Jorge Vilchesvozpopuli autores
Jorge Vilches

Opinión

Madurar o morir, el problema de Ciudadanos

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera EFE

El problema de los movimientos reactivos que se constituyen en partido, como el que animó la creación de Ciudadanos en 2006, es que con el tiempo la gente se dé cuenta de que no había nada más que eso: la manifestación de un rechazo, la repulsa a la hegemonía asfixiante de un gobierno, o la organización de los indignados. Y esta es la duda que hoy planea sobre la formación de Albert Rivera, justo ahora que está muy cerca del poder. 

No es lo mismo hacer oposición que gobernar. La sociología norteamericana tiene muy estudiada esta cuestión. La vocación reactiva de una candidatura o de un partido fraguado en críticas y eslóganes contra lo establecido, que se resiste a participar sistemáticamente en los gobiernos, acaba sepultando la realpolitik por la retórica de oposición, y convierte las diatribas y el oportunismo dialéctico en su leitmotiv. La clave para salir de ese hoyo es romper las estructuras de poder interna y su dinámica, asentadas en muchos casos solo en la efectividad de la crítica, no en la de presentar una alternativa real.

Ese es parte del problema de Ciudadanos: la distancia entre su esencia opositora y gratuita, y el coste que supone la responsabilidad. De hecho, es evidente la contradicción de presentarse como garantes de la estabilidad y, al tiempo, su deseo de ser la más feroz oposición al gobierno. El hecho es que la formación de Rivera valora más su discurso de oposición que el dar estabilidad. 

Es como aquello que dijo Nicolás Salmerón el 2 de enero de 1874 tras hacerle la vida imposible al gobierno de Castelar, un republicano conservador y de orden que combatía contra carlistas y cantonales: “Sálvense los principios y perezca la República”. Bien. Pues no se salvaron ni unos ni otros. Del mismo modo, Rivera no da estabilidad al gobierno de Rajoy, ni consigue el cumplimiento de sus objetivos regeneracionistas; solo es oposición y a medias.

A los podemitas no les ha servido para subir en las encuestas, o demostrar que son la verdadera izquierda que va a librar al Estado español del yugo de la malvada derecha"

La dificultad de traducir una rabia, un desasosiego o un malestar en un partido viable y creíble para una mayoría es su propia naturaleza y la estructura de poder que se forma. Eso mismo pasó con el 15-M, cuando se produjo el encuentro de los descontentos de la izquierda “acomodada” con los movimientos sociales. Todos se creyeron uno solo embarcados en el momento justo contra la casta y su régimen que, tras las protestas y las fotos vintage del 68, no supieron traducir en una propuesta alternativa coherente ni atractiva para la mayoría. Se transformaron en un producto televisivo -porque eso es Pablo Iglesias y su agrupación- que está pasando de moda.

El momento crucial es el de aceptar o no el poder. Iglesias no lo quiso para sí si no era en exclusiva y despreció a Pedro Sánchez, pero no pudo evitar que lo asumieran los podemitas en los ayuntamientos. “Las ciudades del cambio”, dijeron en ese tono épico tan propio del marketing adanista. Iglesias dijo que Podemos era pistola de una sola bala; es decir, o llegan al poder absoluto a la primera, o nada. Cierto. Sabía que los movimientos sociales que se convierten en partido se alimentan de emociones y demagogia que como discurso político tiene un recorrido corto. Una vez tocado el poder en los ayuntamientos, las frases sobre los cientos de miles de niños desnutridos, por ejemplo, serían inútiles e incluso risibles.

La retórica de oposición casa mal con la acción de gobierno. La experiencia de Podemos ha sido determinante. A los podemitas no les ha servido para subir en las encuestas, o demostrar que son la verdadera izquierda que va a librar al Estado español del yugo de la malvada derecha. Todo lo contrario. En cuanto la momia de un Lenin posmoderno ha asomado la hoz por debajo de la puerta municipal, los votos han salido por la ventana. El discurso opositor como único patrimonio es lo que les hace sacar a Franco una y otra vez, homenajear a chequistas o cambiar el nombre a todo.

La gran tarea que tiene Ciudadanos por delante, y de la que el electorado se dará cuenta cuando pase el calentón por la cuestión catalana, será la de madurar como opción política"

Eso es lo que acongoja a Ciudadanos, que tocar el poder o presentar una alternativa real de gobierno desmorone su esencia de movimiento reactivo, que tiemblen sus estructuras internas de poder, o que mancille su impoluta imagen. El caso de la negativa de Inés Arrimadas a iniciar contactos para presentar un gobierno tras ganar las elecciones del 20-D es muy indicativo. Podía Cs perder la batalla aritmética, pero ganaba la batalla política aquí y en el resto del mundo.

La gran tarea que tiene Ciudadanos por delante, y de la que el electorado se dará cuenta cuando pase el calentón por la cuestión catalana, será la de madurar como opción política. Tendrá que traducir su naturaleza de oposición crítica, reactiva, en una propuesta positiva que vaya más allá de las grandes palabras, del desiderátum encantador pero peligroso de la regeneración, sobre la base de unos pilares políticos sólidos y reconocibles.

El posicionamiento político diario en temas como la prisión permanente revisable, el MIR docente, o la equiparación de sueldos policiales, a golpe de encuestas o de sucesos, en donde la gente percibe el cambio acomodaticio de opinión, puede ser tan nocivo para la vida de Ciudadanos como lo fue el poder municipal para Podemos.

No quiero ni pensar cuando el PSOE lleve al Congreso la reforma de la Ley de Memoria Histórica, con su estalinista “Comisión de la Verdad”, si Ciudadanos se abstiene, o sale con una propuesta improvisada que dé la razón a todos y a nadie.  



Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba