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Luis Riestra

Opinión

Davos y el Trumpocalipsis

¿De verdad pensaban que Trump no iba en serio en temas de comercio internacional; o que lo de sacar a millones de personas de la asistencia social era solo ‘populismo’?

Donald Trump.
Donald Trump. EFE

Donald Trump cumple un año de presidencia y, a tenor de los augurios catastróficos sobre su gobierno con que nos bombardearon los grandes medios de comunicación globales, ya deberíamos estar en el Trumpocalipsis, un juego de palabras que, contrariamente a la intención de quienes lo acuñaron, vendría a significar, en su sentido etimológico, la revelación de Trump, personaje transparente como pocos, quien, con su acuciada debilidad por la polémica, termina desvelándonos, una vez más, el juego de Poder global al que estamos sometidos por ese Establishment socialdemócrata que se enriquece con el globalismo de amiguetes y que no piensa permitir un cambio en las reglas de juego.

Pues bien, coincidiendo con su aniversario en la presidencia, Trump fue a las proximidades de "La montaña mágica", a Davos, al Foro Económico Mundial, ese santuario para los feligreses de Mammón, siendo el primer presidente norteamericano que lo hace desde Clinton. Allí fue presentado por esa especie de Nosferatu con pretensiones de dandi, quintaesencia del plutócrata, quien, como salido del Averno, ofició cual Jefe de Estado tuteando al presidente americano como si lo hiciera con un igual y tratándole sin la pleitesía que rinde a toda clase de tiranos y tiranuelos que desfilan por su negociado.

Así las cosas, mientras nuestro Rey fue a defender la unidad de España y que somos una democracia (tasa de paro oficial 16,5%), Trump fue a promover su país con el mejor lugar del mundo para hacer negocios (tasa de paro oficial 4,1%). Por supuesto, sus grandes enemigos, los capitostes y los Mass Media, intentaron minimizar su enorme éxito con la tropacomparándole con la expectación que creó en su momento Angelina Jolie, en un bajo intento por tapar la expectación (y grandes colas) de su discurso que, obviamente, no fue una disertación sobre más o mejor imperio, fruto de un debate entre John Stuart Mill y Edmund Burke, sino el de un presidente muy particular, uno que ha visto el iceberg y que está al timón de la nao capitana que sostiene la globalización.

¿Titanic, qué Titanic?

Se entiende la pregunta, sobre todo si no se es economista o se ha estado muy expuesto al bombardeo de los grandes medios de manipulación global, que tienen tantas ganas de que Trump fracase como los nuestros de aupar a Podemos o salvar a Puigdemont, y si se queja, lo llaman loco o que "tiene la piel muy fina", dos argumentos típicos también de los difamadores, normalmente desde el anonimato. Pero si se sobrevive a eso y se atiende al nivel económico de Estados Unidos en el período en que, este hijo de un constructor del Bronx y de una escocesa del clan de los MacLeodformaba su personalidad como adulto, las cosas se verán más claramente. Es más, conociendo lo que decía a finales de los años ochenta del siglo pasado y lo que dice y hace ahora, se ve que es un personaje bastante previsible, incluso cuando presume de su imprevisibilidad, y, cuando uno le ve en sus viajes, casi se imagina a su madre arreglándole la corbata y el abrigo cuando le hacían trabajar en la empresa familiar, igual que hicieron con su padre en su adolescencia para forjar su carácter.

Comparando lo que decía a finales de los años ochenta del siglo pasado y lo que dice ahora, se ve que Trump es un personaje bastante previsible, incluso cuando presume de imprevisibilidad"

Luego siempre aparecerán lo predicadores del credo globalista, muchos de los cuales desconocen el trabajo empresarial y han ido de beca en beca y de enchufe en enchufe, como Obama, tratando de convencernos que Estados Unidos y su potencia económica, base material de su liderazgo global, está muy bien, algo fácilmente refutable con una simple gráfica. En ella pueden ver como los empleos manufactureros caen en picado a partir del 2000, momento en que entran en vigor las acciones de toda una serie de lobbies montados a la sombre de los Bush y Clinton, enriquecidos con la deslocalización.

USA Manufacturing Employment
USA Manufacturing Employment

Un apocalipsis social

Dicho así podría parecer una exageración pero no lo es; aunque, claro, de nuevo los mismos propagandistas interesados (parecen una secta) nos vienen a vender el dinamismo americano, las bondades del sector servicios (¿McDonald's y Starbucks?) o reciclajes profesionales imposibles, porque hay que adaptarse a su negocio. Piensen que esos casi seis millones de empleos perdidos, más los inducidos, con sus daños familiares y perdidas de renta y patrimonio, son un verdadero drama social. ¿Se puede cuantificar ese desastre? Sí claro y, dentro de nuestras limitaciones de espacio, creo que la mejor forma de ilustrarlo sería un gráfica con la estadística de personas que reciben cupones de ayuda alimentaria que, ¡oh, casualidad!, se dispara a partir del 2001, llegando a superar los cuarenta y cinco millones de personas.

USA SNAP
USA SNAP

¿Puño de acero y guante de seda?

Puede ser, pero lo cierto es que, intencionadamente o no, antes de llegar a la Arcadia de los plutócratas y sus directivos, todos estaban encantados con la rebaja fiscal a personas y a empresas, con sus bonos extra a trabajadores, desregulación, las promesas de Apple de volver a fabricar en Estados Unidos, la mejor previsión de crecimiento global del FMI y entonces, se detonó una bomba: el Secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, al poco de aterrizar en Soroslandia, les comunicó en plan poli malo que a Estados Unidos le venía bien un dólar barato, exaltando los nervios del parvulario ante el fin de la piñata americana del open society en canal.

Tras esas declaraciones de Mnuchin y ante la acusación de guerra comercial, ni corto ni perezoso les respondió que "la guerra comercial lleva un tiempo estando presente, solo que ahora son las tropas estadounidenses las que llegan a las murallas". ¡Toma! Viendo que volvía el Trumpocalipsis, los Mass Media corrieron a preguntarle a Trump, quien, con una sonrisa, quitó hierro al asunto. A ver, que levante la mano el tonto que cree que todo este tensionamiento ocurrió por casualidad. ¿De verdad pensaban que Trump no iba en serio en temas de comercio internacional, o que lo de sacar a millones de personas de la asistencia social era "populismo"? ¿Todavía se duda del cambio de reglas? Como pienso que sí, la semana que viene, tras digerir su "Discurso sobre el Estado de la Unión", evaluaremos el efecto que ya tienen sus políticas comerciales y, de paso, exploraremos cómo se presenta el 2018 en Estados Unidos, completando así las previsiones que hicimos sobre España y Europa.


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