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Miquel Giménez

Opinión

Pero, y de Pujol, ¿qué?

Jordi Pujol.
Jordi Pujol. EFE

Mientras andan preocupados por si hay candidato a la investidura o si el reloj de los plazos se ha puesto en marcha, lo importante se nos escapa. ¿Qué pasa con la presunta corrupción de la familia Pujol? ¿Por qué el patriarca va tan tranquilo por la calle?

De Madres Superioras, herencias del abuelo y negocios con la China

Preguntar en Cataluña acerca de cómo está el tema de la presunta corrupción del clan Pujol es mentar la bicha. Todo el mundo hace aspavientos y te miran como si fueses un orate enseñando la fuchinga en medio de la calle. En primer lugar, los separatistas, porque con la banderita estelada se ocupan de tapar el inmenso edificio de corrupción que ha regido en este país en las últimas décadas; los demás, en mayor o menor medida, porque resulta más sencillo hablar de independencias de la Señorita Pepis que afrontar el tremendo problema que supone para los partidos políticos la corrupción.

Nadie habla del tres por ciento, aunque hay que reconocer que, en eso, no hay ninguna novedad. Es un viejo tabú en esta tribu y el sempiterno problema de mi tierra: nadie habla, nadie dice, nadie opina si el tema del que se trata son las cantidades millonarias que bolsillos poco honorables se han ido metiendo en su saca sin el menor sonrojo. En este juego del despiste contribuyen no pocos elementos. Los medios de comunicación, por ejemplo. Si tenemos en cuenta que la memoria del consumidor de televisión es la de un pez, no resulta difícil escamotear a la opinión pública escándalos como el de la familia del fundador de Convergencia.

Recordemos, aunque sea molesto para muchos, que desde la Fiscalía Anticorrupción se considera a la familia Pujol Ferrusola como organización criminal. Como suena. De entrada, al ex President y a su esposa, Marta Ferrusola, se les investiga por presunto delito de asociación ilícita. Recordemos también que la señora, siempre presuntamente, se ocupaba de las transferencias de las presuntas cuentas corrientes que presuntamente tenía la familia, presunta o no, en la también presunta Andorra utilizando el apodo de Madre Superiora. “¿Cuántos misales hay que traspasar hoy?” le decía el presunto banquero, y ella respondía la cantidad que más le conviniese, entendido que un misal equivalía a un millón de las antiguas pesetas. ¿Hablan de eso, han hablado o se prevé que hablen TV3, El Punt-Avui, RAC1, Catalunya Ràdio et altri? Los deliciosos tertulianos del proceso independentista – pienso en los inefables Francesc Marc Álvaro,Empar Moliner, Toni Soler o Jordi Basté, aunque este parece que se está tirando de la moto – ¿escribirán alguna cosa al respecto?

Pues no. Para esta gente solo existe lo que diga Puigdemont desde Bruselas, la última manifestación de veinticinco mil personas de la ANC – el clamor de todo un pueblo, dicen – y si el President del Parlament, Torrent, aplaza el plenario de investidura mientras que no sé qué tribunal dictamina algo a lo que pueda aferrarse esta tropa.

Pero que existe una confesión del propio Pujol por haber ocultado una cantidad de dinero que le legó su padre Fulgenci, es algo comprobable; que la presunta fortuna ilegal proveniente del cobro de colosales comisiones de esta familia, sita en paraísos fiscales, ascendería a varios millones, también; que Jordi Pujol Ferrusola, primogénito de la familia y apodado Junior, ha estado en la cárcel por todo este trapicheo, librándose de ella pagando una fianza descomunal, es algo real como la vida misma. Digo más, que este señor, junto con su socio Jordi PuigGodés, hermano del ex conseller Felip Puig, tuvieron un despacho en la barcelonesa calle Ganduxer en el que había un trasiego de dinero y entrevistas, es cierto como la luz del día. Por cierto, la última de estos dos: cobraron de la empresa H.J.M Estéllez SA por asesorar en China a un ex alto cargo de Felipe González. En Zhejiang, para ser más exactos. Con el diez por ciento de todo este quilombo, y lo he resumido muchísimo porque el tema es más largo que Los Hermanos Karamazov, en cualquier país no se hablaría de otra cosa. Aquí, hablamos de la independencia. ¿Lo pillan?

