado cobardemente en un maletero es como pedirle peras al olmo o imparcialidad a TV3. Sin embargo, sería un gesto noble que dignificaría moralmente a los dirigentes separatistas ante todo el mundo, seguidores y detractores.

Poca hidalguía existe en la mayoría de aquellos que nos metieron en este terrible laberinto sin ninguna Ariadna que nos auxilie con su providencial hilo. Los que escaparon de la acción de la justicia tendrán que convivir para siempre con el infamante baldón que supone ser un desertor de tu causa y de tus compañeros; los que comenzaron a arar en este campo de minas, como Artur Mas, Quico Homs, Irene Rigau o Joana Ortega, ahora juzgados por presunta malversación de fondos, quedarán como otro tipo de cobardes, los que, además de negar su responsabilidad, quisieran que les pagaran las multas los catalanes. Como si no hubiésemos pagado bastante a propósito de la farsa que se inició en Convergencia, con el único objetivo de camuflar cuarenta años de corrupción institucionalizada.

Mas alerta al soberanismo del "veneno de desunión" y admite que "falta fuerza"
Mas alerta al soberanismo del "veneno de desunión" y admite que "falta fuerza" EFE

Navega Torra en medio de ese mar de pestilencias, mentiras, patriotas con sueldazos y estúpidos. El último mazazo ha sido la pérdida de la mayoría separatista en el Parlament, que se ha vivido en Junts per Catalunya con el mismo dolor con el que vivió España la pérdida de las colonias. Colonia no sabemos, pero que Marta Ferrusola, Sor Misales Andorranos, definió el Palau de la Generalitat como “su casa” está acreditado, así que no sería exagerado que a la cámara catalana la considerasen su cortijo, perdón, su masía, su fábrica, su empresa.

A Torra le ha podido la literatura y la mitografía creativa que el separatismo ha creado alrededor de una república que jamás existió y de una historia aún más imaginaria si cabe. Lo recuerdo haciendo de figurante en una película ambientada en los años treinta, en plena República, con abrigo holgado y sombrero de ala flexible, feliz, encantado. Ese debería haber sido su tiempo, acudiendo a las tertulias del Ateneu, del Colón, escribiendo en la prensa catalanista y alternando con la gente de Acció Catalana. El actual President padece de quijotismo en el sentido que confunde molinos con gigantes, sirvientas con princesas y la imaginación con la realidad. Desengáñate, President, ahora no existe un Jaume Passarell ni un Paco Madrid, ni hay tertulias de café en las que encontrarte con EugeniXammar, Pompeu Fabra o Sagarra. Porque ni Pilar Rahola, Vicent Sanchís o Pepe Antich les llegan a la suela del zapato. De ahí que Torra deambule por los pasillos buscando algo de aquella intelectualidad sin éxito, desesperado al encontrar solamente medianías subvencionadas, gacetilleros baratos y prestigios de sofá de la abuela forrado con funda de ganchillo. Eso, por no citar las miserias políticas entre los suyos, un bloque irrompible llamado economía y un mezquino ambiente. Nos consta que los gritos de los CDR, a los que pertenecen sus propios hijos, llamándolo traidor le hicieron mucho daño. No entiende que las CUP lo tilden de autonomista en el parlament, que Esquerra no quiera acompañarle en esa épica impresa en Bodoni, solapas y Laus Deo o que las masas no salgan a la calle para acompañarle sonrientemente hacia un horizonte dibujado por Lola Anglada, infantil, risueño, inspirado en el Patufet y Folch i Torres.

Torra vive devorado por la melancolía del intelectual que, siquiera por un instante, creyó que era lo mismo la república de las letras que la de verdad. La pregunta es ¿aguantará la presión hasta las sentencias judiciales?

Dudas acerca de Torra entre los suyos

En el PDeCAT no se esconden y hablan abiertamente de inaugurar “un nuevo ciclo” con otro candidato al frente del Govern, con esa impudicia tan propia de los políticos, porque nuevo ciclo siempre significa arrojar a la papelera a alguien. Torra lo sabe. Estoy convencido que en estos días ha debido recordar lo que dijo Goethe “Nunca se va más lejos que cuando uno no sabe a dónde va”.

Ese ha sido el drama del separatismo, de los que se lo creyeron y de los que, como Torra, bebieron hasta apurar la copa de veneno que les servían solícitos los prohombres de la ex convergencia, seguros de que serían la mejor carne de cañón posible. Entiéndanme, no exculpo a nadie y menos a Torra que, justamente por ser culto, debía haber advertido el peligro mucho tiempo atrás, cuando algunos entendimos lo que se ventilaba realmente en este envite. Quiso mantener la fe del carbonero, como cuando me lo encontré cierto día en la Baixada de la Llibretería, una calle que da a la Generalitat, y me dijo con tristeza: “Ya sé que eres muy crítico”. A lo que le respondí: “Lo que no comprendo es como tú no lo eres”.

Miriam Nogueras, del PDeCAT
Miriam Nogueras, del PDeCAT EFE

Nos miramos los dos con irreprimible melancolía, el, desde su postura inamovible, yo, desde la mía. Ambos sabíamos perfectamente que esto iba a terminar muy mal, como el tiempo se ha encargado de demostrar. Por eso, porque Torra se lo creyó todo de pe a pa, porque pensó que Mas era un líder firme y seguro y no un encargado, porque confundió la Cataluña que el imaginaba con la real, porque no supo ver que Cataluña es Gerona, Vic, Berga, pero también es Sant Coloma, L’Hospitalet o Badalona, ahora su desgarro es total. Un hombre que dice lo que dijo él acerca de los españoles, con pluma chapucera y supremacista, debería reflexionar acerca de la intoxicación a la que se ha sometido voluntariamente y buscar un antídoto.

¿Torra aguantará hasta que las sentencias judiciales sean efectivas? Posiblemente, porque sabe que todo el proceso servirá para calentar el ambiente entre sus filas y eso les dará réditos electorales en las municipales y europeas. Además, si ha de adelantar los comicios catalanes, cuanto más pueda enarbolar el victimismo, mejor para su causa. Pero ese será ya un Torra político que solo piensa en clave de intención de voto, en las encuestas, en pactos más o menos vergonzantes. El Torra intelectual de los libros habrá sido definitivamente sepultado por un cargo que, a la vista de lo sucedido, le ha quedado tan holgado como aquel abrigo que les mencionaba antes.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, durante el pleno del Parlament
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, durante el pleno del Parlament EFE

Podrá aguantar, sí, pero será a cambio de matar al Torra ateneísta e intelectual, y eso va a ser un proceso doloroso, puesto que una amputación nunca es agradable. Uno se pregunta, y me gustaría preguntarle a aquel Quim que me editó tres libros con los que disfrutamos tanto los dos, ¿valía la pena realmente?

Con el paso de los años, estoy seguro que también verá, como yo, que no, que no hay nada que justifique dejar tus pasiones a un lado. Y los libros son la vida de este hombre, que quiso escribir la historia de Cataluña y lo único que consiguió fue echar borrones en sus páginas.

Por eso, aunque suene a broma, estaría muy bien que Puigdemont le enviase un mensaje que dijera “Quim, sé fuerte”. Falta le va a hacer.



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