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Miquel Giménez

Opinión

Estalla la revuelta en UGT: los críticos empiezan a organizarse

Pepe Álvarez, secretario general de UGT
Pepe Álvarez, secretario general de UGT

Pepe Álvarez, antes Josep María, es el causante de la tremenda crisis que ha estallado en la UGT. Su connivencia con el nacionalismo, así como su permisividad con el entrismo separatista en el sindicato, han llevado a la organización a una crisis sin parangón en su historia. Los críticos están empezando a organizarse para plantarle cara.

“Si no me sirven los de la JSC, tendré que coger a los de Esquerra”

Eso me dijo Pepe Álvarez cuando le objeté que dejase las juventudes de la UGT en Cataluña, el colectivo Avalot, en manos de las juventudes de Esquerra. Estaba disgustado por el carácter acomodaticio de aquellos militantes de las Juventudes Socialistas que, según él, se pasaban el día sin hacer nada. Fue entonces cuando abrió el grifo y entraron en pelotón un número importante de separatistas en el sindicato.

La actitud del por entonces secretario general de la UGT catalana no gustó a muchos dirigentes sindicales. Pepe los calmó con los mismos argumentos de siempre: nuestro enemigo es el PP, los de Esquerra han formado tripartito con el partido, no podemos pelearnos entre nosotros y todo ese rosario de lemas más propios del PSC que de un sindicato de clase. Algunos ya advertimos del peligro que eso suponía. Teníamos aún muy presente lo que sucedió en la CNT de la transición, en la que, entre policías de la Brigada Político Social, trotskistas miembros del PORE y la LCR, delincuentes de la COPEL y agentes provocadores de la patronal, de anarco sindicalistas al final quedaron tres y el cabo.

Los resultados son más que evidentes. Temerosos de perder las sustanciosas subvenciones que les daba Jordi Pujol, y después sus sucesores – por tener, la UGT tiene hasta la Creu de Sant Jordi - en el sindicato siempre estuvieron muy atentos a las consignas que emanaban de Palau. Cuando se apuntaron, finalmente, al derecho a decidir y, más tarde, al referéndum, sumándose al Pacte Nacional pel Dret a Decidir, fue evidente que no podían ocultar por más tiempo su seguidismo. Allí empezó el lento goteo de bajas de afiliados, goteo que ahora se ha convertido en una auténtica riada. Si la baja de Albert Rivera, que se ha dirigido a la organización en una carta explicando sus motivos al considerar que el sindicato no estaba para defender a los presos “políticos”, sino para hacerlo respecto a los derechos de los trabajadores, ha tenido una enorme repercusión mediática, es curioso comprobar que no tenga la misma importancia para algunos medios los miles de formularios de baja cursados en las últimas semanas.

Tengo que soportar que en la Consellería en la que trabajo los comisarios políticos separatistas cuelguen lazos amarillos

Porque las personas que han abandonar el sindicato se cuentan por miles, y tras la manifestación del pasado domingo, aún más. Según una persona que trabaja en los servicios centrales de UGT Cataluña, no dan abasto para cursarlas. Se calcula que la UGT ha perdido solo en Cataluña un treinta y ocho por ciento de sus afiliados en lo que va de año. Es en el sector de los trabajadores públicos donde más se ha notado el malestar creado por la postura en pro del proceso adoptada por la dirección. “Tengo que soportar que en la Consellería en la que trabajo los comisarios políticos separatistas cuelguen lazos amarillos, pancartas en favor de los presos, me lleguen a diario convocatorias de todo tipo en favor de Puigdemont, y encima me sometan a una vigilancia digna de una dictadura. Si encima tengo que pagar por estar en un sindicato que apoya a esta gentuza, ya me dirás para que me ha servido militar en el sindicato desde hace más de veinte años”, me decía un ex afiliado.

Hacía tiempo que esto se veía venir. Nos lo confirma el hecho de que se haya creado una comisión en la sombra integrada por viejos sindicalistas, por una parte, y muchos nuevos ugetistas por otra. Su intención es dar forma a una plataforma de oposición clara y contundente al actual secretario general Camil Ros para disputarle el cargo en el próximo congreso, sin descartar articularse con otras en el resto de España y hacer lo propio con Álvarez. Hartos de comedias, los sindicalistas de verdad han decidido plantarles cara.

