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Jose Alejandro Vara

Opinión

Mírala, mírala: Vox enfila la puerta de Alcalá

Si en Andalucía, con un candidato ignoto, lograron 400.000 votos, ¿qué no conseguirá Vox en Madrid, su plaza fuerte, el nicho principal de sus simpatizantes?

Santiago Abascal en Málaga.
Santiago Abascal en Málaga. EFE

Extrapolando, que no es científico pero es gerundio. Trasladados los datos de Andalucía a unas elecciones generales, Vox conseguiría 2,7 millones de votos y en torno a 20 diputados. Otros apuntan el 8% del voto y casi 15 escaños. “Geometría variable”, diría Moreno Bonilla. Demoscopia recreativa, apuntaría el analista. A saber.

Otra perspectiva. Si Vox, que no era nada en Andalucía, ha logrado 400.000 papeletas, ¿cuántas conseguirá en Madrid, una de sus supuestas plazas fuertes? Todo es posible, ya se ha visto. Hasta que SuSanidad, la faraona de Triana,  pierda el sillón en el que se aposentaba su partido desde hace 36 años.

La siguiente cita crucial en nuestro ajetreado calendario es el 26-M, salvo que Sánchez decida adelantar, lo que se antoja un imposible. El presidente suma sus días de estancia en la Moncloa como los funcionarios suman sus trienios. Autonómicas, municipales y europeas. Tres en uno. El Superdomingo. "La gran fiesta de la democracia”, que diría Carmen Calvo. Y ahí aparece la batalla de Madrid, la principal atracción de la velada.

En el PSOE, los cuchillos vuelan, y en Podemos se escuchan aullidos, ruidos de gresca, estruendo de trompadas. No hay mejor alimento para la abstención

¿Alguien ha probado el ‘ruso blanco’, ese bebedizo pringoso que ingería por litros el gran Lebowski? ¿Alguien sabe quién será el candidato del PP a la alcaldía? Dos preguntas sin aparente respuesta. Para la primera, basta con mezclar vodka, licor de café y un chorrito de leche y echárselo al coleto. Para la segunda, habrá que esperar. Pablo Casado rumia su decisión en silencio. La irrupción de Vox ha supuesto un cimbronazo que le ha dado la vuelta al tablero. Todo arranca de nuevo. Hasta es posible la defenestración de Carmena, como bien apunta Diego Molpeceres.

Pese a su desnortada campaña, Esperanza Aguirre ganó por los pelos las municipales de 2015. No llegó a la alcaldía porque el PSOE le obsequió el bastón municipal a Podemos a cambio de nada, salvo del ridículo. El próximo mayo es posible asistir a un escenario a la andaluza. El PP, con un candidato insípido, está a dos centímetros de hacerse con la Junta, ese territorio permanentemente prohibido para ‘las derechas’. En Madrid, todavía con un cabeza de cartel difuso, podría recuperar el Consistorio.

La izquierda se resquebraja

Vox moviliza, eso está claro. Es la voz del descontento, defiende valores que otros esquivan y ‘habla muy claro’, como argumentan  sus votantes. La izquierda se resquebraja. En el PSOE, los cuchillos vuelan. En Podemos se escuchan aullidos, ruidos de gresca, estruendo de trompadas. No hay mejor alimento para la abstención.

Vox apunta a Madrid como el momento de su consagración. Comenzó su escalada reventando Vistalegre y pretende decidir ahora quién gobernará la Villa y Corte, quién paseará triunfal por la puerta de Alcalá. Mírala, mírala, por ahí llega, a caballo, la oleada incontenible, ondeando la bandera de España y con hambre atrasada de victoria. Esa “extrema derecha” compuesta por más de 200.000 votantes del PP, 50.000 de Ciudadanos, 30.000 del PSOE y casi 5.000 de Podemos, según testimonia la radiografía andaluza. ¡Qué derecha tan extrema! Los politicólogos están desconcertados y se aferran en sus diagnósticos al flotador del tópico. 

En Madrid, la irrupción de Vox ha supuesto un cimbronazo que le ha dado la vuelta al tablero. Todo es posible, hasta la defenestración de Carmena

Manuela Carmena, acolchada en sus magdalenas y apuntalada por los socialistas, parece inamovible en su trono. Ha convertido a Madrid en una ciudad triste y mugrienta. Ha bloqueado sus arterias, colapsado su corazón, asfixiado sus pulmones. Ha castigado a los contribuyentes, a los automovilistas, a los comerciantes, a los hosteleros, a los empresarios. Ha suministrado subvenciones elefantiásicas a asociaciones fantasma de okupas, republicanos, bolcheviques, holgazanes y animosos detritus en general. Incluso se ha pavoneado de que, en caso de derrota, se irá a su casa y que, en la bancada de la oposición, se quede Rita

PP, Cs y Vox es el trío que decide. Quizás Begoña Villacís, quizás Rocío Monasterio, quizás… ¿Suárez Illana? Todo apunta a un cambio de color en Cibeles. Volvamos al juego de la extrapolación servido por el analista Lorente Ferrer. Sumen ustedes. En unas generales, a la derecha de Pedro, 206 escaños. En la otra banda, PSOE y sus confluencias (Podemos más independentistas) 144. ¿Qué ocurrirá en Madrid? El hombre “es un ser extraordinariamente vano, disperso y fluctuante”, por seguir a Montaigne. Quién sabe, a lo mejor, a la vuelta de unos meses, Madrid vuelva a ser una ciudad abierta. Y Vox, a no dudar, es quien por ahora tiene el abrelatas.

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