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Alberto J. Gil Ibáñez

Opinión

Desigualdad de género: ¿y si fuera que las mujeres, simplemente, eligen mejor?

No se trata de volver a la oscura época de la pata quebrada, sino de plantearse si lo que realmente ocurre es que la mujer sabe elegir mejor que el hombre, preso de su vanidad y de su falta de empatía

Mujer ejecutiva
Mujer ejecutiva

Se ha convocado una huelga general contra la brecha salarial. Gran parte del problema no es tanto que hombres y mujeres reciban diferente salario por el mismo trabajo cuanto que las mujeres optan por trabajos con menos horas y no acceden a puestos de alta dirección que son los mejor pagados. Unos dicen que ello es el resultado de un sistema social que discrimina “per se”, y otros que es consecuencia de la maternidad. Pero y ¿si se tratara, al menos en la mayoría, de una simple opción inteligente?

La esperanza de vida ha sido tradicionalmente más alta en las mujeres que en los hombres. De esta “brecha vital” nadie habla, pero también se está acortando a medida que las mujeres acceden a puestos diseñados por hombres. El suicidio es también mayoritario entre el género masculino, así como el alcoholismo y ciertas adicciones. Pero tampoco se habla de ello porque se pondría en tela de juicio la forma de vida que sostiene el progreso: la búsqueda del éxito profesional. De hecho, la American Management Association sostuvo ya en un estudio de finales de los años setenta que el 40% de quienes tienen funciones directivas y empresariales son infelices en sus puestos, y que más de la tercera parte sueñan con una profesión alternativa en la que consideran que serían más felices(citado por Alvin Toffler, La tercera ola, 1980).

De la ‘brecha vital’ que supone la mayor esperanza de vida de la mujer nadie habla, pero también se está acortando a medida que esta accede a puestos diseñados por hombres"

La presión por el éxito exterior ha llevado a mantener una imagen falsa, que se rompe cuando profundizas un poco en lo que hay detrás. Peleamos duro para llegar a un sitio que cuando alcanzamos nos damos cuenta que cuesta mucho mantener y que no nos hace felices por sí. Incluso en el mundo del arte, se dan numerosos casos de jóvenes y no tan jóvenes que, llegados a la cumbre del éxito y el reconocimiento, se enganchan a las drogas y acaban suicidándose directa o indirectamente. La lista es muy numerosa: Sid Vicius, bajista de Sex Pistols; Kurt Cobain, vocalista de Nirvana, Ian Curtis, vocalista de Joy División. Con 27 años murieron suicidándose directamente o indirectamente (de sobredosis o mezcla de sustancias) Robert Johnson, Brian Jones de los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain y Amy Winehouse. Cada vez más mujeres, una vez que caen en parecida trampa.

Si el precio de ciertos puestos directivos es vivir “para” el trabajo y no “del” trabajo, sin límites de horas, pendientes permanentemente del móvil, esclavos de un jefe arrogante o de un cliente insoportable, debiendo convertirte en un ser frío y calculador que renuncia a la empatía con los demás, ¿realmente resulta lo más inteligente optar a este tipo de puestos? En 1980 la ansiedad no existía todavía como categoría clínica. Hoy la ansiedad y la depresión se han convertido en señas de identidad de la civilización occidental (Cfr. Scott Stossel, Ansiedad: Miedo, esperanza y la búsqueda de la paz interior).

La feria de las vanidades que sostiene nuestra sociedad (política incluida) es tan falsa que hemos tenido que crear una filosofía que la mantenga: la del pensamiento positivo. Pero pronto se han descubierto sus trampas e incluso su influencia en la reciente crisis económica al aparcar la estrategia racional, el mérito y el esfuerzo, así como los mapas de riesgos; incluso el empleado al que se despedía debía estar contento y verlo como una oportunidad, trasladando a ellos, y no a la empresa, la responsabilidad de su pobreza sobrevenida [Barbara EhrenreichSonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo (trad. M. Sierra), ed. Turner, Madrid, 2011].

Si el precio de ciertos puestos directivos es vivir “para” el trabajo y no “del” trabajo, ¿realmente es lo más inteligente optar a este tipo de cargos?"

Alguien dirá que este planteamiento responde a un pensamiento machista o que esconde un enfoque heteropatriarcal. Pero eso sería tanto como rechazar un debate necesario bajo la excusa de etiquetas. No se trata de volver a casa, ni a la pata quebrada, sino de plantearse si en este contexto, aunque pocos se atrevan a reconocerlo, tal vez la mujer sencillamente sepa elegir mejor que el hombre (preso de su vanidad y de su falta de empatía). ¿Es solo la maternidad? ¿No habrá algo también de búsqueda de la “buena vida” o “vida razonable”, aquella que predicaban los filósofos griegos, la que empujan a miles de mujeres a buscar y aceptar trabajos, tal vez peor pagados, pero con más tiempo libre y menos estresantes? Tal vez simplemente las mujeres estén tratando de buscar un nuevo equilibro entre vida laboral y vida privada, donde forman parte los hijos pero no solo. Tal vez los hombres deberíamos imitarlas, dentro de otras forma de entender la igualdad.



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