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Opinión

Oriol Junqueras, en proceso de beatificación

Va de bueno, pero fue el republicano el que conminó a Puigdemont a continuar con la independencia. En términos penales, lo tiene peor que el de Waterloo

Oriol Junqueras
Oriol Junqueras EFE

Suponemos que no es este un Gobierno de convicciones religiosas, pero desde hace unos días echa agua bendita cada vez que alguien pronuncia el nombre del preso Oriol Junqueras. Ya, ya sabemos que hay quien le quita a Esquerra Republicana de Catalunya su razón en este cruce de caminos entre la legalidad y los golpistas presos, pero esa es la única esperanza del Gobierno de Sánchez. Y eso que fue el republicano el que desde la consejería de Economía animó a la rebelión y conminó a Puigdemont a continuar con la independencia y a no convocar elecciones. En términos penales, lo tiene peor que Puigdemont.  

Pero Junqueras se fija unos plazos. No tiene prisa. A diferencia del de Waterloo, cuyo trazado grueso y fantasmal lo deja fuera de la razón y la lógica, Junqueras se toma su tiempo, que es el que le marca una fe razonada y sólida en lo político y existencial. Sabe que la gracia para recibirla hay que merecerla después de haberla pedido insistentemente. Y no, no está pidiendo la absolución, ni la espera ni la necesita ahora mismo, me asegura quien lo conoce bien. Quiere un gesto del Gobierno, y que ese gesto lo entronice como el único líder del independentismo. Para hoy y para mañana.

El Gobierno sabe que con Junqueras se puede hablar, incluso dialogar, pero con el resto no hay ninguna esperanza. Y por eso unos y otros necesitan una escenografía que prepare lo que ha de venir. Todo lo que estamos escuchando es un curso sincronizado de barbaridades. Son palabras, no actos, y conviene no olvidarlo.

No es imaginable que se doblegue el criterio de los cuatro fiscales que han de elevar a definitivas las penas de los políticos que están en la cárcel

Eso de que ERC no votará el Presupuesto está por ver. Eso de que si el Gobierno no obliga a la Fiscalía General a rebajar las penas para los presos independentistas, no está por ver, es imposible. Y sin embargo, siendo así, que sea la discutida y discutible ministra de Justicia, Dolores Delgado, la que anuncie que no presionarán a la Fiscalía, es lo que hace que sintamos cierta falta de alivio en todo este asunto en el que el Ejecutivo ni habla ni actúa claro. Que lo diga Delgado cuesta considerarlo, siendo como es la de Justicia una factoría en firme de fabricar mentiras y contradicciones.

De pronto la semántica se hace gruesa, desagradable, y empieza a funcionar como las balas de fogueo: asustan durante un instante hasta que se descubre que no hay tiro que impacte. Han salido a ver quién dice la tontería más grande, y ha ganado el diputado regional Antoní Castellà -¿podré escribirlo así todavía?-: “Si España no estuviera en la Unión Europea fusilaría a los líderes independentista”. Esta desmesura, y otras que les ahorro, sólo anuncian que el ruido es necesario para hacer pronto lo que habrá que hacer, o sea, apoyar o abstenerse en la votación de los Presupuesto Generales. Y anuncia también que hay un público fanatizado que cree que eso que dice el diputado regional podría ser verdad.

Nadie va a doblegar la voluntad de los cuatro fiscales que han de elevar a definitivas las penas de los políticos que están en la cárcel. No puedo imaginar jugándose sus impecables carreras a Fidel Cadena, Jaime Moreno, Consuelo Madrigaly Javier Zaragoza. La absolución es imposible, lo sabe el Gobierno, pero ¿y la rebaja de las penas?

Esto es lo probable. Y ya han empezado a calentar el patio, unos pidiendo lo imposible, y los otros negándolo. Esquerra demanda un gesto, sólo un gesto que sabrá a poco a su votancia,mientras hacen  explotar la traca semántica de que son capaces. Ese gesto es suficiente para votar o abstenerse en los Presupuestos. Conviene recordar que a ERC no le conviene un adelanto electoral. Y conviene saber que en última instancia saldrán adelante con que haya más votos favorables que contrarios. A Sánchez, con 84 diputados, y apoyos innombrables, le empiezan a salir bien las cosas. Seguirá en La Moncloa. Pierdan toda esperanza de un adelanto electoral. Toda. 

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