“¡Pero si nosotros no tenemos un duro!”

Eso decía la señora Ferrusola cuando tuvo que comparecer en el parlamento catalán. También decía la matriarca del clan que “Cataluña no se merece esto”, en alusión a las imputaciones de cobros ilegales que se le hacían. Claro está que, para esta señora, Cataluña empieza y acaba en los ombligos de sus hijos, en el de ella y en el de su marido. Que Oleguer Pujol, hijo suyo, comprase 1.152 oficinas del Banco de Santander por 2.170 millones de Euros, y que esta operación – hagan memoria: se le alquilaron después a la misma entidad financiera – tenga a la Audiencia Nacional investigando, es cosa que se la trae al pairo. Ellos no tienen dinero, son pobres, todo lo han dado por Cataluña y no se hable más. Ni cuentas en Panamá, ni en Belice, ni en ningún otro sitio. De la sociedad patrimonial Drago Capital, que se ocupa en disfrazar el origen del dinero y a sus propietarios, no ha oído hablar nunca. Es normal, tanto misal, tanta Madre Superiora, en fin, tanta vida interior mística no da para ocuparse de los temas terrenales.

Pero en aquella omisión de la vergüenza comparecía el periodista Jaume Reixach, uno de los pocos que se han mojado en la denuncia de todo el entramado de intereses, comisiones ilegales y negocios sucios del pujolismo. Busquen su testimonio en internet. Cuando oigan la interminable lista de sociedades en las que están involucrados los prohombres del nacionalismo alucinarán.

Claro que los Mossos intentaron quemar toda la documentación comprometedora que poseían veinticuatro horas antes de que el fugadísimo de Bruselas declarase aquella independencia de usar y tirar. Claro que los Mossos pusieron el grito en el cielo en el momento que agentes de la Policía Nacional los interceptaron cuando el coche de la policía autonómica estaba a punto de llegar a la incineradora de San Adrián del Besós. Claro que los independentistas quieren tanto a Josep LluísTrapero, el por entonces jefe de los Mossos, siempre presto en echar una mano, ya sea en referéndums ilegales o eliminar papeles molestos. Claro que se ha organizado todo este lío con la independencia, la república, el gobierno en el exilio, la vía unilateral y la madre que nos parió a todos.

Tenían que tapar toda esta historia, y, conocedores del carácter de sus votantes, los convergentes decidieron que la mejor manera era emplear una bandera. Viejo método, sí, pero de una eficacia absoluta como ya se vio en el caso de Banca Catalana. Hay que reconocerles el mérito. La operación ha sido un éxito total, a las pruebas me remito. El matrimonio Pujol pasea tranquilamente por la calle, permitiéndose incluso acudir a votar el día del chorraferéndum – entre aplausos del personal, añado – mientras que muchísimas familias en Cataluña pasan verdaderos apuros para llegar, no a fin de mes, sino a día diez.

A la pregunta que da título al artículo cabe añadir otra: ¿y el Gobierno de España, qué? Porque son los jueces quienes deben y pueden actuar en caso de presunción de delitos, pero también existe una parte en la que los políticos han de mojarse, han de dar la cara, especialmente cuando de corrupción política se trata. No esperen eso de Mariano Rajoy. Ha delegado todo el problema catalán en la justicia, el 155 y pensar que ya escampará algún día. Sospecho que a él también le va de perlas que la independencia sea el tema estrella en la arena política. Porque en materia de comisiones y corrupción, Convergencia tiene poco que envidiar a su partido.

Resulta difícil aleccionar a cualquier joven en Cataluña acerca de las bondades que tienen la honradez, la seriedad, el trabajo duro, el mérito propio, el esfuerzo o la iniciativa. Uno está tentado de recomendarles que se metan en determinadas formaciones políticas, se forren, compren unas cuantas bolsas de la basura, las llenen de billetes y se vayan a colocarlas en una sociedad off shore.

Con o sin Madre Superiora, eso ya a criterio de cada uno.



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