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Luis E. Castro

Opinión

Mi experiencia sobre la covid-19

La solución no pasa por encerrarnos en casa. No nos lo podemos permitir, ni desde el punto de vista económico, ni médico

Personal sanitario en el hospital Josep Trueta.
Personal sanitario en el hospital Josep Trueta. EP

Después de haber vivido la pandemia a la que nos hemos enfrentado en los últimos meses, creo que es momento de hacer una reflexión desde la experiencia de haber trabajado en un hospital madrileño en el entorno de una Unidad de Cuidados Críticos, creada en un área quirúrgica. El único objetivo que se pretende es transmitir aquello que hemos observado, por si a alguien le resulta de utilidad. De ningún modo es una crítica hacia nadie, puesto que estoy absolutamente seguro de que toda la comunidad científica ha actuado intentando aplicar su mejor saber, con la mejor intención pero, por desgracia, la medicina no es una ciencia exacta y no siempre se acierta.

Quizá ésto es algo que hoy día, y a causa de los avances técnicos y del conocimiento de las últimas décadas, la población en general no acaba de asumir. En primer lugar, se deben admitir los fallos cometidos, que simplemente han sido fruto del puro desconocimiento y, en cierto modo, de la incredulidad. Realmente no sabíamos a qué nos enfrentábamos. La información de que disponíamos era vaga, parcial e imprecisa, pensando que la letalidad del cuadro era menor y que su expansión era controlable. Nos equivocamos, y cuando fuimos a reaccionar era demasiado tarde, hecho que obligó a tomar medidas drásticas.

Perdimos el tiempo

Desde el punto de vista médico, otro de los fallos cometidos fue intentar abordarlo utilizando los métodos habituales de nuestra práctica clínica, que es la 'medicina basada en la evidencia'. Sin embargo, nos enfrentábamos a una enfermedad nueva y no era posible disponer de dicha evidencia. Hemos ido conociendo la enfermedad conforme la tratábamos y eso ha retrasado el inicio de los tratamientos que realmente y a la postre han resultado eficaces. Hemos asistido a una tormenta abrumadora de publicaciones, todas ellas con la mejor intención, pero se ha 'demostrado' una cosa y la contraria en muchas de ellas. El sentido común nos obliga a ser extremadamente cautos en este aspecto. Pretendíamos encontrar algo nuevo que demostrara su utilidad y nos hizo perder tiempo.

Observar lo que sucede, aplicar un tratamiento razonable para eso que hemos visto, basándonos en nuestro conocimiento previo y comprobar el resultado de nuestra acción

Ante una enfermedad nueva, no nos queda otro remedio que aplicar la práctica clínica clásica de tiempos pasados, que se basa en la observación y el método científico: 'observación, hipótesis y comprobación'. Y eso es lo que ha resultado ser efectivo, como en el pasado. Observar lo que sucede, aplicar un tratamiento razonable para eso que hemos visto, basándonos en nuestro conocimiento previo y comprobar el resultado de nuestra acción. Y cuando lo hemos hecho, ha funcionado. ¿A qué me refiero?

Bajemos a la arena clínica. Inicialmente se aplicaron diversos tratamientos antivirales, hidroxicloroquina, azitromicina, etc, que no habían demostrado su utilidad frente a este virus. El tratamiento se dirigió a atacar al virus sin saber si era posible. Y fallamos. Hubo que reconducir la estrategia y observar lo que sucedía, que fundamentalmente era respuesta inflamatoria y fenómenos trombóticos generalizados. Cuando se inició el tratamiento precoz de ambos cuadros con corticoides y anticoagulación respectivamente, el número de pacientes que requerían ingresos en unidades de cuidados críticos disminuyó. Habrá quien diga que fue debido a las medidas de confinamiento. Sin embargo, si nos fijamos en la relación entre el número de ingresos hospitalarios e ingresos en UCI, puede que no vaya muy desencaminado en mi planteamiento.

Alternativa a la mascarilla

Mención aparte merece el retraso de la aplicación de la ventilación no invasiva. Probablemente por miedo a la aerosolización y por algunos artículos previos realizados en otro contexto, se decidió que no era oportuno. No parece razonable que, hoy en día,y con las posibilidades técnicas de que disponemos, la alternativa a un fracaso con una mascarilla convencional sea un tubo endotraqueal y la ventilación mecánica. Hay muchas cosas intermedias y se tardó en aplicarlas, lo que puede que saturara demasiado rápido las unidades de cuidados críticos, aunque resulta difícil de saber.

Otro de los aspectos a tener en cuenta en el momento actual es la contagiosidad del virus. Si volvemos a la observación de lo que sucede y, teniendo en cuenta que es sólo una impresión personal, la mayoría de los contagios entre el personal sanitario se produjeron al principio de la epidemia, cuando no se tomaba ninguna medida de protección, ni en el ámbito sanitario ni en la población general. Posteriormente se empezaron a tomar medidas en el entorno sanitario pero que no eran excesivas, con carencias de material más o menos importantes.

