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Jose Alejandro Vara

Opinión

Mariano Rajoy, entre pitos y flautas

Tiene 63 años y, como las encuestas no andan bien, ya lo quieren jubilar. En especial los suyos, dicen los estudios demoscópicos. Seis de cada diez votantes del PP anhelan otro candidato

Fernando Martínez Maíllo y Rajoy
Fernando Martínez Maíllo y Rajoy Javier Martínez

Fue en diciembre de 2015, en Pontevedra, en campaña electoral. Un mocetón de 17 años, fornido como un descargador, le propinó a Mariano Rajoy un zurdazo de los que dejan huella. “Tiene dos sueldos”, dijo el energúmeno. “Le diré a mis hijos que la mayoría de la gente es normal”, explicó luego el presidente, amoratado y sin lentes.

Fue aquello un despiste de la seguridad. Rajoy paseaba por su ciudad natal, por la calle mayor, entre sonrisas y parabienes. El chaval incluso era medio familia de Viri, la esposa del presidente. Nada hacía presagiar…

Ahora a Rajoy le pitan. Hay más control en su perímetro cuando pisa calle. En Zamora, donde aún se vota al PP, no se permitió a la gente acercarse al Ramos Carrión, el coqueto teatro ahora restaurado, para ver al presidente. “Si entra en mi tienda, le digo que fuera”, comentaba una paisana ante el ‘cerrojo’ policial. No pudo escucharla Fernando Maíllo, coordinador general del PP, que, zamorano de pro, oficiaba de anfitrión.

¿Rajoy suma o quita votos? No todos lo tienen tan claro como el cancerbero de Génova [Maíllo]. Vendrán más pitadas. Se estrechará el cerco de seguridad

Estos días también le han pitado en Cádiz y en Alicante, bien sabe Carmen. No son chavales, como el idiotizado mameluco de Pontevedra. Son los pensionistas, las feministas, los podemitas, gente del común cabreada por lo suyo. Rajoy se mueve mucho. Casi no hay sábado o domingo que se desplace a alguna ciudad, un pueblo, un campo, una bodega. Parece en campaña.

Tiene 63 años y, como las encuestas no andan bien, ya lo quieren jubilar. En especial los suyos, dicen los estudios demoscópicos. Seis de cada diez votantes del PP anhelan otro candidato, se leía por ahí. Rivera se frota las manos y se sube al 155, que cotiza al alza en los sondeos.

Faltan dos años, repite el presidente. “Yo le veo con fuerzas para seguir. Y algo sabré. Veo una persona comprometida con España y con su partido. Y puedo hablar con cierta autoridad. Le aseguro que no veo cercano el relevo de Rajoy”, decía este domingo Maíllo en ‘La Razón’. Algo sabe, en efecto. Pocos hablan tanto con el presidente.

Crecen las dudas. ¿Rajoy suma o quita votos? No todos lo tienen tan claro como el cancerbero de Génova. Se extiende la especie de que el presidente ha pasteleado con el PNV su continuidad en el poder a cambio de entregar Cataluña a los supremacistas. Me apoyas los presupuestos y yo retiro el 155. No bloqueo el voto de los fugitivos. Así se hizo. Y llegó el KKK.

Vendrán más pitadas. Se estrechará el cerco de seguridad. Cada afrenta de ese Torra, cada insulto racista, se estampará en el frontispicio del Estado. Y en la frente de Rajoy. Así que pasen dos años, todo es posible. Hasta que decida repetir. Aunque campen los golpistas, aunque arrolle Cs en las municipales, aunque el PP pierda Madrid.

Dos años, repiten en Moncloa, es mucho tiempo. En especial si cada domingo aumenta el tono de las pitadas. Una incómoda sinfonía callejera. Como dijo el chulo del distrito V: pim pam pim pam hasta el infinito. Un zumbido que se convierte en estruendo, como un rencor insuperable. Cada domingo un viacrucis. Quizás, aunque sus centuriones le vean ‘con fuerzas’, mejor sería dejarlo. No darle más vueltas, Allí sólo crece la pesadilla.  



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