Opinión

Contratar a la mujer de Puigdemont es trabajar por la independencia

El expresidente Artur Mas (c); el escritor y divulgador Eduardo Punset (i), y Marcela Topor, esposa del presidente de la Generalitat cesado, Carles Puigdemont.
El expresidente Artur Mas (c); el escritor y divulgador Eduardo Punset (i), y Marcela Topor, esposa del presidente de la Generalitat cesado, Carles Puigdemont. EFE

Claro que sí, guapi. A la esposa del fugado Carles Puigdemont la acaban de contratar la Diputación de Barcelona, gobernada por los separatistas, para que haga un programilla de tele. Justo lo que necesitábamos lo contribuyentes.

No hay nada más lindo que la familia unida

A estas alturas del partido no creo que muchos se sorprendan. La esposa del fugadísimo de Bruselas, Marcela Topor, se encontraba sin trabajo y “alguien” ha decidido echarle un cable. La señora, que dice ser periodista, se encontraba hasta ahora aportando su talento profesional en la televisión propiedad del grupo El Punt-Avui. Para aquellos que desconozcan la historia de ese medio, se la resumiré brevemente.

De la misma forma en la que ahora los grupos de presión separatistas claman por disponer de más licencias de televisión – se ven venir el declive del chiringuito y quieren amarrarse lo suyo -, en su día ya se intentó copar aún más si cabe el negocio. Vamos, que la voluntad de omnipresencia en lo que se ve o escucha en los domicilios de los catalanes no viene de ahora.

Como sea que ninguna cadena o diario de corte nacionalero ha tenido jamás posibilidades de supervivencia, atendiendo solamente a las leyes de mercado que son unas cabronas, siempre han recurrido a las generosas subvenciones que la Generalitat, léase Convergencia, les daba. Sirva como ejemplo la ruina económica que arrastra el Grupo Godó con su televisión 8tv, su emisora de radio RAC1 e, incluso, con La Vanguardia. Si no fuese por las subvenciones y la publicidad institucional hace años que habrían tenido que cerrar el quiosco.

Pero como en Cataluña es muy fácil ser empresario de comunicación, siempre que estés dispuesto a cuadrarte delante de Palau, los señores del grupo El Punt-Avui – fusión del histórico diario convergente AVUI y del no menos pro nacionalista El Punt – que estaban en quiebra, compraron a Nicola Pedrazzoli, empresario italiano amigo de Berlusconi, así como amigo personal también de Artur Mas y David Madí, su cadena, Canal Català, por una cifra francamente astronómica. ¿De dónde sacaron los millones, si estaban a punto de quebrar? ¿Por qué vendió su canal Pedrazzoli, desapareciendo después, no tan solo del panorama televisivo, sino incluso del territorio nacional? Algún día se lo contaré. En resumidas cuentas, la nueva cadena bautizada con escasa imaginación como Televisió El Punt-Avui se convirtió en un anuncio non stop del proceso. Hacía parecer a TV3 como la Sexta en un mal día.

En ese medio rancio, antiguo, carca y sectario trabajaba, volviendo al relato, la señora Topor. Todo iba bien, bueno, para ella, hasta que los bravos independentistas de tele proceso, como la llamaban algunos malvados, decidieron que ni con la pasta de la Generalitat les salían los números. Hicieron un ERE, echaron a noventa y un trabajadores y cerraron la redacción de Barcelona. Espero que los supermercados, el negocio original del propietario del asunto, no tengan que aumentar también el precio de las coca-colas. Sería terrible.

Así que ya tienen a la señora Topor sin trabajo. Pero como siempre hay un Dios que vela por los afligidos, acaban de contratarla en otro medio tan imparcial y aséptico como el del que procede. Al resto de sus compañeros, afectados por el ERE, va’ a fanculo, que dirían en Italia. Dios no puede estar por todo el mundo, caray.

