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Juan José Laborda

Opinión

Freddie Mercury, un Werther cosmopolita

El cosmopolitismo de Mercury, reflejado en ‘Bohemian rhapsody’ -y el de Caballé-,  contrasta con el acentuado provincianismo del que hacen gala Gran Bretaña y Cataluña

Rami Malek, como Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody.
Rami Malek, como Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody. Gtres

La película “Bohemian rhapsody” sobre la vida de Freddie Mercury, el extraordinario cantante del grupo de rock “Queen”, me ha gustado mucho, y me ha interesado aún más, precisamente por las licencias que se han tomado los creadores de la película con un guion que no se ajusta del todo a la verdad histórica de la vida de Mercury, y por su decisión de ocultar parte de su biografía para convertir al cantante muerto por SIDA en un modelo de nuestro tiempo.

La película, estrenada mundialmente en otoño del pasado año, ha merecido mejor valoración del público que entre los críticos cinematográficos. La razón de los críticos: la figura de Freddy Mercury, aparte de que contenga, como hemos dicho, varias manipulaciones con las fechas de su vida, aparece exageradamente dulcificada, siendo la homosexualidad de Mercury, su amor contradictorio por Mary Austin, y su apego a los tradicionales valores familiares, los rasgos criticables del “biopic” que  básicamente es “Bohemian rhapsody”.

Las razones del público: que Freddie Mercury, además de escuchar verdaderamente su voz prodigiosa, aparece en el film como el tipo de héroenuevo de esta época que no tiene nombre. Esta época, según he escrito varias veces, se caracteriza por la decadencia de los conceptos de la anterior época contemporánea, que fueron “la nación soberana” y la “revolución”. Y, según eso, encuentro cierto paralelismo entre el mito de Mercury y el de Werther de Goethe (1749-1832).

El paralelismo entre el mito de Mercury y el Werther de Goethe se extrae de la decadencia de conceptos sobrepasados, como ‘nación soberana’ y ‘revolución’

Las penas del joven Werther” fue una novela epistolar escrita por Goethe en 1774 que creó un mito, el del doliente enamorado que privado de su amor -no sólo platónico-, se suicida, nada menos que con las pistolas del marido de ella, y él está vestido con un frac azul y chaleco amarillo en el momento de matarse. Fue tal el impacto entre los jóvenes de aquella época pre-romántica, que se extendió como una enfermedad contagiosa entre las almas insatisfechas -el Werther de Goethe se quitó la vida  leyendo a Lessing (1729-1781), uno de los padres de la Ilustración alemana-, que se suicidaron muchos con parecidos rituales. Pero más allá de sus  rasgos de época (algunos piensan con tonos ridículos y hasta “kitsch” o cursis), Werther fue creado y leído en 1774, es decir, es una obra que influye en la juventud antes de las fechas de las dos grandes revoluciones políticas de ese siglo, la americana, a partir de 1776, y especialmente la francesa, a partir de 1789.

A partir de las revoluciones, las almas insatisfechas a lo Werther ya no se matan por motivos banales. El sentido de sus vidas ya no estará afectado por el amor y el sexo insatisfechos, ya que esos deseos han dejado de estar contenidos por los preceptos de una moral superada, sino que todos sus actos estarán motivados por un determinismo histórico, la lucha por los ideales de la patria, el pueblo, el proletariado, la justicia o la libertad. Los héroes pueden morir luchando por esos ideales, y en ese sentido sus referentes van de Lord Byron a Piotr Kropotkin y Karl Marx. Thomas Carlyle (1796-1881), aunque escriba contra los ideales de la democracia y, hasta cierto punto, también contra los ideales de la revolución, en su famosa obra de 1841 sobre "De los héroes y sobre su culto y el culto a lo heroico en la Historia”, crea los rasgos fundamentales de los héroes de la época contemporánea, los que luchan, a favor o en contra, de la patria soberana y revolucionaria.

Freddie Mercury (1946-1991) es un héroe de una época posterior, que no tiene todavía nombre. Es un personaje -en su vida real, y también en la película-, que pertenece a una familia de emigrantes de la India británica, pero que la globalización, en este caso, la globalización impulsada por Gran Bretaña y su Imperio, le va a dar un claro cosmopolitismo. Nacido en Zanzíbar, hoy Tanzania, de padres “parsis” -creyentes de la religión zoroástrica (expulsada de la Persia musulmana)- Mercury no tiene especiales compromisos religiosos, políticos o partidarios. Sin embargo, es leal a Gran Bretaña, y sus amados padres, en la película y en la realidad, tuvieron siempre en su hogar un retrato de la actual reina Isabel II. Freddie Mercury se comprometerá con África, y con los hambrientos  que estaban sufriendo en Etiopía y Somalia (ambos países en guerra, con apoyo cubano al régimen comunista etíope), y ese hecho le llevará a participar en el concierto de rock más famoso de esta época, el “Live Aid”, celebrado el 13 de julio de 1985, en el Estadio de Wembley, retransmitido por satélite a millones de seguidores en todo el mundo.

Aunque no aparece en el film, la colaboración entre Freddy Mercury con nuestra soprano más conocida mundialmente, Montserrat Caballé (1933-2018), cuyo móvil es Barcelona y sus Juegos Olímpicos de 1992, confirman el cosmopolitismo de Mercury y de Caballé (y el retroceso de nuestros días, tanto en Gran Bretaña como en Cataluña).

Caballé y Mercury
Caballé y Mercury Archivo

La homosexualidad de Freddy Mercury, y su enfermedad del SIDA, son en el film el nudo argumental del guion de su vida. Aunque quizá esté algo exagerado en su importancia, no lo es en tanto que con su drama, como le sucedía a Werther, no irá mucho más allá de una banal muerte por amor. El individuo sin causa es ya el protagonista de esta época.        



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