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Félix Madero

Opinión

Periodismo pastueño

Los periodistas hemos llegado al punto del banderillero Joaquín Miranda, de la cuadrilla de Juan Belmonte, quien dejó la montera para ser gobernador de Huelva; o sea, degenerando

Sala de prensa.
Sala de prensa.

Los periodistas, especialmente los periodistas, tenemos un problema con las palabras. Dirán ustedes que es lo normal trabajando con ellas. No hay telediario sin un error en un rótulo ni al menos un titular en los digitales con una falta de ortografía que pase inadvertida para el redactor hasta pasadas un par de horas. Pero siendo esto prueba del estado calamitoso en el que está el gremio, no me refiero a esas palabras. Estoy pensando en las que califican los actos de los demás caprichosamente en aras del discurso correcto y pulcro.

VOX es un partido ultra y de extrema derecha -ya lo vimos ayer en muchos periódicos y tertulias de radio-, pero Torra, Torrent y toda esa patulea golpista a los que se califica de independentistas o nacionalistas radicales, ¿son o no son ultras, xenófobos, supremacistas y sediciosos? Podemos anuncia que cuando puedan revisarán con gusto el sistema Constitucional para poner en cuestión el papel de la Monarquía, pero lo de Iglesias resulta ser un partido de izquierdas, o a lo sumo a la izquierda del PSOE –raramente, nunca, un periodista le ha dicho a Pablo Iglesias que es el jefe -o El Jefe-, de un partido de extrema izquierda.

Motejamos con verdadera valentía actos y comportamientos que sabemos que son relativamente sencillos, sin consecuencia para nosotros, pero llegado el momento de decirle al poder -face to face, como escucho decir a algunos enterados en el Foro madrileño-, las verdades del barquero, entonces enmudecemos. Es tal la debilidad de nuestro colectivo -porque seguimos siendo un colectivo, ¿o no, amigos?- que actitudes así ya las damos por normales y asumidas en un irremediable “quéselevahacer”.

Somos culpables de poner al alcance de la opinión pública altas dosis de pensamiento sumario que modificamos tantas veces como haga falta

Ahora la tomamos con VOX, un partido que motejamos de extrema derecha, xenófobo y equivocado, pero no queremos ver que mucho de lo que VOX preconiza ya lo ha convalidado y dado por bueno el PP de Pablo Casado, si bien es verdad que con relativa fineza en comparación a los lances temerarios y pases de castigo perpetrados por los líderes de VOX. Culpables somos de poner al alcance de la opinión pública tanto pensamiento sumario que cambia en nosotros a más velocidad que los días de la semana.

Todo pasa en Madrid, aquí están las plazas de toros, que van a quedar para santificar la epifanía de partidos de extrema izquierda y derecha, qué ya es casualidad, ¿no les parece?

Escribo con la radio puesta. Aznar acaba de escribir un libro -yo vengo aquí a describir hechos no a dar opiniones, le he escuchado decir-. En La COPE ha explicado la razón por la que él dejó un partido en la derecha y ahora hay tres: PP, Ciudadanos y VOX. Y lo dice él que escogió con su dedo indolente a Rajoy -era el que menos “problemas” ponía para tal designación, tiene dicho Aznar-: él que pactó con Arzallus, al que yo vi dar una rueda de prensa en la calle Génova; él que pactó tanto y mal con Pujol: quítame a los gobernadores civiles y conviértemelos en funcionarios. Y así fue: dicho y hecho en aras de la estabilidad y la modernidad de pactar con los nacionalistas. Desde luego, tenemos un lío grande con las palabras y también con la memoria.

Recordemos que a Rajoy lo declaramos con razón El Señor del Plasma -podríamos haberlo bautizado como El señor de la Moscas, que hubiera sido igual con permiso de William Golding-. Escribimos mucho sobre eso, pero no tanto ahora que el presidente es Pedro Sánchez y lo emula con tanto acierto y vocación sin que haya periodista que le pueda hacer una pregunta sobre su Tesis o trabajo fin de curso, Pedro Duque y su ministra de Justicia. No hay forma, oiga. Y lo preocupante es que él sigue yendo a los sitios, y que hay micrófonos, y que hay periodistas, y móviles, y boletines en la radio que hablan de él y de lo que el presidente quiere hablar.

No sé si hemos llegado al mismo punto que el banderillero Joaquín Miranda, de la cuadrilla de Juan Belmonte, que dejó la montera para ser gobernador de Huelva; o sea, degenerando. Como en otros momentos hizo el gremio ¿estamos para decirle al superasesor Iván Redondo, mira o el presidente habla de lo que interesa o no vamos y mandamos a un operario de SEUR para que ponga la grabadora. No, no lo estamos. La debilidad nos marca el camino. Periodismo pastueño y, como el toro previsible en su mansedumbre, “pregonaó”. Y yo, uno más; no estoy fuera.



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