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Opinión

Pedro, es mejor que no

Lo que estás a punto de hacer, Pedro, a mí me da mucho miedo, qué quieres que te diga. Yo creo que mejor no. Es preferible dejar tu propio sueño para otra vez

Pedro Sánchez durante una rueda de prensa.
Pedro Sánchez durante una rueda de prensa. EFE

Pedro, de verdad, déjalo. Yo creo que lo que te ocurre es que no puedes hacer casi ninguna otra cosa, porque lo que tienes a la derecha (haciendo una salvedad con las cosas que ahora dice Arrimadas) se parece muchísimo a las hienas que salían en la peli El rey león, y lo que tienes a la derecha de esa derecha son hienas de verdad. Y en esas condiciones ¿qué puedes conseguir?

¿Un Gobierno de progreso, como no dejas de repetir? No, eso no será un gobierno de progreso. Eso será otra cosa. Un ring, una cena de empresa (por Navidad) de los Corleone con los Barzini, el plato de lentejas que Esaú le compró a Jacob a cambio de su futuro, yo qué sé. Pero no un Gobierno de progreso, porque ese Gobierno lo que tendría que hacer es gobernar, y tú, si te sale lo que intentas, no vas a poder, te pongas como te pongas.

Independencia de Cataluña

Fíjate que estoy dando por supuesto (que ya es suponer, ¿eh?) que Iglesias y los suyos van a continuar, durante el tiempo que haga falta, transmutados en frailes cartujos, que son callados, obedientes y hacen jabón de olor, por lo menos los de Miraflores. Pero los otros, Pedro, la gente con la que llevas negociando tú sabrás qué desde hace semanas, los nacionalistas de ERC… ¿De verdad te crees que van a apuntalar tu “Gobierno de progreso” sin avanzar claramente hacia lo que quieren, que es la independencia de Cataluña? Puede que ahora les convenzas de que esperen un poco, tampoco creas que demasiado, pero ¿has llegado a creer, siquiera por un momento, que van a renunciar a su sueño? ¿En serio?

El “nacionalismo de izquierdas” es una de las leyendas urbanas de la Transición, como lo de la Coca-Cola que disuelve la carne o los dientes

Como en aquel cuento siniestro de la rana y el escorpión, hay cosas que están en la naturaleza de las personas, o mejor aún, de las personas que se dejan embriagar por sueños y utopías. Tú pareces convencido de que los nacionalistas de ERC son, antes que nacionalistas, gente de izquierdas. No es verdad. Te equivocas, Pedro. El “nacionalismo de izquierdas” es una de las leyendas urbanas de la Transición, como lo de la Coca-Cola que disuelve la carne o los dientes. Un verdadero nacionalista, y estos lo son, es nacionalista antes que ninguna otra cosa. Porque a una posición política (izquierdas, derechas) se llega por muchos motivos, pero antes o después es indispensable usar la razón, plantearse preguntas, calibrar, comparar, elegir. Al fin y al cabo, son ideas lo que se baraja, ideas y poco más.

Pero el nacionalismo no se nutre de ideas sino básicamente de sentimientos, Pedro, y los sentimientos no se eligen: se tienen o no se tienen, y ya está. Ser nacionalista de cualquier sitio es parecido a ser del Atleti, o del Barça, o taurino, o fan de Pavarotti o de Justin Bieber. O fanático de algunas religiones: te crees en posesión de la verdad absoluta y cualquiera que no comparta tu pasión debe ser condenado. Es algo muy difícil de evitar, si se vive en el entorno adecuado, y todavía más difícil de cambiar. Bien lo saben los propagandistas de los medios nacionalistas catalanes, que llevan años atizando no la razón, sino los sentimientos de la gente; que siempre hablan de “pueblos” y nunca de ciudadanos, que se cuentan de uno en uno y piensan; que se esfuerzan tanto (y lo hacen bastante bien) en crear héroes o mártires, en tremolar banderas, en cantar a cada paso los himnos de rigor y en fomentar la burla, el desprecio y, en fin, el odio hacia el “enemigo”.

Tú sabes bien que la democracia no consiste en hacer referendos, que esos los hacía Franco cada vez que se le antojaba, sino en el respeto y el cumplimiento de la ley

Y tú formas parte de ese enemigo, Pedro, no te hagas ilusiones porque es así. No puedes evitarlo porque no eres “de allí” (eso que tanto repiten siempre los nacionalistas de todas partes, el valor supremo de la nacencia, la pureza de sangre) y además porque tú crees sinceramente en el progreso común, en el trabajo de todos juntos, en la armonía… y en la ley. Tú sabes bien que la democracia no consiste en hacer referendos, que esos los hacía Franco cada vez que se le antojaba, sino en el respeto y el cumplimiento de la ley.

