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Miquel Giménez

Opinión

Inés Arrimadas y los cantos corales

La líder y diputada de Ciutadans, Inés Arrimadas.
La líder y diputada de Ciutadans, Inés Arrimadas. EFE

Andan los separatistas siempre calculadora en ristre, computando las adhesiones inquebrantables. A la líder de Ciudadanos Inés Arrimadas no es la primera vez que le reprochan públicamente que nunca cante 'Els Segadors'. La última ha sido en RAC 1, emisora del Grande de España y Conde de Godó.

¿Por qué no canta Els Segadors en el Parlament?

Sin duda, es la pregunta que se está formulando el mundo mundial a propósito de la situación política catalana. Atento, es un decir, seguidor de la misma, el incombustible periodista Jaume Barbará así se lo soltaba a la líder naranja. Inés, que no es la primera vez que tiene que escuchar tamaña estupidez, le ha respondido lo de siempre, que ella es libre de cantar o no, que se extraña de que en pleno siglo XXI haya alguien que se dedique a repasar vídeos para ver quién canta y quién no canta, que es normal respetar el himno, pero no es obligatorio entonar sus estrofas, en fin, respuestas de adulta a un parvulito especialmente lerdo.

Como Barberá sabe muy bien quién le paga las facturas, ha insistido diciendo que ningún diputado de Ciudadanos entona el himno catalán, e Inés, que sabe muy bien que política equivale a pedagogía –lo dijo Rafel de Campalans– ha insistido en el argumentario lógico y razonable. Pero ya hemos dicho innumerables veces que con estas gentes de nada sirve apelar a la razón. Lo suyo son tópicos, clichés y consignas. De manera que Barberá ha dicho con la misma solemnidad de aquel monarca que no era ni burro ni sabio: “¿Sabe usted si alguien de su partido ha cantado alguna vez 'El novio de la Muerte'?”

Paren las rotativas, porque la pregunta es digna de obtener los premios Pulitzer, Mariano de Cavia y el Nobel de lo que sea. Aquí Inés ya se ha puesto farruca –demasiada paciencia tiene– respondiendo que comparar la canción legionaria con los artículos que tildan de bestias con forma humana o con un problema de ADN a los españoles escritos por Quim Torra le parecía tremendo. “Ya, ya –replicaba el periodista otrora convergente, después amigo del PP y actual candidato de los Comuns– pero ¿ha hablado usted con el president Torra? ¿Sabe que no es racista ni es xenófobo?”. Ante tamaña exhibición de agudeza periodística, es lógico colegir los méritos de Barberá para estar haciendo entrevistas en una cadena de radio que, sin ser pública, estamos pagando entre todos con las suculentas subvenciones que recibe de la Generalitat.

'Els Segadors' es, digámoslo con total franqueza, un himno que glosa la sangre, la venganza, que hace buenos a unos y malos a otros, incita a la violencia y no tiene nada que envidiar, por la ferocidad de su letra, a otros de corte similar"

En fin, la anécdota en sí misma y el personaje presuntamente periodístico no darían para más, pero lo que hay detrás de todas estas entrevistas-trampa a las que se ven sometidos los políticos que no comulgan con el separatismo sí que es algo digno de análisis. A Miquel Iceta le sucedió algo similar el otro día en TV, cuando se tuvo que plantar ante Lidia Heredia, la propagandista que han puesto al frente de las mañanas del canal separatista. Quien no acepta la hegemonía simbólica catalanista es automáticamente estigmatizado como botifler irredimible, y esto no es cosa de ahora. Recuerden el escándalo que se organizó en tiempos de Jordi Pujol con Pedro Ruiz y Albert Boadella a propósito de un gag televisivo en el que hacían broma acerca de La Moreneta. No cantar 'Els Segados' equivale a asegurar que cantas 'El Novio de la Muerte', cosa que para los del lazo amarillo es algo terrible, criminal, casi de bestia perseguible. Ahora bien, ¿alguien se ha detenido a examinar las letras de ambas canciones?

