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Miquel Giménez

Opinión

Patriotas a ratos perdidos

Una joven en la manifestación por el aniversario del 1-O.
Una joven en la manifestación por el aniversario del 1-O. EFE

Cortes de carreteras, huelga en universidades, manifestaciones en las calles, protestas varias y variopintas. Dicho así parece algo colosal, pero el Maidan separatista tiene un terrible adversario, un enemigo imbatible: el reloj, porque hay que ir a cenar a casa.

Así no hay quien haga la revolución

Soy muy consciente de que si les digo a palo seco que ayer se manifestaron cerca de doscientas mil personas, reivindicando eso tan curioso que denominan “el mandato inapelable del 1-O”, puedo causar cierta desazón. Y lo cierto es que, a pesar de que las cifras de separatistas dispuestos a echarse a la calle a gritar independencia van bajando –se ignora qué pasará cuando llegue el invierno, que dicen los del parte meteorológico que se presenta francamente frío y malasombra– no deja de ser importante la suma de seres humanos con ganas de jalear cosas como “Ni olvido ni perdón”. Aprovecho para apuntar, a vuelapluma, que el verbo perdonar es uno de las más hermosos en cualquier idioma y que autoafirmarse en la negación de lo único que nos convierte realmente en seres humanos es grotesco y triste.

Pues bien, esa gente, la de la manifestación de ayer que desembocaba en el Parlament, decidió acampar ante sus puertas no se sabe muy bien esperando qué o a quien. De hecho, ya intentaron hacer lo propio hace meses. ¿Con qué resultados? En términos de épica, escasísimos, pobres, muy pobres, rozando casi el minimalismo estadístico, porque al ratito ya se había marchado cada uno a su casa y Dios a la de todos. En términos botánicos es algo más difícilmente previsible, porque cada vez que la masa irrumpe en el parque de la Ciudadela, semejante a un viejo asmático que se sienta al sol para intentar recuperar capacidad pulmonar, siempre se van al garete algunos setos, algunos arbustos, algunas plantas.

Así las cosas, el Maidan estelado se ha quedado en un facsímil bastante redicho y poco serio. Y no será por falta de incentivos, pues en estas algaradas de bandera cubana y cánticos sorprendentes –Sant Jaume, al mediodía: los estudiantes que quedaban, comiendo bocadillos de Frankfurt y bebiendo cerveza, tenían a toda pastilla el tema “Sufre, mamón”– ha participado el star system estelado. Torra y Torrent, esos Bouvard y Pècuchet del separatismo, los recibían a las puertas de la cámara catalana; ítem más, allí estaba Pere Aragonés, que parece el hermano gemelo de Toni Aira, el talludito Ernest Maragall, el conseller de menores marroquíes que duermen en comisarías por no haber una cama para ellos El Homrani o la señora Artadi, siempre como recién salida del celofán, oliendo a lavanda y a azucena. Todos decían que lo de hace un año fue un ejercicio de autodeterminación y que no podían renunciar a ese éxito. Ah, caramba, todo el anterior Govern en la cárcel o fugado de la justicia, un 155 que ha durado medio año, el parlamento cerrado a causa de sus propias diferencias ¡y lo consideran un éxito! No quiero imaginarme lo que estas mentes privilegiadas entienden por fracaso.

'Me cago en la épica y en el relato', ha debido pensar alguno de los separatistas más conspicuos, que también se habrá ido a su casa a comerse una tortilla a la francesa

Resumiendo: tras la dosis de exaltación patriótica pertinente y el lógico cansancio de una dura jornada encadenándose algunos un par de horitas ante la Bolsa, otros cortando un rato la vía del AVE o una autopista cualquiera o habiendo hecho pellas en la facu, porque siempre va bien darse un garbeo en día lectivo, ¿qué ha hecho el pueblo catalán, imbuido de su altísima misión histórica? Pues lo mismo que sus dirigentes y, ya que estamos, que el resto de sus paisanos: se ha ido a su casa a cenar. 'Me cago en la épica y en el relato', ha debido pensar alguno de los separatistas más conspicuos, que también se habrá ido a su casa a comerse una tortilla a la francesa o un sopicaldo de sobre cualquiera.