Y eso es lo peor de todo, Pedro. Estos contertulios tuyos, con los que tanto estás negociando, se creen de verdad la milonga del “mandato del 1 de octubre” (hace años era el día del caudillo, por cierto; a lo mejor es casualidad), y se cabrean muchísimo cuando tu amigo José Luis Ábalos, sobre cuya cabeza Dios nuestro Señor no derramó el don de la prudencia, se viene arriba y suelta en la tele que, en su opinión, ellos, los de ERC, han renunciado al “unilateralismo”. Ni han renunciado ni renunciarán jamás, porque entonces dejarían ser ser lo que son. Pero llevan semanas tratando de convenceros de que “por ahora” van a colaborar con vosotros hasta que se den mejores condiciones… para la secesión. Lo que les hace aullar es que tal cosa se diga y, encima, que lo diga el lenguaraz de Ábalos, porque eso les pone a los pies de los caballos ante sus propios ultrasur. Lo que se dice en las negociaciones debe ser secreto hasta que estas terminan, eso lo sabemos todos.

Negociar con la ley

Pero de ahí nace la preocupación de millones de personas, Pedro. A muchos nos gustaría saber de qué coño estáis hablando exactamente. A muchos nos gustaría conocer qué estás poniendo sobre la mesa, qué estás ofreciendo, y para cuándo, a cambio del plato de lentejas envenenadas. Porque hay cosas con las que no puedes negociar, Pedro, supongo que lo sabes, quiero creer que lo sabes tan bien como lo sabemos todos. No puedes negociar con la ley que nos hace a todos iguales. No puedes. Con una reforma de la Constitución, España quizá se convierta un día en un Estado federal; y eso, en mi opinión, sería un gran paso adelante que reflejaría una realidad social y cultural evidente. Pero quienes están negociando contigo no quieren eso. Quieren su propio Estado, su sueño, su utopía. Y nada más. Y nada más, ninguna otra cosa, Pedro. Pueden regatear con la longitud del camino y con el tiempo que se tarde en recorrerlo, pero nunca renunciarán al punto de llegada. Nunca. Y tú deberías saberlo mejor que nadie.

Tú sabrás lo que haces, Pedro. Supongo. Imagino. Pero ahora, cuando parece que lo único que falta para firmar el acuerdo es la fecha de la investidura, sigo pensando que es mejor que no lo hagas. El riesgo es altísimo. Vas a poner a los pirómanos a conducir el camión de los bomberos, Pedro. Vas a conseguir que el Gobierno de España, su estabilidad y su funcionamiento, dependa de tener contentos a quienes lo consideran un Gobierno extranjero y opresor y tal y cual. Es una locura, caramba. Digan lo que digan ahora en las negociaciones, te irán apretando más y más, a medida que pase el tiempo. Y un día te dejarán caer: repetirán lo que hicisteis con Rajoy, pero esta vez la cara de bobo la pondrás tú. Y todo estará –todos estaremos– mucho peor que entonces. No habrá Gobierno de progreso. No habrá Gobierno. No habrá nada, salvo las hienas de las que te hablaba antes.

Es verdad que ellos también se juegan bastante en esto. Se juegan su apoyo social, su prestigio, que lleva años sin dejar de crecer. Pero tú te juegas un país entero, Pedro. Es demasiado. No lo hagas, Pedro, es mejor que no. Busca otra solución. Aprende de lo que hacen, en estos casos, los alemanes. Escucha a Arrimadas, que muy probablemente tiene parte de razón, aunque ya no tenga votos porque se los ventiló el otro cantamañanas. Envía a alguien (alguien que no sea Ábalos ni Redondo, no fastidies) a hablar con Feijóo, por ejemplo, o con Alfonso Alonso; no sé, con alguien menos fantasma y menos prisionero de sus propias y lamentables petulancias que Pablo Casado. Algo se podrá hacer. No puede ser imposible. Aunque el objetivo ya no sea tu “Gobierno de progreso” con la soga al cuello (al cuello de todos) sino un Gobierno sólido y capaz de capear el temporal. Muchos nos conformaríamos con eso por unos años.

Pero lo que estás a punto de hacer, Pedro, a mí me da mucho miedo, qué quieres que te diga. Yo creo que mejor no. Es preferible dejar tu propio sueño para otra vez. Porque como te salga mal (y yo no veo forma de que te salga bien, por más vueltas que le doy) no es que te vayas a enterar tú; es que nos vamos a enterar todos. Repasa el manifiesto que firmaron muchísimos diputados de la legislatura constitucional, y de todos los partidos, que merece la pena releer eso.

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