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Alberto Pozas

Opinión

ETA: el problema era el bombardeo de Gernika

El comunicado es un compendio de los problemas mentales de la banda terrorista, que les impide no ya ver el bosque, sino su propio rostro

Captura de vídeo del comunicado de ETA de 2011.
Captura de vídeo del comunicado de ETA de 2011. EFE

Los comunicados de ETA siempre han dado para mucho. Recuerdo cuando, por ejemplo, la muerte de cinco niños mientras dormían en sus camas era culpa de sus padres, guardias civiles, que se habían escondido detrás de los hijos, los habían utilizado como escudos humanos. No había víctima que no se lo mereciera, según el cinismo terrorista que tenía su máxima expresión de delirio precisamente en los comunicados.

Ahora tenemos uno nuevo, en el que intentan pedir perdón, pero no les sale. El alacrán siempre acaba picando a la rana porque es su condición, hasta en el lecho de la muerte. El comunicado es un compendio de los problemas mentales de la banda terrorista, que les impide no ya ver el bosque, sino su propio rostro reflejado en un espejo. Al hablar del dolor sufrido por “nuestro pueblo”, el suyo claro, incluye los que se han visto obligados “a huir al extranjero”. En su inmensa miopía los etarras no son capaces de acordarse de la multitud de vascos que tuvieron que irse por su culpa, pero no al extranjero, sino a otras provincias españolas por no poder respirar el mismo aire que ellos.

Otra vez ETA y sus puñeteros comunicados vuelven a hacer un ránking de muertos sin explicarnos dónde colocan a cada víctima

Otro aspecto delirante del comunicado es cuando piden “perdón” a los familiares de las víctimas que “no tenían una participación directa en el conflicto”, gente a la que mataron “obligados por las necesidades de todo tipo de la lucha armada”. Obligados, cualquier cosa menos declararse culpables de algo. Por el contrario, para los que, según ellos, sí estaban en el conflicto, solo muestran “respeto”. Otra vez ETA y sus puñeteros comunicados vuelven a hacer un ranking de muertos sin explicarnos dónde colocan a cada víctima.

La lista es interminable, pero ¿para esas niñas del cuartel de Zaragoza qué hay, respeto o perdón? ¿Y para el capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios? ¿Y para el ingeniero Ryan y su maldito disparo en la nuca? ¿Y Miguel Ángel Blanco? No han cambiado mucho desde su primer comunicado, está claro.

Nada dicen, por supuesto, del odio inoculado en vena a una parte de la sociedad vasca. Ese odio que hoy tiene reflejo en campañas contra la presencia de la Guardia Civil y la Policía en localidades del País Vasco y Navarra y que derivan, al margen de si se puede considerar terrorismo o no, en situaciones como la de Alsasua. No he encontrado referencia en el escrito a qué piensa hacer ETA para terminar con toda esta locura, su locura.

En su miopía, los etarras no se acuerdan de la multitud de vascos que tuvieron que escapar por su culpa de Euskadi, pero no al extranjero, sino a otras provincias españolas

Que tenga, por cierto, cuidado el PNV. Ahora le va a tocar encabezar una serie de demandas confundibles con las etarras de toda la vida. No olviden los de Urkullu que para ETA no son otra cosa que “fuerzas autonomistas”, y así lo dicen en el comunicado.

Salto sobre otros muchos aspectos del texto por falta de espacio. Pero me quedo con uno que puede llevar a cualquiera a alucinar en colores. ETA dice que “las generaciones posteriores al bombardeo de Gernika heredamos aquella violencia y aquel lamento”. Resulta que Franco, con su golpe de Estado, y con la ayuda de la Legión Cóndor alemana y la aviación italiana, puso las bases de una banda criminal que nació veintitantos años después. Incluso reclaman, ya sin ningún pudor, una “solución democrática al conflicto” para, alucinen, “apagar definitivamente las llamas de Gernika”. Alguien no se tomó la pastilla antes de redactar el comunicado.



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