¿Cuántos iremos a la orgía?

Más allá de que los Mossos hayan permitido entrar a los CDR en Gerona para arriar la enseña nacional sin decirles ni mú, y eso que iban enmascarados y portando mochilas, más allá de que hayan fingido oponer resistencia a esos mismos CDR cuando han irrumpido en la estación del AVE de la misma localidad –recordaban a aquellos Mossos que hacían gimnasia sincronizada frente a la masa que los empujaba por toda la Ciudadela hasta llegar al Parlament– incluso más allá de que Torra les haya dicho a esos mismos CDR que “Aprietan, y hacen bien en apretar”, lo de este lunes ha sido poco histórico, si me lo preguntan.

Lo que se previó como la explosión del Krakatoa se ha quedado en una modesta bengalita, un petardillo de monja novicia, un modestísimo cohete de familia bien y moderada, en lugar de la fenomenal y cataclísmica celebración del día en que la malvada España vino a pegar a la gente por querer votar. Claro que, si veías TV3, era la única conclusión posible. Estos zangolotinos se pasan el día mintiendo de una manera tan profunda y perfeccionada a lo largo de tantas décadas de chupar del bote público que nos hace augurarles un sensacional éxito si, cuando la cierren, que todo llegará, se dedican a hacer cine de género, preferentemente tipo Holocausto Caníbal,Aeropuerto, Godzillacontra Mohtra y mejor un max mix de los tres films.

A lo que íbamos, la gente ha empezado a mirar el reloj, los móviles han sonado son esas musiquillas tan ramplonas como irritantes y los convocados por el supremo interés de la patria catalana han empezado a musitar excusas más o menos como éstas: “Yo me quedaría, pero tengo a mi señora enferma y he e ocuparme de los niños”; “Lo siento muchísimo, pero mañana tengo que madrugar porque salgo de viaje”; “Vaya por Dios, no me acordaba que hoy es el aniversario de mi boda y si no voy a cenar a casa, me matan”; o similares. No nos consta que nadie haya empleado el socorrido “Mire usted, es que se ha muerto mi tío”, porque a las nueve de la noche, ni se entierra a nadie ni hay tíos que se mueran. ¡Cualquiera causa óbito a la hora de cenar!

El pobre Pujol no ha sido capaz de convencer a las masas separatistas para que acampen en la Ciudadela ni asalten nada que no sea la ración de pizza que han encargado

Lo sentimos por el increíble hombre-patinete, Eduard Pujol, portavoz de Junts per Catalunya, que ha puesto en práctica con enorme intensidad su capacidad para articular consignas vacuas con palabras grandilocuentes. Ha dicho que todos tenían que ir juntos, que así se recobra la confianza –ah, carallo, ¿es que la habían perdido?-, que ha de existir complicidad entre el pueblo, las instituciones y los partidos, en fin, que menos decir que Junqueras está en la cárcel y Puigdemont en Waterloo y más estar por la faena. Sonaba como el del viejo chiste de la orgía en el que un amigo le propone a otro participar en una de estas cosas, a lo que el interpelado pregunta cuántos van a ser. El convocante se lo mira un poco cohibido y responde “Pues mira, tú, yo, y tu mujer”.

El pobre Pujol no ha sido capaz de convencer a las masas separatistas para que acampen en la Ciudadela ni asalten nada que no sea la ración de pizza que han encargado por aquello de no tener que ponerse a cocinar en una noche señalada como la de ayer.

Uno se pregunta cómo acabará todo esto, entre la mala leche de los CDR, el papanatismo del votante separatista y la estulticia de la clase política.



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