Opinión

Pedro Sánchez cambia de champú

El líder del PSOE cree que hay que cambiar de tema. Ya está bien de Puigdemont. Lo importante son sus ‘diez mandamientos’, mera retahíla de asuntos comunes y de obviedades

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Efe

Entre el dolor y la nada, Faulkner optó por el dolor. Pedro Sánchez, ha optado por la nada. Su advenimiento a la secretaría general del PSOE ha sido uno de los episodios más funestos en la reciente historia del socialismo español. Al tiempo. Cabreado hasta el paroxismo por su defenestración tumultuaria y chapucera, Sánchez decidió acometer su venganza. La estupidez es peligrosa cuando se considera ofendida. Y venció en las primarias. El ‘no es no’ contra Rajoy se convirtió en un ‘sí es sí’ de las bases socialistas al postulante. Un eslogan básico, transformado en plataforma ideológica, bastó para enviar a Susana Díaz al desolladero.

Atrapado por su apoyo al 155, sin duda su único acierto pleno desde que manda en Ferraz y angustiado por los inhóspitos sondeos, Pedro Sánchez quiere cambiar el paso. Modificar su libreto. Escapar de la trampa catalana, en la que sumimado Iceta redondeó el segundo peor resultado de la historia, es ahora su objetivo. “Hay que hablar de lo que le importa a la gente y no de si un presidente es investido por vía telemática”. El problema catalán, a lo que se ve, radica estrictamente en las peregrinaciones de Puigdemont. Poco cuenta el asfixiante control que practica, sobre una parte fundamental de España, una tribu supremacista, xenófoba, totalitaria y cleptómana que pretende desmantelar los pilares fundacionales de nuestra nación.

El sacrosanto federalismo es la recurrente y vacua muletilla que airea el PSOE para disimular su falta de respuestas al embrollo territorial

Todo eso, al parecer, le importa poco o nada a la gente. De eso ya no hay que hablar, salvo esporádicas incursiones de manual, meras referencias tangenciales. Asunto zanjado. Hay otras cuestiones de las que ocuparse. "Hay que hacer país con propuestas de izquierda socialdemócrata". Y ha enumerado Sánchez un racimo de problemas perentorios, como pensiones, la educación, el salario mínimo, la financiación autonómica. Vaya novedad. Y ha añadido otra vuelta de tuerca a la Memoria Histórica, con la puesta en marcha de una 'comisión de la verdad', que con sólo escuchar tal nombre, vienen recuerdos de checas y sacas. Este es 'el nuevo PSOE', al parecer. Tomemos nota. Como primera providencia, para arrancar, se rechaza frontalmente la candidatura de Guindos al BCE porque 'supone un desprecio a las mujeres". A Sánchez le aterra el fangal catalán porque es un territorio en el que se mueve sin brújula. Carece de proyecto, de programa y de idea sobre qué hacer con España. Del ‘federalismo asimétrico’ a la ‘plurinacionalidad’. De la ‘nación cultural’ a la ‘nación de naciones’. Un trabalenguas. De todo han dicho en el PSOE y nada aclaran. “Vamos a ver, Pedro, ¿sabes lo que es una nación?”, le espetó Patxi López en el chusco debate a tres de las primarias. A lo que se ve, aún está a la espera de la solución al acertijo.

Con un gobierno catatónico y un PP desfigurado, quizá los congregantes del socialismo esperan un liderazgo vigoroso, un mensaje claro, una oferta ambiciosa y valiente

El líder del PSOE, acorralado en esas discusiones de altura, opta por exhibir su sonrisa, insípida y ociosa, y se va por las ramas progres del rancio antifranquismo y el feminismo apolillado. Cinco millones de votantes quizás esperarían una actitud más épica. Con un gobierno catatónico y un PP desfigurado, es posible que los congregantes del socialismo ardan en deseos de escuchar otro tipo de mensajes, de contemplar un liderazgo vigoroso que les permita, no sólo avistar las proximidades de la Moncloa sino, y muy especialmente, respirar satisfechos ante una oferta creativa y sensata, ambiciosa y valiente, para abordar el conflicto más peligroso que ha vivido, y que vive, la democracia española.

Sánchez cree que hay que cambiar de tema. Ya está bien de Puigdemont. Lo importante son esas nuevas propuestas, mera retahíla de asuntos comunes y de obviedades, tan manoseados que ya huelen. “Y mientras tanto, tú, cambiando de champú. Cuando va a estallar la tercera guerra mundial”, cantaba Sabina. Pues eso, Sánchez se dispone a cambiar de champú. ‘Vade retro, Catalonia! Aparta de mí ese cáliz’. Entre el dolor y la nada, no hay duda de que Sánchez ha optado por la nada.



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