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Andrea Mármol

Opinión

Proteger lo nuestro

El presidente del PNV pedía el domingo ‘proteger lo nuestro’, tan moderno, mientras cargaba contra el ‘rancio nacionalismo español’. Otra de las incoherencias alimentadas por la crisis catalana

Andoni Ortuzar, en una conferencia.
Andoni Ortuzar, en una conferencia. Javier Zorrilla

El pasado 1 de abril se cumplían seis meses de la celebración del referéndum ilegal de independencia en Cataluña. En nacionalismo catalán se despertó el domingo de Pascua dispuesto a conmemorar la fecha y hubo tuits desde primera hora de sus más destacados dirigentes celebrando la histórica hazaña “del pueblo” al que aquel día terminaron de partir por la mitad. Incluso TV3 preparó una suerte de gráfico interactivo con los resultados -¡los resultados!- de la votación, que hasta permitía al usuario comprobar por provincias y municipios la “intensidad del sí”: en sus tramos más bajos, esa intensidad del sentido afirmativo del voto rondaba el 92%. Alusiones al hecho de que la mayoría de catalanes se abstuvieron de participar, ninguna.

En esas estaba el independentismo catalán, distrayéndose de la ardua tarea de conseguir acordar una investidura, cuando sus homólogos vascos les arrebataron el protagonismo de la jornada. En el día de la patria vasca, el PNV tuvo a bien reservar asiento privilegiado a dos miembros de JxCAT, la candidatura de Puigdemont. El PNV celebraba el día del País Vasco en un acto de partido y proclamaba “siempre con Cataluña” mientras posteaba las fotografías de los dos dirigentes catalanes invitados. Ese sentido indebido de la patrimonialización de lo púbico que tienen los nacionalistas habría que combatirlo también en los detalles donde habita el diablo, como es la anomalía de permitir que el grupo parlamentario del PNV en las Cortes se siga llamando grupo vasco.

Lo que es menos anecdótico, y constituye el motivo por el que los nacionalistas vascos están desbancando estos días de la escena política nacional a sus compadres catalanes, es el hecho de que vuelva a estar en sus manos la estabilidad del país, esta vez a propósito de la aprobación de las cuentas. En un ejercicio de solidaridad y empatía, palabra de moda, el PNV ha decidido que mientras dure el 155 no habrá presupuestos si de ellos depende. A la espera de que el aumento de inversión en el País Vasco que prevén las cuentas, además del cupo, haga cambiar de opinión a la formación, no es extraño que muchos españoles se pregunten si en lugar de dejarlo en un rapto del PNV, no deberían los principales partidos nacionales alcanzar un acuerdo mientras la situación en Cataluña sigue siendo la que es.

Nada tiene de extraño que muchos se pregunten si no sería más sensato que los partidos nacionales acordaran los presupuestos en lugar de dejarlos en manos del PNV

La sacudida que ha propiciado la crisis catalana al conjunto de la política española tiene pocos visos de remitir durante los próximos meses: ahora a colación de los presupuestos generales; más tarde será el turno de cualquier otro asunto como, quizás, la ley electoral. Pero no dejará de estar presente. No es solo que los independentistas sigan a día de hoy entre los retales de su proyecto sin asumir el fracaso del mismo y sin gobierno. Habrá acuerdo entre ellos y seguiremos hablando del asunto independientemente de los nuevos o viejos rostros del ‘procés’, porque un golpe al Estado concierne a todo el Estado, al conjunto de sus instituciones democráticas y, desde luego, al conjunto de los españoles, hartos de resignarse al papel de espectadores en un conflicto que viene cuestionando sus derechos.

Es la sempiterna disyuntiva nominativa, pues, es válido referirse al 'conflicto catalán' por cuanto el enfrentamiento no es de Cataluña con el Estado -interlocutor que ahora dicen buscar los independentistas- sino entre catalanes. Pero al tiempo no es sólo válido, sino necesario aceptar que el reto ya es de toda España. Así lo deberían ir entendiendo poco a poco quienes han transitado por el debate público nacional asumiendo una suerte de culpa original ante el nacionalismo, ya fuera por tejer alianzas con enemigos comunes o por rehuir similitudes discursivas con adversarios electorales. Hay a quien le ha salido más a cuenta exagerar en público su descreencia respecto a la legitimidad de nuestra democracia.

Que a esta conclusión se llegue más pronto que tarde es lo que preocupa al PNV, que no sólo ha visto cómo el artefacto convergente ha volado por los aires, sino que con él lo han hecho los falsos consensos tejidos por el nacionalismo. Andoni Ortuzar, el presidente del PNV, pedía el domingo “proteger lo nuestro” mientras cargaba contra “el rancio nacionalismo español”. La difícil conciliación de ambas afirmaciones evidencia que la crisis catalana ha puesto en serias dificultades a todos los actores políticos que prefirieron repartir culpas y ahora sólo les queda seguir alimentando esos fantasmas, cada vez menos verosímiles.



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