Se prevé un tiempo de duras luchas internas

A Camil Ros, ex dirigente de las JERC, las juventudes de Esquerra, no es la primera vez que le discuten en el seno de la central sindical su condición de separatista. Recuerden como en el último congreso de la UGT catalana ya se las tuvo que ver con Matías Carnero, presidente del comité de empresa de la SEAT, con quien ahora también se las tiene tiesas. En aquellos días, año 2015, la pugna por la sucesión de Álvarez, que esperaba suceder a Cándido Méndez, estaba entre el propio Ros, Carnero, Diego Martínez y Laura Pelay. Pero todos sabían que iba a ser Ros el elegido. El independentismo vendía muy bien, como me comentaba amargamente en aquellas fechas un amigo ugetista de toda la vida, tristemente fallecido hace poco. De hecho, y como constatación de este hecho y del peso que tenía y tiene la relación entre ugetistas y separatistas, baste recordar cómo fue Pelay la que presionó para que Dolors Bassa, por entonces secretaria general de la UGT en Girona, de la que hablaremos más adelante, fuese en las listas de Junts pel Sí, de la misma manera que lo hizo con Jordi Salvador, de la UGT de Tarragona, para que hiciese lo propio en Esquerra. Todo queda en casa y bien repartido.

Bassa está actualmente en prisión en calidad de imputada por el intento de golpe de estado separatista. Llegó a ser consellera de trabajo, y su hermana ha dirigido recientemente una carta a la militancia ugetista para que se pronuncie en favor de ella. Como cuestión familiar se puede entender, como petición a un sindicato de clase – es un decir – resulta poco menos que inconcebible.

Mejor suerte ha corrido la ex consellera de presidencia Neus Munté, que fue, además, abogada laboralista en el sindicato. No está procesada ni pesa sobre ella cargo alguno. Supo bajarse del tren a tiempo. Convergente desde siempre, uno se pregunta cómo puede alguien nacionalista estar en una organización presuntamente de izquierdas, antinacionalista y de clase. ¿La solución? La UGT no ha sido ninguna de las tres cosas en estos años de plomo. De hecho, el sindicato por el que optan en Esquerra a la hora de afiliarse es UGT.

Como es fácil de comprobar, la colusión sindicato-separatismo no es de ahora. Viene de lejos, de muy lejos. Se marginó a los militantes de toda la vida, se les hizo la cama, se les postergó y todo ¿para qué? Para dejar sitio a los que venían del campo separatista y que sabían que en los minúsculos sindicatos nacionalistas no tenían la menor oportunidad ni de medrar ni de ejercer influencia política. Pero, sin embargo, ni son mayoría ni tienen más que el apoyo del secretario general de España. “Con el censo en la mano – decía un dirigente de la central contrario al independentismo – el número de afiliados partidarios del proceso no alcanza el treinta y ocho por ciento. Si nos vamos los otros, dejamos a la UGT en cuadro”. Ese es el riesgo que han asumido Álvarez y Ros con su apuesta por los de la estelada.

A Pepe Álvarez ya se le dieron numerosos “toques” por parte de la militancia cabreada cuando decidió asistir a las asambleas de la ANC, cuando se abrazaba con Artur Mas emulando al cupaireDavid Fernández o cuando aseguraba que las pensiones estarían más garantizadas en una Cataluña independiente. Que haya acabado siendo secretario general de la UGT de toda España es un misterio que nos llevaría demasiado lejos. Baste decir que socialismo e independentismo comparten no pocas cosas con respecto a la nación española y dejémoslo ahí.

Ahora bien, que más de diez mil personas hayan firmado ya una petición en Change.org en contra de la deriva separatista de la UGT debería inquietar a la actual dirección. Que se haya empezado a levantar una plataforma dentro del sindicato como alternativa a los que hoy mandan, también. La revuelta en la UGT no ha hecho más que comenzar. Seguiremos atentos.



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