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Miquel Giménez

Opinión

Libertad de expresión y Rafael de León

Pitar al rey es libertad de expresión pero que suene el himno nacional cuando Torra pone flores el 11 de septiembre es boicot. Tracatrá

La portavoz del Govern, Meritxell Budó
La portavoz del Govern, Meritxell Budó Europa Press

La monolingüe tarta voz del Govern, señora Budó, ha dejado claro en rueda de prensa el concepto de libertad que tienen los separatistas. ¿Viene Felipe VI al Camp Nou y le orquestan una pitada de padre y muy señor mío mientras suena el himno nacional, con Artur Mas a su lado poniendo risita de conejo? Es libertad de expresión y la sana expansión del poble sobirà. Pero si alguien decide que suenen las notas del himno de España durante la ofrenda floral a Rafael de Casanovas, Budó dice iracunda que eso es una acción incívica, una falta de respeto, un boicot. El chunda-chunda a toda castaña estando Torra con sus mariachis poniendo unas florecitas a don Rafael, ¡hasta aquí podíamos llegar! Menos mal que la Genestapo acudió presta a identificar a los culpables. A la que te descuidas, los españolazos te la lían.

Normal. Los separatas, y más si son del sector señorita Pepis, están acostumbrados a que los únicos que hacen sonar el pito son ellos. Tienen plantaciones inmensas en las que cultivan las ofensas, los agravios y la lágrima fácil y a estas alturas a ver quién es el guapo que les disputa el monopolio. Vean, si no, a la señora Borras, a la que le podrían recitar perfectamente los versos de Rafael de León “María Manuela, ¿me escuchas? Yo de vestíos no entiendo, ¿pero te gusta de veras ese que te estás poniendo?”. Ahí la tienen, acudiendo a Zarzuela jacarandosa y con más orgullo que Don Rodrigo en la horca, porque ella no va a decirle al jefe del estado qué piensan hacer los de su club social respecto a la investidura del bachiller Sánchez, no se equivoquen.

Ella va a decirle cuatro cosas muy claritas al monarca, cuidadín, cosas que sabe que no le gustan al Borbón, ¡ah, amigo!, menudo es, el Borbón, y menuda es ella pa sus cosas, amos, amos, porque ella ha ido a colegio de pago que, si no, le diría muchas más y agarrarla que se pierde. La señora vestida por su peor enemigo, “Esa gachona, ¿quién es? ¿una secretaria de esas que beben champán francés?”, suelta todo eso quedándose tan ancha tras la reunión con el monarca y, hala, a comer, que ya nos hemos ganado el sueldo. Que a don Felipe le pueda parecer o no una señora pesadísima, aburridísima, sosísima y mal vestidísima le da igual, porque es ella la que tiene derecho a faltar el respeto y nadie más, así que ya se guardaría muy mucho el rey de decir nada. Ignora la ignara, y perdón por el juego de palabras, que el rey jamás replicará a su mala educación porque es un caballero y porque él sí que conoce a la perfección para que le pagamos los españoles, no como ella.

Ambas las dos, Pili y Mili, Borrás y Rahola, se meten con el jefe del estado presente y con el anterior, y defienden que se les silbe, que se les increpe, que se quemen sus efigies en aras de la libertad de expresión, pero siempre la suya

O ahí tienen también a la señora Rahola, que está estos días volviendo a explicar por enésima vez que el rey emérito le tocó el seno, vulgo teta, “haciéndole un zumo de naranja”, a saber, magreando la cosa mamaria. La anécdota la relata Rahola hace tiempo y, la verdad, mejora con los años – la anécdota, no Rahola - porque le va añadiendo más y más elementos, tal y como debe ser cuando revisas una obra de ficción.

Ambas las dos, Pili y Mili, Borrás y Rahola, se meten con el jefe del estado presente y con el anterior, y defienden que se les silbe, que se les increpe, que se quemen sus efigies en aras de la libertad de expresión, pero siempre la suya. Pueden colgar lazos, pancartas, vulnerar leyes, da lo mismo, porque tienen derecho, ¿entienden? A los demás, a los que no somos de su cofradía, bastante hacen con permitirnos respirar el mismo aire. Dentro de su cosmovisión totalitaria también quieren detentar el monopolio del pito, el insulto y la ordinariez. Que lo maquillen de democracia y oposición a una España dictatorial da lo mismo. Es lo que tienen determinados afeites, por muchos que te apliquen acabas por mostrar tu auténtico rostro. Lo que decía el verso de don Rafael, vamos, “Pero antes de que te vistas coge un poco de agua clara y afuera los melinotes que te embadurnan la cara; ni más carmín, ni más cremas, ni más tintes en el pelo, no te aguanto más colores que los que te puso el cielo”.

Pues eso, señoras.

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