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Natalia Bravo

Opinión

Historias aburridas

Aún queda algún rezagado que cree que los sueños tienen un significado. Con esa puntería de que soñar con un bosque debes asociarlo a que eres una persona frágil

Historias aburridas
Historias aburridas

Hoy, durante la ducha de la mañana, he caído en la cuenta de que hace días que no sueño. “Es raro”, he pensado mientras graduaba la temperatura del agua, porque en esos minutos de trance entre que abres los ojos y finalmente despiertas una recuerda vagamente algo de lo que ha ido cociéndose en su imaginación cuando caen los párpados del cansancio. Intenté retroceder todos los pasos que hice. Recordé, mira eso sí, que pensé que el podcast de suspense que escucho para dormirme podría provocarme pesadillas. Pero ni así, qué va. Nada. No recuerdo absolutamente ningún sueño ni angustia. Y me he percatado que llevo así días, incluso semanas. ¿Es que acaso no he soñado nada?

Un profesor de Filosofía que tuve decía que eso era imposible. Que siempre soñamos. A pesar de toda la literatura (algo fraudulenta) que se ha escrito sobre la interpretación de los sueños, en realidad solo sirven para tener unos recuerdos más sólidos (memoria) y calibrar algunas funciones del cuerpo, además de fortalecer nuestro cerebro. Para que cumpla con la tarea encomendada, dicen que es importante tener unos horarios para nuestro descanso más o menos regulares. Sin embargo, mi reloj biológico adoptó el descanso de un búho desde bien temprano.

Es como esa película, o uno o varios cortometrajes que, al salir de la sala, te empujan a comentar fascinado con tu acompañante todo aquello que viste y te inquietó, con la diferencia de que aquí solo hubo un espectador"

A lo mío, los médicos le llaman insomnio. Puedo tardar más de una hora en dormirme, tengo despertares a media noche y nunca supero las seis horas a pata suelta. También dicen que es un pez que se muerde la cola, y el intentar controlar mi sueño hace que, paradójicamente, aún me sea más difícil pasar a una fase zen para poder dormirme. Con todo, hasta hace bien poquito, mi mal dormir no impedía hacer un refresco de los sueños que habían ido hilándose de forma caótica y sin sentido durante esas horas de la noche.

Y volviendo a esa culturilla enigmática de horóscopo que han creado los sueños, queriendo sacar jugo al querer descifrar esa secuencia de imágenes y situaciones abstractas y farragosas, cuando uno sueña tiene una pequeña historia propia que, recién levantado, puede recuperar para deleitarse con ella. Es como esa película, o uno o varios cortometrajes que, al salir de la sala, te empujan a comentar fascinado con tu acompañante todo aquello que viste y te inquietó, con la diferencia de que aquí solo hubo un espectador.

 Aún queda algún rezagado que cree que los sueños tienen un significado. Con esa puntería de que soñar con un bosque debes asociarlo a que eres una persona frágil o van a operarte del tobillo en breve. Pero lo cierto es que soñar y recordarlo para luego poder narrarlo es como esas historias transmitidas de boca a oreja que servían para, por ejemplo, dormir a los niños. Son como una ventana a la inspiración. Atrapar frases, escenas que viste, con ese halo de misterio e incoherencia que puedan hacerte reír de lo absurdo no es más que nuestra propia fábrica literaria. Una fuente de imaginación que cultivar, a la que acudir recién despiertos cuando esta vida nos avergüence con esas historias aburridas y noticias desesperantes que nos sepulta el día a día.



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