Muchos profesionales nos expusimos al contacto con pacientes infectados, con alta liberación de aerosoles y con pautas de control no extremas en algunos casos, portando en muchas ocasiones mascarillas quirúrgicas y realizando higiene de manos como únicas medidas en áreas de alto contagio. Sólo para un contacto muy estrecho disponíamos de material de alta protección. En los últimos días se han realizado serologías masivas a ese personal sanitario que no ha tenido síntomas y los resultados mayoritarios son que no han desarrollado anticuerpos, lo que puede significar que no es tan fácil contagiarse como inicialmente se creía.

Es necesario generar confianza y eso requiere sinceridad en la información y justificar adecuadamente dichas pautas. Hay que convencer y no imponer

¿Quiere decir que debemos relajarnos en esas medidas de protección? Mi opinión es que no. Sin embargo, probablemente con el uso de mascarillas, una correcta higiene de manos y unas discretas normas de separación social, sea suficiente para controlar la expansión del virus, haciendo que otras medidas mucho más lesivas para la economía no sean necesarias. Eso sí, resulta imprescindibleuna concienciación social acerca de estos aspectos. Para ello es necesario generar confianza y eso requiere sinceridad en la información y justificar adecuadamente dichaspautas. Hay que convencer y no imponer. Los mensajes contradictorios y poco coherentes no ayudan en ese sentido.

Más lenta y controlable

También quisiera expresar mi opinión respecto a la posibilidad de un segundo brote. ¿Hay que tomar medidas para evitarlo? Sinceramente creo que sí, pero con sentido común y teniendo en cuenta las circunstancias futuras. Si consideramos que al volver al contacto generalizado nos encontraremos en una situación similar al mes de marzo, estaríamos equivocados. En primer lugar, las pautas de comportamiento de la población, aunque no sean las ideales, al menos sí han cambiado. Si bien no todo el mundo lo hace, reconozcamos que mantenemos de forma inconsciente más distancia social que antes. Muchos usamos mascarillas. Sólo con eso, la situación no es la misma que en el mes de marzo, y de producirse una reexpansión de la enfermedad, sería más lenta y más controlable.

En segundo lugar, no debemos confiarnos, pero es sabido que las altas temperaturas y la radiación ultravioleta disminuyen la expansión de este tipo de virus. De alguna ayuda servirá. Dicho esto, creo que una actuación cautelosa basada en la concienciación social y control de los casos sería lo más adecuado. Protegiendo a los demás nos protegemos a nosotros mismos. Debemos tenerle un gran respeto a esta enfermedad, pero no miedo. El miedo no nos dejará pensar con claridad.Resulta fundamental, por tanto, que la población asuma como imprescindibles esas pautas de higiene que, no siendo excesivas,son las que nos van a permitir controlar la expansión de la enfermedad. El uso de mascarillas el mayor tiempo posible y especialmente en ambientes cerrados, mantener cierta distancia social y un lavado de manos frecuente son medidas que deberán acompañarnos durante mucho tiempo.Precisamente, conforme la situación vaya mejorando, deberemos hacer más hincapiéen ellas, puesto que el contacto será mayor.

Es preciso reforzar todo el sistema sanitario, prestando especial interés a los servicios de atención primaria para que sirvan de primera línea de defensa, disminuyendo la carga sobre los hospitales

En cualquier caso, otro aspecto importante a resaltar es que, si llegara un nuevo brote, podríamos establecer aquellos tratamientos que son eficaces de forma más precoz, lo que disminuiría la gravedad de los casos, evitando el colapso del sistema sanitario. Es preciso reforzar todo el sistema sanitario, prestando especial interés a los servicios de atención primaria para que sirvan de primera línea de defensa, disminuyendo la carga sobre los hospitales, impidiendo su saturación y permitiendo que se atienda a aquellas otras patologías que también requieren asistencia. En esa primera línea se debería iniciar el tratamiento con corticoides y anticoagulantes en función de la gravedad e implementar el control epidemiológico de los casos. De ese modo, se conseguiría que a la atención hospitalaria llegue un número limitado de pacientes y que,convenientemente reforzada, pueda atenderlos adecuadamente, así como a otras patologías que no tienen que ver con la epidemia y que debemos evitar que sufran las consecuencias.

Convivir con la enfermedad

Para terminar, sinceramente creo que la solución para el control de esta pandemia no pasa por encerrarnos en casa. No nos lo podemos permitir, ni desde el punto de vista económico, ni médico. Debemos tener en cuenta el coste sanitario derivado de una crisis económica, con las patologías asociadas que ella conlleva y la posibilidad de colapso del soporte económico del propio sistema sanitario. A mi humilde entender, la solución pasa por una adecuada estrategia médica, transformando una enfermedad con alta letalidad en un proceso leve, mediante las vacunas, cuya utilidad será parcial por la naturaleza del virus, fármacos que atenúen la acción del virus, de los que aún no disponemos, y tratamiento sintomático adecuado. De ese modo no erradicaremos la enfermedad, pero podremos convivir con ella, como con tantas otras.

Con lo dicho anteriormente no pretendo juzgar decisiones o acciones tomadas, si no simplemente expresar mi opinión basada en la mera observación de lo que he vivido en los últimos meses desde mi actividad asistencial, con el único objetivo de que pueda resultar útil.

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