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Miquel Giménez

Opinión

Un president a la tailandesa

Acto de campaña de Junts per Catalunya
Acto de campaña de Junts per Catalunya Juan Carlos Cárdenas

¿Qué tienen en común el expresident Carles Puigdemont y el primer ministro tailandés, general Prayut Chan-ocha? Sin querer entrar en detalles, a los dos les fascina el concepto de hacer declaraciones en diferido, plasma o incluso cartón. ¿Ridículo? ¿Absurdo? Así es la política separatista en Cataluña.

Inviste, que algo queda

Cuando se filtró que Marta Rovira, de Esquerra, y el fugado Puigdemont, por el PDeCAT, habían llegado a un pacto en la capital de Bélgica, mucha gente dio por buena la tesis de que el partido de Oriol Junqueras se entregaba con armas y bagajes al expresident. Algún avezado tertuliano, y sin embargo solvente, llegaba a asegurar que el pacto iba mucho más allá. Como se opina al segundo, las cosas del directo hacen que a veces los análisis sean bastante aproximativos, cuando no totalmente erróneos.

Rovira iba en peregrinación a Bruselas para pactar, como así hizo, la composición de la Mesa del Parlament. Es una pieza fundamental para controlar lo que se debate en la cámara catalana, como muy bien saben los diputados constitucionalistas que, en la anterior legislatura, comprobaron hasta qué punto la señora Carme Forcadell, actualmente en libertad bajo fianza, retorcía y falseaba el reglamento parlamentario, ejerciendo su presidencia con una total y absoluta arbitrariedad, siendo parte en lugar de juez.

Puigdemont y Rovira, la que decía que el Estado pretendía que hubiese muchos muertos en las calles si la república catalana salía adelante, no han tenido el menor problema en ponerse de acuerdo: mayoría independentista en la Mesa, ni agua a los Comuns – eso dicen ahora, pero me gustará verlo – y, por descontado, cercenar de raíz los intentos para encauzar el debate parlamentario hacia la legalidad por parte de las formaciones que no sean separatistas. Y eso es todo.

No podían ir más allá, ni siquiera en lo que respecta a quién ocuparía la vacante dejada por Forcadell, que ya ha dicho que no quería repetir. El ex conseller Mundó, que era el otro aspirante favorito en las quinielas políticas, se ha tirado de la moto, abandonando la vida política, y bien que hace. Comprobar en tus propias carnes que en un estado de derecho saltarse las leyes no sale gratis es algo que, indudablemente, le será de gran ayuda en su trabajo como abogado. Nada como un poquito de cárcel para entender tales conceptos jurídicos.

Si Arrimadas habla de que es totalmente imposible tener a un president virtual, en Esquerra ya hay quien se refiere al del flequillo como el general Prayut Chan-ocha"

Rovira tampoco quería ni podía darle el plácet al fugado con respecto al sentido del voto de Esquerra en la investidura de éste. Los republicanos andan mareando la perdiz aduciendo que ignoran si puede hacerse por vía telemática, añadiendo que eso deberán decirlo los letrados de Esquerra y, por descontado, los del Parlament. No es una salida cualquiera, y la respuesta merece ser estudiada. Llama la atención que los de Junqueras, que se saltaron a la torera a esos mismos letrados que ahora tanto dicen valorar, al Consell de Garantías, y ya no digamos al Tribunal Constitucional, se hayan vuelto de repente tan legalistas. Hay quien asegura que todo obedece a una estrategia consistente en irle dando cuerda a Puigdemont a ver si se ahorca él solito. Si Inés Arrimadas habla de que es totalmente imposible tener a un president virtual, en Esquerra ya hay quien, con bastante coña, se refiere al del flequillo como el general Prayut Chan-ocha, el militarote tailandés que dejó boquiabiertos a los periodistas en una rueda de prensa al colocar su efigie en cartón, diciéndoles que las preguntas podían hacérselas al monigote. Es lo que le va a Puigdemont: trampa y cartón.

No hay nada peor que el fuego amigo

Decíamos que la reunión entre los dos políticos fue filtrada, y quienes lo hicieron fueron, claro, los del PDeCAT, a la emisora RAC1 de la que uno de los mirlos blancos de la ex Convergencia, Eduard Pujol, fue director. ¿Casualidad? No creo, que diría Cárdenas. La filtración, que tenía más mala intención que una cuchillada al hígado, daba por descontado que se había alcanzado un acuerdo de investidura. Pero fuentes de Esquerra lo han desmentido. Ahora toca la constitución de la Mesa, dicen, y después on verra.

