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Miquel Giménez

Opinión

Elsa Artadi le sale respondona a Puigdemont

Carles Puigdemont  junto a Elsa Artadi
Carles Puigdemont junto a Elsa Artadi EFE

La hasta ahora valida del expresident ha dejado a todo el mundo con un palmo de narices al renunciar a su candidatura. Todos esperaban que fuese la elegida para encabezar el nuevo gobierno de la Generalitat, pero, en el último momento, se ha auto descartado. ¿Las razones? Muchas, y no todas confesables.

“Me niego a ser una marioneta”

Eso aseguran que ha dicho Elsa Artadi, la mano derecha de Carles Puigdemont y su eminencia gris en los últimos meses, la misma que se ha ocupado de la estrategia comunicacional del fugado logrando que JxC fuese más votada en las pasadas elecciones de diciembre que Esquerra. Pero, finalmente, ha sucedido algo esperable. Los intereses de la política separatista han acabado por colisionar con los del cesado. Puigdemont siempre ha pensado en Artadi como en una mera persona de paja, alguien a quien poder controlar desde Bruselas, una fiel seguidora que le consultaría todas y cada una de las decisiones que, como presidenta, debería tomar. Pero Artadi, que hasta ahora le había dicho que sí a todo, se ha mostrado en los últimos días díscola con respecto a su jefe de filas. En círculos próximos a este se comentaba abiertamente acerca de la “traición” de Artadi. “Tiene ideas propias”, le dijo uno de sus más acérrimos partidarios en la última reunión que mantuvieron en Berlín los diputados de Junts per Catalunya y Puigdemont. “No es de fiar, solo piensa en llegar a la presidencia valiéndose de Carles, para luego encerrarlo en una vitrina y ser ella la que tome las decisiones”, confesaba la misma persona que la delató ante el fugado. “En este momento necesitamos a alguien que sepa entender que aquí, quien manda es el president, y que el gobierno que se forme en Cataluña no es más que el depositario del que hay en Bruselas o donde esté Puigdemont, porque solo lo reconocemos a el como presidente legítimo”, añadió.

Artadi, que ha mantenido conversaciones confidenciales con Esquerra, así como con miembros del PDeCAT hartos de la tiranía que ejerce Puigdemont sobre ellos, tenía bastante perfilado el nuevo gobierno. Manteniendo un sutil equilibrio entre puigdemontistas, neoconvergentes y los de Junqueras, se abría a incorporar a personalidades independientes próximas al separatismo, incluyendo incluso a las CUP para asegurarse así su voto en el parlament. Los participantes de dichos encuentros compartían el mismo punto de vista: Puigdemont es un estorbo que, tarde o temprano será encarcelado. Se imponía, pues, apartarlo del todo y qué mejor que con una persona de su entera confianza al frente de la Generalitat, que fingiese obedecer sus órdenes, ganando tiempo para que la justicia allanase el camino que los separatistas desean, a saber, volver al orden constitucional bajo una apariencia de reivindicación. Eso mismo es lo que Junqueras está pidiendo a voces hace tiempo, de ahí que Esquerra estuviese más que dispuesta a aceptar el plan Artadi que, por cierto, incluía nombrar al líder de Esquerra como vicepresidente del Govern y conseller de Economía de manera honorífica, ejerciendo el cargo una persona del partido republicano. También irían para Esquerra otras consellerías importantes, hasta cuatro, entre las que se incluiría la de interior.

Ese es el miedo de Puigdemont. Se ha dado cuenta demasiado tarde de que su fiel Sancho Panza es, en realidad, un molino de viento contra el que pegarse un batacazo de padre y muy señor mío"

Pero los informantes del expresident han sabido abortar la operación y ahora Artadi se ha visto obligada a renunciar a la presidencia públicamente, aunque se postule como consellera portavoz, por cierto, el mismo cargo qué ostentó en su día el ahora encarcelado Jordi Turull. Quizás lo que más haya inquietado a los de Puigdemont sea la postura que mantiene Artadi acerca de los CDR, a los que considera peligrosos si se pretende reestablecer la normalidad en Cataluña. Todo eso no significa que la por ahora ex candidata sea menos independentista radical que el resto de sus compañeros, al contrario. La diferencia estriba en que, como casi la mayor parte del bloque separatista, entiende que el golpe de estado ha fracasado y se debe aflojar la cuerda para ganar tiempo. Al de Bruselas todo eso no le conviene para nada, porque sabe que su supervivencia política –y económica– depende de galvanizar al independentismo alrededor de su figura, lo que conlleva no perder ni un ápice del protagonismo que ha tenido hasta la fecha. Así las cosas, parece que el mayor adversario del cesado, a día de hoy, no es ni Rajoy ni la oposición ni el 155. Su peligro tiene nombre de mujer.