Sangre versus sacrificio

'Els Segadors' es, digámoslo con total franqueza, un himno que glosa la sangre, la venganza, que hace buenos a unos y malos a otros, incita a la violencia y no tiene nada que envidiar, por la ferocidad de su letra, a otros de corte similar. “Cataluña triunfante”, empieza, emulando al “Deutschland Über Alles”, Alemania por encima de todo. Dice más: “que tiemble el enemigo al ver nuestra enseña, como hacemos caer espigas de oro, cuando conviene segamos cadenas”, en una versión algo más dulcificada que la original, que se canta, y mucho, en no pocos aquelarres separatistas y que dice “con la sangre de los castellanos haremos una senyera”. Todo es, como ven, pacífico, amable, feliz y una pura exhortación a la convivencia.

¿Y que dice esa canción popular que entona la Legión? Verán ustedes, el Fundador del Tercio, Millán Astray, buscaba una canción pegadiza y acorde con el Espíritu Legionario. La encontró en un cafetín de la época y Millán vio que se acoplaba perfectamente a la idea del Credo Legionario y con el paso de desfile, lo que no es poco ver. La letra, por demás romántica, ni exalta a la muerte ni es un canto a la misma, es… una canción de amor, sí señores, del amor de un legionario hacia su amada, que ha fallecido. “Por ir a tu lado a verte, mi más leal compañera, me hice novio de la muerte, la estreché con brazo fuerte y su amor fue mi bandera”, es decir, chiquilicuatres de la cosa coral, se trata de alguien que busca morir para poder reencontrarse con el amor de su vida, buscando en el fuego enemigo esa posibilidad.

“Cuando al fin le recogieron entre su pecho encontraron una carta y un retrato de una divina mujer, y aquella carta decía si algún Dios me llama para mi un puesto reclama que a buscarte pronto iré”. Ya ven, aquel Caballero Legionario solo pretendía volver a ver a su mujer, a su amor eterno, nada de matar a nadie ni acogotar al vecino. La única sangre de la que se habla es la del propio protagonista, muerto en combate en supremo sacrificio.

No es esperable que los que se alimentan del odio racista y se pasan el día vomitando consignas de odio y rencor, para luego pirárselas tan felices a Bruselas, puedan comprender lo que existe detrás de la situación que presenta 'El Novio de la Muerte'. Podrían, sin embargo, examinar qué cantidad de honor, de sentido del deber, de compañerismo, de sacrificio, de humanidad, albergan en sus almas. No quiero enumerar aquí la lista de Caballeros y Damas legionarios que han dado su vida en misiones humanitarias alrededor del mundo, ni de su callada entrega ¡no a matar! sino a salvar vidas inocentes. No lo hago, porque su ejemplo es más que elocuente y no precisa de que mi torpe pluma les glose.

De ahí que, si en algún momento, Inés Arrimadas entonase el Novio, no estaría haciendo apología de nada fascista, sectario, xenófobo o racista"

Solo quisiera decir que los mandamientos del Credo de la Legión acumulan más virtudes y más bondad –léanlos y lo comprobarán– que todas las estrofas de esos himnos que llaman a la sangre, la muerte de los enemigos, la de los que no piensan como tú. En la Legión, sépanlo de una vez, no hay distinciones ni clases, todos son iguales. Así lo quiso el Fundador y así, con las lógicas diferencias de época y circunstancias, se mantiene a día de hoy.

De ahí que, si en algún momento, Inés Arrimadas entonase el Novio, no estaría haciendo apología de nada fascista, sectario, xenófobo o racista. Simplemente, estaría uniendo su voz a la de muchas personas que sienten un afecto especial por ese cuerpo de prestigio del Ejército Español, lo mismo que cuando un norteamericano canta el himno de los Marines que, por cierto, es más “agresivo” que el de la Legión, porque sus primeras estrofas dicen “Desde los salones de Moctezuma hasta las costas de Trípoli luchamos en las batallas de nuestro país”.

Señoras y señores, mil veces prefiero que existan personas enamoradas, que no conciben la existencia sin su compañera o compañero y entregan su vida en el sagrado cumplimiento del deber, que segadores de ojos enrojecidos por el odio. Canta lo que quieras, querida Inés, pero sabe que siempre tendrás un puesto entre los que entonamos ese himno con respeto y lágrimas en los ojos.

Dedico este artículo con todo respeto y en primera posición de saludo al General del Tercio Rafael Dávila, retirado no del todo ni del todo como le gusta decir, de quien lo mejor que puede decirse es que es todo un legionario. Viva la Legión, mi general. Y viva la libertad. 



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