Andan los republicanos bastante cabreados con sus antiguos socios de Junts pel Sí. Las minas con las que van sembrando su camino no paran de estallar bajo los pies de un partido que se siente dolido al ver que su líder, Junqueras, se está comiendo el marrón de la cárcel mientras que Puigdemont anda tan pimpante por Bruselas, como un Tintín payés,, acudiendo a la ópera, dando ruedas de prensa, riñendo a quien considera y ejerciendo un cargo que ni tiene por haber sido cesado ni merece por su funesta catadura moral.

Otro motivo, acaso no sea el menor, que hace crecer a cada minuto la distancia entre ambos partidos es la capacidad infinita para hacer el ridículo que tiene Puigdemont. Plantea alternativas y más alternativas a la investidura, a cuál más peregrina. Que si se puede hacer por vía telemática, léase una conferencia por Skype, que si podría leer su discurso otra persona, en fin, menos presentar su programa de gobierno y debatirlo con los grupos políticos de la cámara por WhatsApp – propóngalo, señora Artadi, cree un grupo de whats y que se discutan allí las cosas de la gobernanza catalana, ya verá como le aplauden los suyos y Puigdemont se lo agradece – han dicho todas las tonterías posibles.

Decía Miquel Iceta el otro día que un debate de investidura requiere que la persona aspirante está ahí para debatir, para confrontar su programa con el de las otras fuerzas políticas, en fin, para que sea algo normal y no una escena extraída de una película de los Hermanos Marx. Lógico. Pero no parece que al de Bruselas le acomode tal cosa, ni, aunque fuese por respeto al Parlament de esa Cataluña a la que tanto dice querer. No hay que pedirle peras al olmo ni seriedad a ese señor. Sus hitos van de astracanada en astracanada y, si no fuese porque existen muchos catalanes a los que la barretina les tapa los ojos – bueno, y una TV3 que no para de emitir pseudo documentales acerca del pseudo referéndum en los que los de las urnas-contenedor son los buenos y las fuerzas de seguridad del Estado son poco menos que unos come niños – a buenas horas iba a estar jodiendo la marrana, con perdón, como está haciendo.

Quizás será por eso, por la cosa repostera, que el pastel se lo quiere comer solito sin darle ni unas miserables migajas a nadie, ni a los suyos, y, si no, que se lo pregunten a Artur Mas"

Un corresponsal amigo, alemán por más señas, me preguntaba totalmente asombrado acerca de la laxitud que se empleaba con un sujeto así. “Es insólito, Puigdemont no sería ni concejal en mi país. ¡Pero qué falta de respeto! ¿Y Rajoy piensa quedarse quieto?”. Tuve que decirle que sí, que iba a quedare quieto, y que si también, que a Puigdemont le habría sido imposible tener una carrera política en cualquier país serio del mundo. Incluyo a los EEUU, y me adelanto a los lectores suspicaces, porque Donald Trump, que será un fanfarrón y todo lo que ustedes quieran, tiene a sus espaldas una exitosa trayectoria como empresario de éxito, mientras que Puigdemont ha vivido siempre de la subvención pujolista y solo sabe de la empresa y el mercado lo que intuía viendo vender en la pastelería familiar.

Quizás será por eso, por la cosa repostera, que el pastel se lo quiere comer solito sin darle ni unas miserables migajas a nadie, ni a los suyos, y, si no, que se lo pregunten a Artur Mas. El cesado president ya se ve investido de una forma u otra, volviendo a sentarse en su despacho del Palau de la Generalitat. Es difícil vaticinar que acabará pasando. Si esto, y vuelvo a mi amigo corresponsal, fuese Alemania, o Francia o el Reino Unido, apostaría con los ojos vendados a que no. Pero estamos en España y tenemos el gobierno que tenemos, o sea que vaya ustedes a saber.

Desde luego, que las intenciones del sujeto son las de proseguir con la insensatez, es evidente. Que los de Esquerra tascarían el freno – siempre he dicho que, rufianadas a banda, no les mueve otra cosa que ser los herederos de Convergencia y gobernar una Cataluña autonómica – si de ellos dependiera, también. El aviso para el primer acto está sonando. Se va a levantar el telón parlamentario en nada. Una única súplica: esperemos ver en el escenario actores de carne y hueso, que para figuras de cartón o plasmas diversos ya tenemos ejemplos harto conocidos como para repetirlos aquí.

Miquel Giménez



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