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Miquel Giménez

Opinión

Fuerte, sereno, esperanzado, fugado y amortizado

Carles Puigdemont y Artur Mas
Carles Puigdemont y Artur Mas EFE

Artur Mas se reunió con el prófugo Carles Puigdemont en Berlín el pasado jueves. Tras las dos horas que duró el encuentro, declaró que lo encontraba “fuerte, sereno y esperanzado”. Se le olvidó añadir que también estaba fugado, amortizado y desmadrado.

"Carles, deixa de fer el carallot"

Eso es lo que le habría dicho el ex President Mas a su pupilo Puigdemont, según nos cuentan fuentes cercanas a la dirección del PDeCAT: “Carles, deja de hacer el tonto”. Porque, fotografías en plan dentífrico Profidén aparte, lo cierto es que Mas acudía a Berlín para intentar por enésima vez apartar al de Bruselas de la competición por la presidencia de la Generalitat. Y no parece que haya manera. Está el del flequillo enganchado con cola de impacto a la idea de que el único presidente ha de ser él y solo él, admitiendo únicamente la posibilidad de que alguna persona “teledirigida” por su persona pueda ostentar el cargo aquí, pero poco más. No ha entendido que es un fugado de la justicia, que no se votan presidentes, sino partidos, ni siquiera que el bloque independentista, que presumía de sólida unidad, ahora está roto por todas partes.

Son dos concepciones totalmente opuestas las que chocaron entre ambos dirigentes separatistas. Es lógico, los separatistas de aquí ven como pasan los días, el 155 no se va, las acciones que desarrollan los lazarillos de Puigdemont solamente están destinadas a marear la perdiz y todo eso, claro, no les gusta ni un pelo. “Ojalá pudiésemos volver a hace un año”, me decía un político procedente del pujolismo recalcitrante. Cuando le pregunté cómo no habían visto el pie que calzaba el caballero y como no habían sido capaces de ver en qué iba a parar toda esta barbaridad, respondió que el de Bruselas les había salido mucho más corto de lo que se pensaban. A buenas horas mangas verdes.

Y es que Puigdemont quiere forzar elecciones, por dos razones. La primera, consolidar a Junts per Catalunya como un partido político a su exclusivo servicio, como su marca personal, para poder presentarse de número uno, de líder omnímodo del independentismo, de protomártir, de héroe, desgajándose así del todo respecto a los ex convergentes del PDeCAT; la segunda, en las elecciones ver la posibilidad de superar todavía más a Esquerra y quedarse con el monopolio del independentismo, sin contar con las CUP, que ya han demostrado serle adictas a toda prueba.

Las dos cosas ponen los pelos de punta a los neo convergentes, que preferirían elegir a un presidente limpio de cargas judiciales, a un tecnócrata capaz de entenderse con Madrid, de devolver la vida política catalana a su curso habitual e ir alejándose poco a poco de épicas republicanas y jornadas históricas. Como sea que Esquerra, aunque no lo parezca, también desea evitar nuevas elecciones para darse un cierto tiempo en el que poder lamerse heridas, presos y rufianadas, los de Mas han encontrado en ellos un apoyo muy importante para intentar neutralizar a Puigdemont haciéndole la pinza. Todo esto daría un giro copernicano a la situación política en Cataluña, pero no parece que tal cosa vaya a suceder.

Ya se pueden imaginar el tono de la charla solamente por este intercambio de palabras. Que Puigdemont no va a ceder ni un milímetro está más que claro. Elsa Artadi, que es la voz de su amo, ya ha dicho pestes contra el juez Llarena, al que ha llegado a comparar a Tejero.

Nadie tiene pelendengues de ponerle el cascabel al gato. Según nos aseguran, en el transcurso de la discusión entre Mas y Puigdemont, subidita de tono, hubo un momento en el que el segundo se levantó y dijo con sonrisa irónica “Mira, President, si tan mal te parece lo que hago, cuando vuelvas a Barcelona convocas una rueda de prensa y comunicas que ni tú ni el partido me apoyáis. Y ya está”. Viendo la cara que ponía Mas, remató la jugada: “¿Verdad que no lo vas a hacer? Pues entonces dejadme que lleve esto a mi manera, que el que está exiliado soy yo”, a lo que Mas le soltó un seco “Siempre es mejor que estar preso en Estremera”.