De la ortodoxia socialista a la ortodoxia nacionalista no hay más que un micrófono

Cuando gobernaban los socialistas, pensando que iba a durarles hasta el fin de los tiempos, algunos pensaron que se tenía que plantar cara de alguna manera al imperio televisivo y radiofónico de Jordi Pujol. Ni cortos ni perezosos, aquellas eminencias del PSC decidieron articular a las emisoras municipales, la mayoría pertenecientes a ciudades donde gobernaban, en una red amparada bajo el paraguas de la Diputación de Barcelona. Así nació la COM, Catalunya OnaMunicipal. Cometieron varios errores, uno de ellos el de contratarme, pero el más grave fue encargar el producto a los nacionalistas del PSC. Como lo oyen. Con el control ideológico basado en la barretina, la sardana y los pronombres débiles por parte de algunos cargos de la casa, los que no estábamos en la onda nacionalera lo pasábamos francamente mal. Porque aquello fue refugio de gentes que, habiendo trabajado para Catalunya Ràdio o TV3, se encontraban en situación de disponible. Josep Cuní, Sílvia Cóppuloet altri, ya les digo, cortaban el bacalao en una emisora, en teoría, rojeras. De aquellos años guardo un recuerdo imborrable de Enric Sopena y Celestino Corbacho. Cada uno desde su sitio, fueron los únicos que intentaron hacer algo distinto a Catalunya Ràdio y TV3. Por eso no duraron.

Cuando la cosa cambió de color y Convergencia ganó en Barcelona, mientras que el PSC empezaba su Descensus Avernii, la COM y su homónima televisiva, La Xarxa, acabaron por depurar lo poco que había de rojerío e, instalándose en la lógica procesista, emplearon aquella red a mayor gloria de todo lo que fuese independencia.

A ese lugar irá la señora Topor. ¿Y qué va a hacer?, se preguntarán ustedes. Algo imprescindible a día de hoy en estas tierras: un programa en inglés, porque aquí hay nivel, señores, de entrevistas, cultura, turismo y temas sociales. Es decir, nada. Cuando me han presentado algún formato de este tipo siempre pienso que alguien que piensa cobrar por no trabajar. La indefinición de los programas contenedores es total. El cajón de sastre suele acabar en cajón desastre.

La cosa no será, sin embargo, grano de anís. Son cuarenta y dos emisoras de televisión locales las que acogerán a Marcela Topor, sin duda con la calidez y ansiedad que despierta un programa de esta naturaleza. Hay que decir que nunca he escuchado al comité de empresa de dicha emisora decir ni mú acerca del sectarismo convergente ni de los terribles recortes a los que se vieron sometidos, ni mucho menos de la censura, acoso y derribo que padecimos algunos en su día. Tampoco espero que digan nada ahora con el rutilante fichaje de la Topor.

¿Preguntarán cuánto va a cobrar? ¿Llevarán los sindicatos a juicio el contrato, si lo hay? ¿Le harán boicot? No lo creo. La recibirán en palmitas, le darán tratamiento de primera dama y allí estará hasta que se canse o conviertan todo aquel tinglado en unos recreativos o un bingo.

Me dicen que los emolumentos que percibirá la señora son modestos: unos mil seiscientos euros al mes. Teniendo en cuenta que su marido tiene derecho a percibir nueve mil euros mensuales brutos, la suma no está mal. No sufran por la economía familiar de estas buenas gentes. Pero no es eso lo que quiero señalar. La cifra de la señora Topor está en la banda alta de lo que cobra una persona de mi gremio hoy en día, y más si es mujer y tiene más de cuarenta años. No estaría de más que el Consejero Delegado de la Xarxa, Francesc Pena, íntimo de Francesc Homs, saliera a la palestra a explicar el cómo, por qué y cuánto del tema.

Claro que, como buenos convergentes, deben pensar que hablar de dinero en público no fa senyor, no es cosa de caballeros. En este caso el sobado refrán burgués no es válido. Hablamos de una señora. En tiempos de portavoces y portavozas o miembros y miembras, estaría muy bien dar ejemplo y que explicar cuáles son los méritos que han considerado para contratar a la esposa del expresident, habiendo como hay tanta compañera periodista sin currele, con currículums impresionantes y una experiencia imbatible. Conozco a unas cuantas, Pena, penita, Pena. Si quiere, le paso la lista. Eso sí, ya le prevengo: ninguna es esposa de expresident.

Cachis. Si es que no se puede tener todo.



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