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Karina Sainz Borgo

LA POLAROID

Florentino, Tirano Banderas

En él coinciden, hiperbólicos, los rasgos del dictador y la metafísica del ladrillo. Abanicarse con una billetera y lanzar una OPA, cómo no, contra el mismísimo Estado 

Florentino, Tirano Banderas
Florentino, Tirano Banderas Tere García

En el coliseo de Concha Espina un hombre concede y niega favores. Decide quién será arrojado a los leones y se divierte modificando el destino de otros como quien cambia de sitio las miniaturas de un Belén. Algo en Florentino Pérez recuerda al Tirano de Banderas con el que Valle-Inclán inauguró la galería de esperpentos del Ruedo ibérico. En él coinciden, hiperbólicos, los rasgos del dictador y la metafísica del ladrillo. Abanicarse con una billetera y lanzar una OPA, cómo no, contra el mismísimo Estado. Si ya hizo temblar el Castor, qué más le daba fichar al seleccionador nacional y presentarlo en público la misma tarde del Mundial del Fútbol. Ave César.

Esta semana, el presidente del Real Madrid y la constructora ACS, dos jefaturas que ejerce a veces sin distingo -hacer las pretemporadas allá donde convenga -, fichó al seleccionador nacional Julen Lopetegui como técnico blanco y decidió soltar el bombazo con la oncena concentrada ya en Rusia. Lopetegui será así el número doce de la galería de entrenadores a su servicio -seis en su primera era galáctica, de 2000 a 2006, y seis más desde 2009 hasta ahora-. Cuando decidió que así se harían las cosas, Florentino Pérez debía de estar paseando por la galería donde reposan alineadas las cinco copas de Champions de su reinado. Traed a Lopetegui. El Mundial da igual. En su imperio el sol es él.

Cada uno de los pasos de Florentino en su segunda era galáctica han hecho con el espíritu del Club lo que los clavos en la madera de un ataúd: doler

No le van las costumbres democráticas a Florentino Pérez, aunque debe a ellas buena parte de sus dotes empresariales. Comenzó sus prácticas de poderoso como concejal con la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez en 1979. Ocupó luego diversos cargos de gobierno, entre ellos la dirección general de Infraestructuras de Transportes del Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones. El fracaso electoral de la UCD en las elecciones generales de 1982 lo sacó de la vida política, pero lo puso en suerte para la carrera empresarial de la construcción y el que sería su proyecto más excelso: el fútbol. Lo que para Florentino Pérez es el club blanco lo fue acaso la lira para Nerón. No tenía gracia ninguno de los dos, pero todo el mundo se hacía el loco. Hasta que ardió Roma. 

Llegó al Real Madrid en el año 2000 luciendo a Luis Figo como un trofeo de caza. Al portugués arrebatado al Barcelona, se sumaron Zidane, Ronaldo y Beckham. Tras un pequeño intervalo y luego de una tormenta provocada de titulares de prensa -la asamblea aquella que defenestró a Ramón Calderón-, regresó para inaugurar una nueva galaxia blanca que orbitase a su alrededor. Es que hasta la retórica avasallante, su heráldica caudillista, resulta excesiva, como un chalé marbellí tapizado con piel de guepardo. “Florentino es un ser superior”, dijo de él una vez Emilio Butragueño. No le falta razón al vicepresidente: Florentino ha salido librado de todos y cada de los barriales que ha atravesado pisando las cabezas de otros, que le sirven de baldosa -Lezo y Púnica, por ejemplo, ni una mancha-.   

El club blanco es a Florentino Pérez lo que la lira a Nerón. Todo lo gana, todo lo puede, todo lo compra, todo lo jode, incluido el Mundial de Fútbol

Cada uno de los pasos de Florentino Pérez en su segunda era galáctica han hecho con el espíritu del Club, y ya ni hablar del ciudadano, lo que los clavos en la madera de un ataúd: doler. La silla eléctrica del banquillo ha visto pasar más nazarenos que la semana santa sevillana: Pellegrini, Mourinho, Ancelotti, Benítez, Zidane y ahora Lopetegui, que vuelve a casa. Y si los afectos de la hinchada merman, no le costará nada a Florentino desechar a Cristiano y traer a Neymar, o a Lopetegui desde Rusia e incluso a Cruyff resucitado. A él le da igual, mientras ondeen las camisetas en la percha de la tienda del equipo y la gente se las lleve como barras de pan caliente, irá todo bien… para él. Todo lo gana, todo lo puede, todo lo compra, todo lo jode, incluido el Mundial de Fútbol.



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