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Miguel Alba

Opinión

Errejón y la izquierda moderna que necesitamos

El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), y el secretario Político, Íñigo Errejón.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), y el secretario Político, Íñigo Errejón. EFE

El ego quiere aniquilarle. Su líder, el ego superlativo, el macho alfa de Podemos. Pablo Iglesias, el político con más palabrería que ideario, demostrado en su viraje ideológico hacia la socialdemocracia de un día para otro. Al tipo que desempolvó el episodio de la 'cal viva' le molesta Iñigo Errejón, le incomoda. Le quiere fuera de su círculo. Porque Podemos ya ha dejado de ser (si en algún momento realmente así fue) ese partido capaz de escuchar las voces de todos con mente abierta. Podemos ya es un partido tradicional. Con el aparato al servicio de su líder, al que blinda, y al que limpia de tipos incómodos. Una suerte de Fuenteovejuna contra Errejón. Se cristalizó el día de Nochebuena con el famoso hastag #Iñigoasíno. Caretas fuera. Iglesias quiere todo el poder de Podemos para él.

Iglesias ya vive instalado en el nepotismo. Con su gente cercana ganando cuota de poder en el partido en paralelo a la limpieza étnica contra todo lo que huele afín a Errejón. La orden está dada. Será el día a día de Podemos hasta Vistalegre II, el Consejo Ciudadano Estatal que Iglesias quiere convertir en un plebiscito hacia su liderazgo. La propuesta es simple. Todos conmigo o contra mí. Nada de votación separada de caras y documentos, como proponía Errejón. Eso hubiera abierto la puerta a continuar con la convivencia en igual de condiciones entre los números 1 y 2 de Podemos. Porque las bases, al menos las que han votado recientemente, se dividen casi al 50% entre Iglesias y Errejón. Todo un golpe al ego del líder. Preámbulo de la futura escisión.No hace tanto, en octubre, después de varios desaires de Iglesias, Errejón, templando gaitas, ofreció una pista de cuándo se produciría la ruptura. “Sólo si las diferencias políticas son insalvables, entonces uno habla de proyectos diferentes”, dijo entonces el 'podemita' moderado. En estos meses, a las diferencias en las formas entre uno y otro se ha unido, no tanto una ruptura absoluta en cuanto al ideario, pero sí en la forma de administrarlo. Errejón es consciente del riesgo de un Podemos reducido a un partido pequeño, en la esquina de la izquierda, superado por un PSOE, que pese a su estado de autodestrucción, ha sabido apuntarse los primeros tantos de política social del parlamento. El bono social eléctrico, el aumento del sueldo de las camareras de hotel o la solución política de las cláusulas suelo. Tres medallas a la medida del pecho de Podemos. Tres medallas en la vitrina de un PSOE sin cabeza. Y eso duele a un Errejón que llegó al Congreso para aprender de las instituciones, no para asaltarlas. Para trabajar, no para buscar la foto fácil, fruto de tomarse el Congreso como si fuera el circo.

Errejón aspira a conseguir un Podemos más transversal desde el Congreso. Allí entró para construir una mayoría nueva, por el cabreo de la gente, para transformar el país. Y allí ha quedado reducido en un proyecto que ya empieza a dejar de satisfacer a su capilla, por el cabreo interno de sus líderes. Una disputa que ya alcanza a los fondos.

La posición del líder de Podemos es incompatible con la construcción de nuevas mayorías de carácter transversal que sostiene Errejón.

El ideario transversal que defiende Errejón es imposible con Iglesias. La posición del líder de Podemos es incompatible con la construcción de nuevas mayorías de carácter transversal que sostiene Errejón, seguidor de Gramsci (uno de los creadores del comunismo italiano) y de su teoría de la hegemonía: una victoria política siempre viene precedida de una victoria ideológica. Los triunfos de Thatcher y Reagan son buena prueba de ello. Además, aunque Iglesias no comulgue con esos principios, los grandes partidos europeos están encuadrados dentro de la transversalidad, con votantes de todas las clases sociales, la base para lograr una victoria en las urnas. La negación de esa transversalidad ha condenado históricamente a Izquierda Unida a su pírrica representación en el Congreso.

Errejón, cuya imagen genera empatía frente a la animadversión que causa Iglesias en buena parte de la izquierda, cuenta con apoyos suficientes para lanzar un nuevo proyecto. Llamarlo 'Unidos para la Victoria' sería un homenaje al Frente para la Victoria (FPV) que integran el kirchnerismo, movimiento político en Argentina cuyo ideólogo de cabecera es uno de los referentes teóricos de Errejón, Ernesto Laclau, autor de 'Hegemonía y estrategia socialista'.

El número dos de Podemos se rodea de un círculo de asesores de mayor empaque intelectual que la camarilla de Iglesias: Jorge Moruno, Rodrigo Amírola, Germán Cano, Jorge Lago o David Benavides cultivan las tesis errejonistas. También tiene de su lado a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, y a la diputada Tania Sánchez. Asimismo, Errejón tiene sintonía con Raimundo Viejo Viñas, el diputado que sirve de enlace con En Comú Podem, la marca que lidera Ada Colau en Cataluña, y con Mónica Oltra (Compromís), vicepresidenta de la Generalitat valenciana. En esta comunidad la mano derecha del secretario Político de Podemos es Ángela Ballester, integrante del Consejo Ciudadano estatal. Y en el País Vasco, por ejemplo, goza de cercanía con la responsable regional, Nagua Alba.

Errejón no está sólo, sino todo lo contrario. El equipo lo tiene y el ADN emprendedor para fundar un partido también.

Errejón no está sólo, sino todo lo contrario. El equipo lo tiene y el ADN emprendedor para fundar un partido también. Su padre, José Antonio Errejón Villacieros, fue uno de los promotores de Los Verdes a principios de los años ochenta. Con estas credenciales y con la ambición que ha mostrado en ocupar el espacio de la izquierda tolerante descontenta con el PSOE, no intentarlo será traicionar a su omnipresente Gramsci.

La desafección en la que vive instalada la izquierda brinda a Errejón una oportunidad única de convertirse en su gran referente. Los momentos son propicios. Con un PSOE condenado a ser un partido movido por el viejo aparato de Ferraz, lejos de debates idelógicos de renovación modernos, y con Podemos lejos de ser ese gran contenedor en el que cabía toda la izquierda -como propugnaba el 15M- para convertirse simplemente en un partido cesarista, a las órdenes de Iglesias.

Errejón merece otro trato, no el maltrato de Iglesias. Errejón está por encima de la izquierda rancia y populista de Iglesias. Una pareja rota, por el bien de la izquierda moderna española.

@miguelalbacar

P.D.: Feliz 2017 a todos. A los que confiáis cada día en @vozpopuli para informaros y a los que lo haréis a lo largo de estos 365 días.


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