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Verónica Fumanal

Opinión

'Madridgate'

Las rencillas en el Gobierno de la Comunidad de Madrid han estallado. Ahora queda por saber si será posible reconducirlas

La candidata del PP a la Presidencia regional, Isabel Díaz Ayuso (i), y el líder de Ciudadanos, Ignacio Aguado (d)
La candidata del PP a la Presidencia regional, Isabel Díaz Ayuso (i), y el líder de Ciudadanos, Ignacio Aguado (d) EFE

En todo gobierno siempre hay cuestiones que se escapan a los ojos del elector. Algo similar ocurre en una familia en la que las fotos con sonrisas de las ocasiones especiales esconden intrigas, fobias, enfados, envidias, competencias y otras rencillas que no se ven hasta que en uno de esos momentos donde se tensa el ambiente algo más de lo normal, explotan las cuentas pendientes y ¡boom!. Si esto ocurre en familias y en gobiernos de un mismo color político, donde existen lazos ideológicos y afectivos intragrupo, imagínese el lector en gobiernos de coalición, donde personas que hasta hace unos meses competían con todas las armas para hacerse con el poder, deben empezar a cooperar.

El poder hace la unión y la unión hace la fuerza, así que normalmente, los gobiernos de coalición ponen todo su empeño para que el vínculo funcione, al menos hasta que se acerca el tercer año de legislatura, momento en el que se empiezan a evidenciar las rencillas que obviamente los hacen incompatibles en una campaña electoral en la que de nuevo deberán competir… o vamos a decirles a los electores que es igual que voten a uno que a otro. Efectivamente, no. Este relato a ustedes, personas interesadas en la política, sin duda les suena. Pero lo que es inaudito es que la guerra en la Comunidad de Madrid haya empezado, cuando apenas se cumple un año de que se celebraron las elecciones.

Cruce de acusaciones

Hace unas semanas que saltó la primera chispa pública entre Ayuso y Aguado a cuenta de la necesidad de que los niños salieran a la calle. El dirigente de Ciudadanos abanderó la necesidad de las salidas, mientras que la presidenta era más prudente. Igual que en la 'desescalada', cuando se produjo la segunda, Ayuso volvía a ser más templada sobre la superación de la fase 0, mientras que el naranja apostaba por la reactivación económica urgente.

Estas disparidades de criterios públicos iniciaron una batalla que ha ido recrudeciéndose a cada paso, y ha derivado en un cruce de acusaciones públicas. Este sábado Aguado advertía a Ayuso en una entrevista en el Confidencial y aseguraba que la CAM no puede ser la oposición a Sánchez, que para eso está el Congreso. Este duro titular era una enmienda a la totalidad a la política de la presidenta. Tan sólo dos días antes, Ayuso había lanzado una acusación velada a sus socios naranja de inventar, manipular y publicar en el portal de transparencia un supuesto contrato que podría demostrar un presunto caso de trato de favor sobre el apartahotel de lujo donde lleva viviendo desde principios de marzo. Para dirimirlo, se ha puesto en marcha una investigación pública que obligará al gobierno a señalar culpables con luz y taquígrafos.

Pero para llegar al fondo del asunto, no vale hablar de naranjas y populares en una guerra en medio de una crisis sanitaria, social y económica sin parangón. Hay que aclarar que la dirección de Inés Arrimadas no estaría en el juego de Aguado; es más, según fuentes de la dirección nacional naranja no dan crédito a lo ocurrido, y no solo lo condenan, sino que no se explican qué puede perseguir al que ya tildan de verso suelto, Aguado y sus acólitos en el gobierno de la CAM.

Aguado se ofreció como candidato a las primarias en el momento en el que que las lágrimas corrían por las mejillas de los que acompañaban a Albert Rivera en su súbita despedida

Es bien cierto, que Aguado nunca se consideró un 'inesista' convencido. Es más, cuando la actual presidenta todavía no había dado el paso de presentarse, pero estaba en todas las apuestas, Aguado se ofreció como candidato a las primarias en el momento en el que que las lágrimas corrían por las mejillas de los que acompañaban a Albert Rivera en su súbita despedida. Y, por cierto, para lo que puedan pensar que es Rivera quien está detrás de esta crisis, solo hace falta recorrer su time line para darse cuenta que defiende más la gestión de Ayuso que la de Arrimadas, a la cual, no cita desde que la felicitara el pasado 9 de marzo por su victoria interna.

La del Gobierno de la Comunidad de Madrid es una trama política como hace mucho tiempo que no veíamos. Solo falta escudriñar el porqué, cuáles son los objetivos de Aguado, provocar una moción de censura con tres de sus diputados como publicaban esta semana; desgastar a Ayuso y forzar una 'salida Cifuentes' provocada por una nefasta gestión de comunicación del tema del apartotel; irla minando, algo que sabe hacer solita, durante toda la legislatura hasta que la líder del PP decida romper el Gobierno y convocar elecciones anticipadas.

La verdad aún está ahí por descubrir. Lo que no parece muy sostenible es un Gobierno que se desgasta mutuamente en medio de una situación tan disruptiva como la que estamos sufriendo. Las rencillas en la familia del Gobierno de la CAM han explotado. Ahora solo queda saber si es posible reconducirlo o acabará en divorcio anticipado. Estamos ante una trama de poder, deslealtad … un 'Madridgate' en toda regla.

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