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Karina Sainz Borgo

Diario de la cuarentena (17)

Ítaca puede ser varias cosas a la vez

Como el corredor de fondo o el escritor, el confinamiento es un acto solitario. Porque, aún rodeado de gente, los desiertos se amplifican

Imagen de archivo de un corredor.
Imagen de archivo de un corredor. US Coast Guard Academy (Flickr, CC)

Las rutinas dan sujeción, pegan los pies a la tierra. Imponen un orden y delimitan los estados de ánimo para que no se desparramen y se mezclen hasta formar un sindiós de euforia y abatimiento. La melancolía, como el agua, es difícil de recoger una vez derramada. Y tras 17 días de encierro, hasta la razón se reblandece.

La flacidez más complicada no es la de los músculos, sino la de la voluntad. Delimitar y compartimentar permite relacionar asuntos y sobrellevarlos. Un escritor y un maratonista tienen mucho en común, con el agravante de que el maratonista no puede dar marcha atrás, mientras que el escritor avanza, la mayoría de las veces, retrocediendo. ¿No es así la vida también?

Hay un viaje implícito, una odisea individual en la que Ítaca puede ser varias cosas a la vez...

La cuarentena tiene algo de eso. Como el corredor de fondo o el escritor, el confinamiento es un acto solitario. Porque, aún rodeado de gente, los desiertos se amplifican. Hay una meta: llegar, pero importa aún más el cómo. Hay un viaje implícito en ese tránsito, una odisea individual en la que Ítaca puede ser varias cosas a la vez. Una forma de volver a casa sería, por ejemplo, salir de ella.

Tengo una buena y brillante amiga, lectora impenitente y perseguidora de Virgilio, que en estos días ha cambiado su nombre a teniente O’Neil, en alusión a la protagonista de aquella película dirigida por Ridley Scott en la que Demi Moore daba vida a la primera mujer en unirse a los SEAL, la unidad de elite de la Marina de los Estados Unidos.

La teniente O’Neil tiene todas las de perder. Nadie espera que resista, porque más de la mitad de los hombres que aspiran a permanecer en la unidad no son capaces de completar el duro entrenamiento físico, ni la presión psicológica. Pero O’Neil no está dispuesta a darles el gusto.

Estar aislado es una tarea ciclópea, bastante más dura que una maratón o un manuscrito de trescientas páginas, es algo que nos supera

Como toda película de superación, está impregnada de ese tufillo de irrealidad que convierte la vida en caricatura, pero no por ello la metáfora cae en saco roto. De la teniente O’Neil no nos importa el hecho de que sea militar, sino que enfrenta una situación que la sobrepasa. Domeñar el caos, de la misma forma que un escritor debe sujetar las palabras para que una historia no parezca un carro tirado por cuatro caballos, cada uno en una dirección distinta. 

No soy partidaria, lector, de entender la pandemia como una guerra, pero sí como una situación cuyas drásticas proporciones recubren el mundo de una película de irrealidad. Estar aislado es una tarea ciclópea, bastante más dura que una maratón o un manuscrito de trescientas páginas, es algo que nos supera y al mismo tiempo nos sumerge en un viaje donde el mayor logro es convivir con uno mismo sin hacerse daño.

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