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Juan Laborda

Opinión

Neoliberalismo patrio, del Totalitarismo Invertido a Vox

El líder de Vox, Santiago Abascal (i), acompañado por el secretario general del partido, Javier Ortega (d).
El líder de Vox, Santiago Abascal (i), acompañado por el secretario general del partido, Javier Ortega (d). Efe

La noticia política más relevante del año que acaba ha sido sin duda alguna la fuerte irrupción en el tablero de Vox. Por cierto, ¡qué ojo clínico el de Susana Díaz, incapaz de percibir el hartazgo que su figura producía en sus propios votantes! Pero, vayamos al grano, ¿qué hay detrás de Vox? ¿Es un partido de derecha extrema? ¿Es un movimiento de extrema derecha? Desde mi punto de vista estas aproximaciones son demasiado simplistas, quizás vacuas. Son la consecuencia final lógica de un sistema de gobernanza que ya ha fracasado, el Neoliberalismo, pero que, para perpetuarse en el poder, a las élites me refiero, con el apoyo de cierta clase media, y la inoperancia de la izquierda, se acaba quitando la careta. Pasamos de esta manera del Totalitarismo Invertido al Totalitarismo a secas.

Porque Vox, al igual que Bolsonaro en Brasil, o el propio Trump en los Estados Unidos, son neoliberales en stricto sensu, que no liberales. Mientras que sus propuestas suponen un retroceso en términos de libertades y derechos civiles, su programa económico lleva a niveles extremos la protección de los que más tienen. Supone consolidar una combinación de políticas económicas, sociales, educativas,… claramente regresivas, ineficaces e injustas, desplegadas en las últimas tres décadas por el establishment político y económico, y vociferadas como verdades absolutas por su aparato mediático. Ambas concepciones, Neoliberalismo y liberalismo, no son equivalentes, aunque la deriva de muchos liberales, social-liberales e incluso socialdemócratas acabe en una confusión de confusiones.

El auge de un nuevo totalitarismo, sin complejos, es una consecuencia lógica del sistema político surgido al albor del Neoliberalismo. Nos referimos a la farsa de la democracia actual, donde lo que importa es la opinión de unos pocos, eso que Sheldon Wolin denominó Totalitarismo Invertido. El sentir de los ciudadanos es irrelevante, sus anhelos despreciados, la democracia secuestrada. Se promueve la antidemocracia, alentando la "desmovilización cívica". Para ello se utiliza sin escrúpulos la inseguridad laboral, el miedo.

Totalitarismo a secas

Los medios de comunicación dominantes han actuado como el brazo tonto del establishment, con sus medias verdades, infundiendo miedo en la ciudadanía. Las élites manipulan, enfangan y ponen sus sucias manos en los conceptos más románticos, en los sueños presentes en el subconsciente de los más desfavorecidos, los despreciados, los humillados. Y para ello no dudan en acusar a estos grupos, los más desfavorecidos, a aquellos que sufren cada día la indignidad de sus políticas, de ser quienes “nos están quitando al pastel´” al resto de la ciudadanía. ¡Falso! Son la avaricia e ineficacia de los más poderosos y de las grandes corporaciones quienes están secuestrando el porvenir de los ciudadanos. Cuando escuchaba y aún escucho los argumentos contra el salario mínimo de ciertos individuos, y de algunos economistas, inicialmente sentía rabia, tristeza infinita, pero ahora ya no. Simplemente, voy a combatirlos con el ánimo de erradicar todos y cada uno de sus falsos argumentos.

Estamos en los albores de la 2ª Fase de la Gran Recesión y ya no pueden contarnos más mentiras. Pero intentarán de nuevo metérnosla doblada a la ciudadanía. Peor aún, intentarán dividirnos, enfrentarnos. Frente al desorden que para ellos representamos todos aquellos que venimos denunciando la ineficacia, la desigualdad, y la corrupción del actual sistema de gobernanza global, recurrirán al miedo. Me refiero a ese miedo antropológico que saca lo peor de la condición humana, y que está devorando a una clase media desnortada, empobrecida y esquilmada. Por eso, debemos construir una alternativa “a lo Roosvelt”, inclusiva, destinada al 90% de la ciudadanía, creíble, con los mejores, donde sea la propia defensa de la condición humana el centro de la reacción frente a la barbarie del Totalitarismo. Las fuerzas del cambio deben girar alrededor del “The Green New Deal” de Bernie Sanders y Ocasio Cortez, no de políticas fracasadas como las ofrecidas por Emmanuelle Macron, y sus imitadores. Si fracasamos en el intento, la tiranía se impondrá, el dolor se expandirá hasta límites insoportables, y derivaremos en la trilogía de los Juegos del Hambre de Suzanne Collins.

El liberalismo imposible en España

Recientemente, el ensayista Ignacio Sánchez Cuenca en una pieza exquisita, “El imposible liberalismo en España”, publicada en La Vanguardia, ponía de manifiesto el fracaso patrio de cualquier intento de crear un partido liberal. Su argumento era contundente: “la exaltación de la nación española, así como la defensa de un modelo territorial centralista y uniformizador, se llevó por delante el credo liberal…”. Le pasó a UPyD y le pasará a Cs.

Los partidos liberales deberían tener en el centro de su acción política, la defensa de las libertades y derechos civiles, aspectos en los que sin duda deben encontrarse con la izquierda radical. Pero al final su “liberalismo” se diluye y se concentra exclusivamente en la defensa del liberalismo económico. Una forma de liberalismo que ha sido incapaz de evitar el aumento de las desigualdades, la pobreza y las crisis de deuda y producción que en realidad activó. Pero ello no quiere decir que la alternativa sea el dirigismo o el proteccionismo. Todo lo contrario. La libertad económica es indispensable, pero no tal como la ha pregonado el liberalismo dominante. Porque los defensores a ultranza del liberalismo, aquellos que se alzan contra el papel del Estado en la economía, no solo no han manifestado especial interés hacia el bienestar de las clases trabajadoras ni deseo de elevar sus salarios, sino que han negado toda justicia al empleo de los poderes gubernamentales con ese propósito, entremezclándose con las teorías que arrojan sobre las leyes de la Naturaleza la responsabilidad de la miseria de las clases trabajadoras, fomentando una profunda indiferencia y culpabilidad hacia sus padecimientos. Por ello los liberales condenan la intervención gubernamental respecto de las horas de trabajo, del tipo de los salarios, del empleo de las mujeres, de la acción de los sindicatos, proclamando que la ley de la oferta y la demanda es el único regulador verdadero y justo. Han ignorado de manera sistemática la monstruosa injusticia de la distribución actual de la renta y la riqueza.

Y es en este contexto donde Cs, el aparente partido liberal español, es rehén de sus palabras, de sus políticas. Y no les quepa ninguna duda que tras el acuerdo con PP y Vox, perfectamente democrático, porque suman mayoría, acabarán siendo engullidos a su derecha por Vox, y en el flanco centro por el PSOE. Porque tanto hablar de patrias y banderas, tanto hablar de ley y orden, tanto repartir carnets de quienes son o no constitucionalistas (¡como si fuera constitucional la venta y expolio de vivienda protegida a fondos buitres, y de otros de servicios públicos a intereses privados!), que al final ha surgido un partido que encarna mejor que Cs todo eso y más, y que además mantiene la esencia del Neoliberalismo, Vox. Frente a todos ellos, solo queda una, ¡libertad, igualdad y fraternidad!

P.D.- Les deseo un Feliz Año Nuevo, que sea sin duda muchísimo mejor que el año que acaba, y que se cumplan todos sus anhelos y esperanzas.



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