Ya se pueden imaginar el tono de la charla solamente por este intercambio de palabras. Que Puigdemont no va a ceder ni un milímetro está más que claro. Elsa Artadi, que es la voz de su amo, ya ha dicho pestes contra el juez Llarena, al que ha llegado a comparar a Tejero. Siguiendo las indicaciones del fugadísimo, ha dejado claro que no procede seguir buscando candidatos porque “la justicia española impide que cualquier independentista pueda ser presidente”, que es en sí toda una afirmación de nivelazo. Vamos a ver, doña Elsa, busquen a uno – entre toda la panda que son, debe haberlo – que no tenga líos con la justicia, lo proponen y lo votan. Usted misma, por vía de ejemplo, o Quim Torra, o el señor Eduard“el del patinete”Pujol. Lo que sucede, de ahí que puigdemontistas y cupaires coinciden tanto, es que su estrategia consiste en liarla cada vez más, tener entretenido a su electorado, hacerse las víctimas, e ir a unas nuevas elecciones con todos los santos en procesión y el mesías Carles al frente.  “Este chico estudia para mártir de todo a cien” decía irónicamente un ex diputado de CDC. Igual sí, pero cenando langosta.

Que siga el espectáculo

Así comentaba la actual situación en el Parlament Xavier García Albiol, con un cierto sarcasmo resignado. Porque Roger Torrent, con una bipolaridad política que algún día se explicará gracias a los avances de la ciencia, igual convoca plenos que los desconvoca, propone a candidatos inviables para luego desdecirse, comunica por teléfono que habrá pleno, pero igual hace lo propio para decir que no, que no lo hay. Recuerdo cuando, en tiempos del primer Tripartito, los convergentes se quejaban del gobierno de Pasqual Maragall, comparándolo con el Dragón Khan, la colosal montaña rusa de Port Aventura. No sé como debería calificarse lo que está pasando en Cataluña ahora, pero ni cien Dragon Khan podrían asumir todo el vértigo, las repetidas subidas, bajadas, vueltas y revueltas de ese parlamento reducido a escenario para el único lucimiento de unos políticos separatistas mediocres, indoctos, cobardes, más pendientes de saber si pueden colar entre sus gastos tal cosa o la otra que defender los intereses de la gente. Ahora ya han visto que aquí se acaba yendo a la cárcel y como eso no mola nada, mira, van tirando con sus cuatro pijadillas. Como decimos en catalán, el que pasa un día, empuja al año.

El ambiente reinante después de la anulación del plenario del viernes, sumada a la mala bajandí que se trajo Mas de Berlín hacían que los neo convergentes tuviesen caras no largas, no, larguísimas. Querellarse contra el juez Llarena surge, en parte, de esa mala leche. Es de lo poquito en lo que el bloque separata se ha puesto de acuerdo, permitiéndoles soltar todo el rosario de falsedades acerca de lo que dice la ONU y blablablá.

Ahora que el reloj hacia la convocatoria electoral sigue su curso implacable, los tiempos políticos se acelerarán y veremos como el fuego amigo en el sector independentista hará más daño que el que les pueda caer desde la orilla constitucional. Es normal, porque los que no están claramente por la secesión, o, si lo están, disimulan, ni son un bloque unido en sus objetivos ni en sus políticas ni en nada.

Aún y así, iniciativas como la de Inés Arrimadas de plantarse en sede comunitaria para decir lo que pasa por aquí debe alabarse. Uno se pregunta si no debería hacerse más, aunando esfuerzos PP y C’s en este asunto, que va más allá de un quítame allá esos currículums.

De momento, apunten: Marta Rovira ya ha dado señales de vida en una entrevista – pobreta, dice que aquí sentía como un ahogo, una opresión, ¿a ver si era alergia al polen de los plataneros barceloneses, que son muy cabroncetes? -, Artur Mas tiene pendiente una entrevista en TV3, Carles Puigdemont dice que este domingo por la noche va a salir a la palestra para explicarnos lo bien que nos irá con su república. Ciertamente, el espectáculo continúa, querido amigo Xavier, la lástima es que a los contribuyentes nos salga tan caro mantener a tanto vago, a tanto cuentista, a tanto vividor, a tanto sectario.

Y más lástima es que el gobierno lleve muñequera por tener débil la mano que debería actuar contra todo este despropósito, que lleva durando demasiado tiempo. Porque Puigdemont podrá estar fuerte, sereno y esperanzado, pero la gente normal está hasta allí donde ustedes se imaginan y yo no digo, por si hay niños.

Miquel Giménez



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