Hartos de los bandazos de Puigdemont

Elsa Artadi no es más que la punta del iceberg respecto al cabreo que existe entre los separatistas. Los sucesivos bandazos que ha dado el de Bruselas, mareando la perdiz a propios y extraños, han hecho que incluso los suyos hayan acabado hartos. “Solo quiere ganar tiempo”, suelen quejarse amargamente en privado. La última jaimitada del caballero en cuestión es haber tocado teclas para que una formación extraparlamentaria alemana, el Partido Alemán de Centro, DZP, le haya ofrecido ser su cabeza de lista en las próximas europeas del 2019. Tamaña frivolidad ha sido la gota que ha colmado el vaso de no pocos separatistas que, insistimos, lo único que buscan en este momento es una excusa razonable que largarles a sus seguidores y continuar con su modus vivendi al frente de la autonomía. La época de los relatos heroicos, las jornadas históricas y las hojas de ruta ha quedado atrás. Que se haya aprobado en el Parlament la reforma de la ley de la presidencia que permitiría la investidura telemática de Puigdemont no es más que un brindis al sol, el enésimo, porque todos son muy conscientes de que el estado va a recurrirla. Pero se trata de salvar la cara, de plantarse delante de los hooligans de la estelada y decirles, mirad, lo hemos intentado, pero, como no nos dejan, vamos a recuperar las instituciones y dejar sin efecto al 155, que ya vendrán tiempos mejores. En esa misma estrategia están los Comuns y el PSC. Así que a Artadi no le faltarían novios para ser Consellers en caso de ser investida presidenta.

Ese es el miedo de Puigdemont. Se ha dado cuenta demasiado tarde de que su fiel Sancho Panza es, en realidad, un molino de viento contra el que pegarse un batacazo de padre y muy señor mío. Que Elsa es más lista de lo que muchos pensaban se hace manifestó en la hábil finta de renunciar a una candidatura que ni siquiera se había hecho pública, afirmando que le gustaría ser portavoz, eso sí, del futuro Govern. Sabe que quien mantiene el contacto con los medios, y más en esta Cataluña subvencionada, tiene muchos puntos para acabar dirigiendo el cotarro.

Que a Artadi se la implique en ese confuso magma de los presuntamente encarcelables, a raíz de unas conversaciones mantenidas por los asuntos del 1-O, se nos hace bastante improbable"

Tiene Artadi, además, un encargo, casi un SOS, que cumplir. Las entidades separatistas están con la caja temblando, así como los medios de comunicación, los grupúsculos, los periodistas a sueldo, los falsos líderes sociales, en fin, todo el tejido social clientelar indepe que teme por su incierto futuro si se fuera a elecciones y ganasen los constitucionalistas. Se ha reunido con ellos, les ha prometido enderezar las cosas y formar gobierno, evitando ir a elecciones, y en esa esperanza viven en la ANC, en Ómnium –sacudidos por recientísimas multas– y en muchas sedes sociales de figuradas asociaciones existentes tan solo en la picaresca que se ha amparado bajo el ala del independentismo.

De lo que pase este fin de semana en Berlín entre el fugado y los diputados de Junts per Catalunya podremos saber por donde van a ir los tiros. Una vez decididos –es un decir, porque esta gente cambia de criterio como otros de camiseta– a proponer un candidato a la investidura que no tenga problemas legales, veremos que nombre aparece. Que a Artadi se la implique en ese confuso magma de los presuntamente encarcelables, a raíz de unas conversaciones mantenidas por los asuntos del 1-O, se nos hace bastante improbable. Más problemas tenían Turull, Sánchez o el mismo Puigdemont y bien que fueron candidatos. No, no es eso lo que la invalida. Es el miedo de Puigdemont a acabar siendo un cero a la izquierda. Si se mirase más al espejo, se daría cuenta de que, a pesar de lo mucho que incordia, ya lo es.



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