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Miguel Alba

Opinión

Caruana, los favores y la presidencia de BBVA

Imagen de archivo del exgobernador del Banco de España, Jaime Caruana.
Imagen de archivo del exgobernador del Banco de España, Jaime Caruana. Ballesteros

Sucede en el Gobierno que la sucesión de Mariano Rajoy tiene al partido metido en la nevera. Todos, entendido por todos, aquell@s que aspiran al dedo sucesorio, prefieren no moverse o hacerlo tímidamente para no quedarse apeados de una carrera que, por este y otros motivos, ha condenado a esta legislatura a malvivir en la parálisis sine die. Minutos de la basura hasta 2020 porque Rajoy, en un ejercicio de funanbulismo político, se llega a plantear incluso hasta una tercera prórroga de los presupuestos. El panorama es desolador en los labios de algunos dirigentes del PP. “No habrá ni reforma constitucional, ni de la financiación autonómica, ni reforma de las pensiones”, sostenía estos días de atrás un residente de Génova 13. Todos los huevos parecen puestos únicamente en la cesta catalana y en esas decisiones que sirven para pastorear votos (sueldo de funcionarios, oferta de empleo público…) frente a la catarsis estructural que necesita nuestra economía.

Sucede en BBVA que la sucesión de Francisco González también altera los biorritmos del banco. Más cuando Jaime Caruana ocupará uno de los sillones de su Consejo desde junio próximo, fecha en la que quedará desligado de sus obligaciones con el Banco de Pagos Internacionales (BIS) Un independiente en la ‘corte’ de FG llamado a empresas mayores en el futuro de la entidad una vez que el banquero gallego abandone su despacho de La Vela en 2019, con 75 años en el DNI. “Hace dos años, creo que fue en Davos, dije que la edad de jubilación del banco de acuerdo con los reglamentos era 75 años y eso no va a variar: cumplo 75 años el año que viene. El Consejo está trabajando en este momento en el plan de sucesión del presidente, yo también en la medida que pueda me voy a involucrar mucho en ese tema. Pero la buena noticia es que creo que tenemos un equipo fabuloso y que no va a haber sorpresas”. El autor del entrecomillado es el propio González hace unas semanas, durante la presentación de los resultados anuales del banco.

En BBVA la sucesión de Francisco González altera los biorritmos del banco, más cuando Jaime Caruana ocupará uno de los sillones de su Consejo

Por entonces, no había nombres pero sí muchos rumores de la llegada de un consejero con pedigrí que sumara lustre al próximo gran relevo de la banca española, tras el fallecimiento de Emilio Botín y la salida de Isidro Fainé de Caixabank. Y en esto aparece Caruana. El tecnócrata que desde el Banco de España tuvo que lidiar en las dos últimas grandes crisis de BBVA. Curiosamente, la primera sobresaltó al mundo de la banca tras la fusión entre el BBV de Emilio Ybarra y la Argentaria presidida ya por González en enero de 2000. Meses después de la operación Ybarra informaba a FG de las cuentas secretas de BBV en paraísos fiscales. Terminada la reunión, tensa y cargada de decibelios, según recuerdan ahora algunos de los actores de aquella época, ambos copresidentes deciden aflorarlas al cierre de ese ejercicio contable. La decisión implicaba dar traslado al gobernador del Banco de España de la época, Jaime Caruana, quien además de dar traslado a Rodrigo Rato, por entonces rey omnipotente de la economía española, decide abrir una investigación en BBVA para conocer el funcionamiento de esas cuentas opacas. El calendario de acontecimientos jugó rápido en favor de FG. En diciembre de 2001, González se convirtió en presidente único de la entidad tras la dimisión anticipada de Emilio Ybarra. Tres meses después, González completa la renovación del Consejo, dejando sin espacio alguno a las históricas familias procedentes del Bilbao Vizcaya. Apenas José Ignacio Goirigolzarri, el joven CEO, aportaba ese apellido vasco en el remozado BBVA de FG.

Clave fue también la labor de Caruana en aquel asalto al poder que intentó Luis del Rivero, desde el cetro de Sacyr, como líder de una rebelión accionarial con el único objetivo de defenestrar a González de la presidencia de BBVA. Algunos, incluso, consideraron que Miguel Sebastián, el jefe de la Oficina Económica de aquella destartalada Moncloa de José Luis Rodríguez Zapatero, fue una de las manos que mecieron la cuna de aquella conspiración, frenada desde el Banco de España, al imponer que era necesario detentar entre un 3% al 5% de su capital para poder acceder al Consejo. Aquél intento de moción de censura aún permanece notablemente presente en el recuerdo del banquero gallego. “Es muy difícil saber cuál es el legado de uno, después de 23 años en el cargo. No voy a escribir un libro porque mi familia no me deja. Este banco si ha acreditado que es serio, sólido y que no se deja achantar por el poder político. Ha habido momentos duros de gobernanza propiciados por el poder político de su momento. Hubo momentos que una constructora pequeña, apoyada por el gobierno de turno, quiso hacerse con este banco y supimos aguantar. Esto es para mí lo más importante”, sostiene González.

“Jaime (por Caruana) actuó poniendo cordura en el intento de un asalto político que tenía mucho de ajuste de cuentas frente a FG y círculo de amigos en el PP”, recuerda en el presente un actor de aquella ‘batalla’ de accionistas. Uno de los muchos en el sector empresarial que entiende la llegada de Caruana al Consejo de BBVA como un pago por aquellos favores. FG ya quiso fichar a Caruana antes de su etapa en el BIS pero algunas fuentes sostienen que el propio Rajoy frenó ese movimiento para promover la llegada de José Manuel González Páramo, el último hombre fuerte de España en el Banco Central Europeo.

La llegada de Caruana es el final de cualquier posibilidad sucesoria de González Páramo

La llegada de Caruana es el final de cualquier posibilidad sucesoria de González Páramo. El BCE, una institución de tecnócratas, ha decidido convertir las presidencias de los bancos europeos en una sucesión de sillones para otros tantos tecnócratas. Y en esa guerra interna de tecnócratas, Caruana está mejor posicionado que González Páramo. Incluso desde el propio banco no se esconde que la figura de Caruana, como consejero independiente, irá ganando más protagonismo en el futuro. “El lobby de los tecnócratas es cada vez más fuerte en el BCE. Su apuesta es que estos tecnócratas vayan asumiendo presidencias no ejecutivas de los bancos europeos según se van efectuando los relevos”, aseguraba la pasada semana el presidente de uno de los grandes bancos españoles. “Caruana será el presidente de BBVA, sin duda”, sostiene.

Otros banqueros sostienen este mismo argumento. “El BCE es ahora todopoderoso. Su capacidad para frenar o vetar un nombramiento de un consejero, presidente o CEO es absoluta. Sucede también al contrario. Cuando están a favor de un determinado candidato apenas hay tiempos de espera”, explican desde la cúpula de un par de entidades. En ese camino de la sucesión de FG, todo se habla con el BCE. Todo se consensua con Francfort. “BBVA lo presidirá quien quiera González, pero también quien quiera el BCE”, sostiene otro banquero.

Los tecnócratas aúpan a Caruana como el futuro chairman, presidente no ejecutivo, de BBVA, puesto desde el que controlaría al primer ejecutivo, el actual CEO Carlos Torres. Un esquema de gobierno corporativo habitual en otros países, reclamado además por los grandes fondos de inversión para las sociedades cotizadas. Un razonamiento perfecto para que FG presente, en poco más de un año, a Caruana, su delfín en la sombra, como su sucesor.

@miguelalbacar



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