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Miquel Giménez

Opinión

Fariseos

El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC) EFE

Si Antonia Dell’Atte fuese diputada de JxC podría haber dedicado este epíteto a sus socios de Esquerra. Bajan revueltas las aguas en el separatismo y ya hay quien anuncia el principio del fin de esta legislatura. La sesión de ayer en el Parlament lo confirma.

Consejos vendo que para mí no tengo

Hay cabreo en las filas neoconvergentes. Que Esquerra se haya negado a cometer una ilegalidad los ha puesto fuera de sus casillas. El mismo Puigdemont desde la comodidad de Waterloo exhortaba a los diputados de Esquerra a insubordinarse y no hacer caso a la justicia. Pero como muy bien le replicaba el portavoz de Esquerra en el ayuntamiento de Barcelona, Jordi Coronas, “Deja de pedir a los demás lo que tú no estás dispuesto a hacer”, instándolo a que vuelva y dé la cara.

JxC se acoge al mantra de que es el juez Llarena quien enturbia la política en Cataluña para, inmediatamente, pasar al ataque frontal contra sus hoy por hoy todavía socios en el Govern. No es para menos, porque con la decisión de Roger Torrent de acatar a la justicia – qué tiempos estos en los que obedecer a las leyes es toda una novedad en política – ha dejado al bloque separatista sin mayoría. De hecho, se perdieron unas votaciones estratégicamente claves para JxC, lo que no es grano de anís. Nos referimos a la que pedía al parlamento catalán la reprobación al rey junto a la que reivindicaba el derecho a la autodeterminación. Salió adelante, porque ahí si que Esquerra no dio marcha atrás, una que contempla la posibilidad de celebrar un referéndum acordado y eso aún gracias a que los Comuns les prestaron sus votos.

A los de la estelada les faltan cuatro escaños para seguir imponiendo su santa voluntad desde la mayoría que detentaban por la gracia de la Ley D’Hondt, y eso va a ser muy importante de cara a lo que puede suceder en los próximos días. Aunque los neoconvers digan que ellos consideran “moralmente aprobadas” sus propuestas, tamaña enormidad no se recoge en ningún régimen parlamentario mínimamente democrático, así que no van a tener más remedio que pordiosear a los podemitas catalanes que, sin Xavier Doménech entre sus filas, podrían ser más susceptibles para desempeñar el papel de mozo de espadas de los herederos de Jordi Pujol.

Aunque Puigdemont se desgañite desde Bélgica y Eduard Pujol, el portavoz del patinete, se empeñe en decirnos que lo negro es blanco, la ruptura entre el pragmatismo de los de Junqueras y el radicalismo infantil y suicida de los de Torra es ya un hecho constatable. La ley y la realidad se acaban imponiendo tarde o temprano, por eso andaban los partidarios del fugado echando fuego por la boca cuando han visto como el PSC y Esquerra votaban juntos en la mesa y Ciudadanos se abstenía. Han pergeñado rápidamente un argumentario basado en una estupidez mayúscula, a saber, que con 61 diputados el Govern puede continuar desempeñando sus funciones – uno se pregunta ¿cuáles, las de enardecer a los CDR? – y que aquí no pasa nada.

Pero ya son muy pocos los que están dispuestos a creerse las falacias de esta gente, en primer lugar, los suyos, que se sienten traicionados por el vedetismo de Puigdemont y el mareo de un Torra que ahora dice que quiere la independencia para luego solicitarle a Sánchez una entrevista con miras de pactar un referéndum.

Con tanto ir y venir, la conclusión es que Esquerra se ha desmarcado del comando hara-kiri de JxC, que Comuns y PSC están frotándose las manos pues aspiran a tocar moqueta y que las bases separatistas están acordándose de las progenitoras de quienes les prometieron llegar a Icaria para llevarlos solamente a la esquina.

¿Ahora qué hacemos?

Esa es la pregunta que circulaba ayer por los pasillos del Parlament entre los popes de Junts per Catalunya. De momento, el PDECAT se reunirá este viernes con carácter de urgencia para, dicen, “revisar su estrategia”. Deberán hacerlo, sin duda, así como pedirle a su médico que aumente las dosis de Diazepam, porque están a punto de pillar un parraque histórico. Vean como ejemplo a Pilar Rahola, que decía en un tuit que no entendía lo que estaba pasando, viendo votar juntos a Esquerra y al PSC, en contra de los derechos de Puchi y los otros encarcelados y acatando a Llarena. A eso se le llama cumplir la ley, pero es lo mismo, porque hace tiempo que esta gente desconectó de la vida real, instalados en su imaginario personal y, por qué no decirlo, su próvido bolsillo.

La que debe estar partiéndose la caja debe ser Marta Pascal, ex coordinadora del partido del fugado al que este cesó fulminantemente en un ukase que ríase usted de los zares de Rusia. Habrá que ver lo que cuentan David Bonvehí y la inefable Miriam Nogueras a los suyos el viernes, más allá de discursos retóricos, la apelación a subsumirse en ese nuevo invento del TBO denominado Crida Nacional o las viejas exhortaciones a aguantar y resistir pase lo que pase. Tampoco será moco de pavo analizar lo sucedido estas semanas en su grupo parlamentario en el congreso con las broncas entre Carles Campuzano y la señora Nogueras.

La que debe estar partiéndose la caja debe ser Marta Pascal, ex coordinadora del partido del fugado al que este cesó fulminantemente en un ukase que ríase usted de los zares de Rusia

Lo de la Crida tendrá poco recorrido, porque al asunto no se ha apuntado ni el tato. Lo de ajustar las cuentas con los tibios va a ser harina de otro costal, porque nos informan de que Puigdemont, Torra y Pujol exigen sangre, la que no pueden cobrarse en Esquerra al no ser su partido. Será interesante ver qué hace Elsa Artadi, como maniobra y hacia donde mueve sus pasos. No son pocos los que la tienen como brújula y escrutan sus idas y venidas, sabedores que podría ser la que se acabase quedando con el chiringuito a medio plazo, sonando incluso su nombre como posible sustituta de un Torra al que se considera más que amortizado entre los suyos.

El resumen es, ciertamente, significativo. Esquerra se ha tirado de la moto en marcha, dejando solos a los de JxC, negándose a cometer ninguna ilegalidad; PSC y Comuns se perfilan como posibles aliados de esa nueva línea de actuación del separatismo más moderado; la mayoría de los estelados en el parlament se ha roto al faltarles los votos de los encarcelados y/o fugados; finalmente, los de Junqueras ya forman parte de esos fachas a los que tanto les gusta denigrar en las redes a los separatas. Que a su rollo solo apoyen los fascistas belgas, italianos, finlandeses o alemanes da lo mismo, igual que les importa poco que en la pasada Diada vinieran terroristas de Terra Lliure, ETA u Ordine Nuovo.

Ellos son los únicos demócratas, de ahí que no acepten las resoluciones del parlament cuando las pierden y se consideren “moralmente aprobados”. El resto, fachas, fachísimos, peor aún, fariseos de la peor calaña.

Que vayan a Master Chef, carallo, a ver si aprenden que las tortillas se hacen con huevos, ah, y rompiéndolos.



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