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Gregorio Morán

Sabatinas Intempestivas

Naufragio

Lo más peligroso en una catástrofe es el descubrimiento de que el capitán es un impostor temerario y que los mandos de la tripulación son irresponsables

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE

Lo más peligroso en una catástrofe es el descubrimiento de que el capitán es un impostor temerario y que los mandos de la tripulación son irresponsables. Entonces sucede lo más peligroso: el miedo se hace pánico. Estamos acercándonos a 1.000 muertos diarios, pero echan mano del saco de las 'fantasmadas' y tratan de engañarnos con no sé qué historias de picos que se mueven, curvas que no acaban nunca y juegos gramaticales para analfabetos sobre la diferencia entre la estabilización de hoy y la ralentización de pasado mañana. Nos tratan como a párvulos intimidados ante el peso de “científicos” y “expertos” a los que ellos no atendieron nunca.

¿De dónde se sacarán esos científicos y expertos anónimos? ¿No serán un camelo más del departamento de bulos y motos que se esfuerza en achicarnos la capacidad mental? Esto es una catástrofe, y la primera obligación de los capitanes es la de no mentir, porque cuando se miente se está descubriendo toda la responsabilidad de la improvisación y la incompetencia. Es cierto, nadie está preparado para lo peor, pero es más cierto aún que una vez se declara la emergencia ya no caben trampas de trilero. Es el barco el que se hunde y es la tripulación la que pierde la vida, y es sabido que el último en abandonar debe ser el capitán. Pero como estamos en una situación excepcional y con un personal zafio y de apabullante mediocridad, lo primero que intentan es salvar su culo.

El aparato de propaganda se ha concentrado. Ya no se trata de defender al partido y su futuro; ni siquiera al Gobierno y a sus ministros; hay que protegerle a él

El aparato de propaganda se ha concentrado. Ya no se trata de defender al Partido y su futuro; ni siquiera al Gobierno y a sus ministros; hay que protegerle a él. 15 millones de euros acaban de ser destinados para las televisiones afines. Nadie sabe a ciencia cierta las condiciones de esta ayuda salvo una cosa: que se concentrarán para que el canal entre la voz del presidente y los abocados al naufragio sea directa y eficaz para el mando, poco más o menos siguiendo la pauta que marcan el nuevo estilo de las ruedas de prensa; se selecciona, luego se tamiza y por fin discursea él.

Nada que le haga sombra: ni los temerarios improvisadores de Podemos, que cada día que pasa se hunden más en el fango de sus ambiciones, ni tampoco esa troupe de aliados que cual abrigo prendido con alfileres están al albur de las ocurrencias del Máximo Líder. En su ignorancia supina el Supremo no sabía que la propuesta de desmantelar las metalúrgicas del País Vasco había sido causa mayor entre el Gobierno de la II República en las últimas y un Gobierno del PNV que se preparaba para la larga noche… La industria vasca no se toca.

El portavoz oficioso del presidente, Carlos (Elordi) Cué intoxica a la opinión desde su oficina en El País sobre un nuevo Pacto de la Moncloa. ¿De qué va a hablar Sánchez con sus aliados si no es capaz de conciliar al menos una llamada, una sencilla llamada, con el líder de la oposición? Detrás del desdén del presidente del gobierno hacia Casado y Arrimadas hay la convicción de que puede gobernar solo, que no los necesita para nada y que ocuparían un espacio en el espejo de Narciso. Y también ahí se equivoca: Casado es importante para él aunque sólo sea porque le servirá para atenuar la inminente revuelta social que se avecina. Estamos rodeados de genios recién salidos de la botella. La ministra de Trabajo alega falta de tiempo para hacer llegar sus decretos a los aliados. Luego resulta que estaban hechos con los pies y que la prisa era lo de menos, lo “de más”: la improvisación y la aspiración al estrellato.

Los barnizadores de la realidad concentrados en los medios de comunicación garantizan mentiras para hoy y mañana. Ya fueron soltando muchas y aún quedan las manchas de tantos vertidos fétidos. Hay quien sigue con lo de “la mejor sanidad del mundo” y no se le cae la cara de vergüenza. Los viejos del lugar no recordamos mentiras tan escandalosas desde los tiempos de la Dictadura, cuando su España era modelo de tantas cosas que daba hasta rubor citar. Los nuevos plumillas que no vivieron aquello repiten como cotorras las orientaciones que les da el poder; lo que nunca creí es que los de ahora iban a parecerse tanto a los de antaño. Aquellos, como éstos, decían escribir su bazofia para que la gente no se desanimara, como si fuera una manifestación patriótica.

Detrás de las majaderías sobre el pico, la curva, la estabilización o la ralentización se esconde eximir de sus errores a quienes pagan para que nadie exponga al público su incompetencia

Usted mira La Sexta y tiene casi la misma impresión que ver TV3; sólo cambia el que las sustenta. Eso sí, se llenan la boca con la libertad de expresión, con la objetividad y con el compromiso del periodismo con la verdad. Les ocurre como en tiempos pasados; se niegan a reconocer la evidencia del papel que juegan. Si el gobierno de Sánchez y sus frágiles apoyos se ligan con aliados de plastilina, ellos hacen lo mismo en base a proporciones: ocho a favor, un disidente y un marmolillo. Varía el tanto por ciento, no las tendencias. El objetivo no es engañar, sólo enmascarar la realidad para diluir las responsabilidades.

Detrás de las majaderías sobre el pico, la curva, la estabilización o la ralentización se esconde eximir de sus errores a quienes pagan para que nadie exponga al público su incompetencia. No es que viviésemos en un mundo de fantasía, es que ellos se habían montado ese ensueño para que la gente avalase sus mentiras. Nuestro naufragio resume un fallo multiorgánico donde se va al traste el ligero tejido industrial del país; en primer lugar, porque era tan ligero que no resistió la fuerza del envite. Luego la urdimbre institucional se resquebrajó de puro podrida; el rey emérito se mostró en su verdadera faz, desnudo e impresentable. Cataluña se convirtió en un cáncer en el que la tumoración devino letal. Y así hasta que llegamos al presidente Sánchez, hacedor de un gobierno sostenido con imperdibles, que no matan, pero hacen daño.

En ese momento poco feliz llegó la catástrofe y el naufragio convirtió al barco en chalupa. La opción favorita de un aventurero sin escrúpulos consiste en mantenerse mientras el cuerpo aguante. Estamos en el grado de inclinación que anuncia el naufragio, por eso nos echarán la culpa de haber dicho ¡Sálvese quien pueda! Conscientes de que ni nosotros ni los pacientes ni los sanitarios sobreviviremos sin grandes destrozos. A él y a los suyos siempre les quedará calificarnos de pájaros de mal agüero, cuando en verdad apenas si alcanzamos al papel de gaviotas entre los restos del naufragio.

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