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Rubén Arranz

El dardo de Arranz

Pablo Iglesias, la cuarentena y el 'bioterrorismo gubernamental'

Pablo Iglesias.
Pablo Iglesias. Europa Press

Dijeron que existían pocas posibilidades de que el coronavirus se extendiera por España y fallaron estrepitosamente en sus predicciones. O mintieron. Afirmaron, posteriormente, que la inmensa mayoría de los infectados eran importados y volvió a ocurrir lo mismo. Hace una semana, cuando los casos de contagio habían iniciado la misma dinámica expansiva que en Italia, aseguraron que estaba todo controlado y permitieron aglomeraciones como la jornada de la liga de fútbol y la performance feminista del 8-M. Hace dos días, Irene Montero confirmó que era portadora del coronavirus y Pablo Iglesias se puso en cuarentena. Desbordados, comenzaron entonces a concienciar a la población de la necesidad de aislarse en sus casas, especialmente si sospechaban que podían estar infectados. Y esta mañana Iglesias se ha saltado sus propias normas y toda la lógica que debería aplicarse para aliviar esta crisis.

Señalaba The New York Times en un artículo publicado hace unas horas el fracaso del Gobierno español al contener el coronavirus. Los mismos mensajes han llegado en los últimos días desde Italia y desde China, donde no dan crédito con la indiferencia que mostró el Ejecutivo cuando apareció la amenaza y con su tibieza a la hora de tomar cartas en el asunto. La sensación que España ha transmitido en los últimos días es que es un país de pandereta. Un lugar del mundo en el que ni los problemas más graves se toman en serio. Spain is different. Lo de siempre.

Un Gobierno indigno

El mundo se enfrenta a un problema de salud pública de primer orden que ha obligado a decenas de países a tomar medidas drásticas, impopulares y dolorosas. En Italia, se han visto tan desbordados que los sanitarios deben elegir a quién salvar y a quién dejar morir. Los trabajadores de los hospitales españoles llevan varios días completamente extenuados y ya han avisado de que podrían faltar plazas en las UCIs y material importante durante los próximos días, cuando se espera un repunte de la enfermedad.

Mientras tanto, los españoles se preparan para el establecimiento de un estado de alarma que dejará tiritando al sector servicios, que pegará un rejonazo importante al turismo y que obligará a muchas empresas a presentar expedientes de regulación de empleo temporales. Los ciudadanos deben concienciarse de una vez por todas de la necesidad de permanecer en sus casas durante una buena temporada para minimizar el daño económico y, sobre todo, el coste en vidas. Lejos de predicar con el ejemplo, Pablo Iglesias ha decidido este sábado saltarse la cuarentena, bien por motivos personales, técnicos o partidistas. Ninguno está justificado.

El efecto del virus pudo minimizarse si se hubiera actuado con premura y el Gobierno no se hubiera aplicado con tanta laxitud, probablemente, por cuestiones ideológicas, económicas y, lo peor, territoriales. Estas últimas, por cierto, uno de los caballos de Troya de esta crisis, como de otras tantas anteriores, y a buen seguro que más condicionantes de la actuación del Gobierno de lo que se ha dicho hasta ahora.

No se ha actuado con la diligencia necesaria hasta ahora y la situación aconseja tomar medidas drásticas cuanto antes para evitar el colapso del sistema sanitario. La pregunta es si ministros como Iglesias o como los miembros del Gobierno que asistieron al 8-M -con una versión de bioterrorismo gubernamental- están legitimados para seguir tomando decisiones en un momento que, todo parece indicar, cambiará la forma de vivir de los españoles durante un buen tiempo, si no de forma permanente.

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