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Miquel Giménez

Opinión

¡Presos a la calle!

Señoras y señores, no hagan números. Lo mejor es poner a todos los presos en libertad. Viva el Tribunal de Justicia de la Unión Europea

Oriol Junqueras
Oriol Junqueras EFE

Ya lo decía la COPEL, Coordinadora de Presos Españoles en Lucha, durante la Transición, presos a la calle, comunes también. Las cárceles son instrumentos de represión para mantener a las clases explotadas bajo un régimen de terror. Repasando viejos papelotes, he descubierto algunas de sus reivindicaciones: amnistía o indulto general, reforma del Código Penal, derecho a la libertad condicional, en fin, lo mismo que exigen los condenados separatistas ingresados en prisión preventiva.

Por seguir con las similitudes, a la COPEL la apoyaban abogados, periodistas y políticos. Me viene a la cabeza un acto solidario con los encarcelados en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Agárrame esa mosca por la cola, con Aranguren, García Calvo o el mismo Savater. Lo mismo podría hacerse hoy en día con tertulianos de cualquier medio separatista o sus compis yoguis del Estado español – decir España es de fachas –, encantados de defender que la población reclusa debe estar en la calle, campando a sus anchas.

Aceptemos el guante de esa Europa moderna que nos enmienda la plana. Y que no se nos diga que lo dictaminado por los togados comunitarios se refiere a que Junqueras debía haber podido acceder a su acta como eurodiputado para, un vez hecho esto, ser puesto en libertad a la espera del suplicatorio al Parlamento Europeo, que hubiera retirado su inmunidad para ser juzgado. O que el fallo no entra para nada en el fondo del asunto, a saber, el intento de golpe de estado – sí, eso fue aunque quieran llamarle otra cosa – porque esas consideraciones jurídicas dan igual. Eduard Pujol, el del patinete, amonestaba a García Ferreras diciendo que no había que hablar más que del triunfo para la causa separatista que suponía la sentencia. Y si lo dice quien estuvo dictando qué titulares debían comentarse en RAC 1, la radio del Conde de Godó, con una autoridad que ríanse ustedes de los ukases zaristas, chitón y a otra cosa.

La consigna es decir que Puigdemont irá a Perpiñán – es tonto, pero no lo suficiente como para pisar suelo español, aunque todo se andará – para reunirse con sus cofrades, y todo eso que nos ahorraremos los contribuyentes, que la ciudad francesa cae más cerquita que Waterloo.

Que sí, presos a la calle, comunes también. Pero, de ahora en adelante, que ningún dirigente político tenga cojones de exigirme que cumpla la ley

Celebremos que Esquerra haya interrumpido las negociaciones hasta ver qué hace Pedro el Magnánimo y hagámoslo con regocijo, porque esas negociaciones tampoco es que fueran a ningún otro sitio que a un más o menos disimulado referéndum sobre la independencia oportunamente camuflado bajo el epígrafe de consulta no vinculante, embarullado con dos o tres preguntas. La famosa solución Tardá. Seamos justos y benéficos, cual Constitución de Cádiz, y pongamos en la calle a los separatistas y también, qué carajo, a Oriol Pujol, a Bárcenas, a cualquier preso, porque todos lo somos en un mundo podrido hasta la médula por la carcunda capitalista, facha y criminal. Qué carajo, como decía la bruja Avería, viva el mal, viva el capital.

Agradezcamos, también, a Carmen Calvo su advertencia acerca de que ha llegado el momento en el que la política debe estar solo en la política, añadiendo que la Abogacía del Estado “estudia detenidamente” el fallo para ayudar al Supremo a cumplirlo. Claro que sí, guapi. Dicho lo cual, uno, que vivió los años turbulentos de la COPEL y represión, pero la de verdad, no la de estos pijos encapuchados con iPhone y cena a mesa puesta, que los burguesitos de la neoconvergencia pretendan emular al compañero Agustín Rueda, anarquista torturado y asesinado vilmente en Carabanchel el 13 de marzo de 1978, convirtiéndose en adalides de la excarcelación de los presos me produce asco. Otra ironía macabra de este sin dios que nos ha tocado vivir.

Que sí, presos a la calle, comunes también. Pero, de ahora en adelante, que ningún dirigente político tenga cojones de exigirme que cumpla la ley, ni que sea pagar el seguro autónomo o la tasa de basuras. Porque pienso enviarlo al guano con displicencia rayana en lo sobrenatural.

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