Opinión

Convergencia y “es que no estáis en la lista”

El expresidente del Palau de la Música Félix Millet, a su llegada a la Ciutat de la Justicia.
El expresidente del Palau de la Música Félix Millet, a su llegada a la Ciutat de la Justicia. EFE

Almuerzo en un restaurante de postín de esa Barcelona convertida en meca culinaria. El alto ejecutivo madrileño está incómodo, porque la misión que le han encomendado sus jefes en la capital del Reino es difícil, y reclama tacto y mano izquierda. Se trata de una empresa importante, cuya actividad se desarrolla por toda España, que viene a copar el 15% de su sector de actividad. Pero en Cataluña no se come una rosca. Y en Madrid, del presidente al último miembro del Consejo de Administración, están desesperados: no dan con la tecla para entrar en Cataluña.

-Ejecutivo: Se trata de ver qué podemos hacer con vosotros, cómo podemos llegar a algún acuerdo, porque llevamos años presentándonos a todos los concursos y no ganamos ni uno, nada, ni por casualidad, perdona que sea tan franco, y eso que a veces afinamos tanto que iríamos a pérdidas en caso de adjudicación; mis jefes están agobiados porque ya no saben qué hacer: lo que nosotros queremos es empezar a trabajar con la Generalitat.

-Conseller: Ya, ya, hombre, ya es casualidad que no os hayáis llevado nada, en fin, trataré de enterarme de lo que está ocurriendo.  

E. Mira, te voy a ser franco, nosotros estaríamos dispuestos a tener algún detalle. Tengo un presupuesto importante para este tipo de cosas: en Madrid financiamos un premio anual para empresarios destacados de distintos sectores; en Sevilla hacemos también cosas con la Junta, y lo mismo en Valencia, no sé, creo que aquí podríamos tener igualmente algún gesto.

C. Pues mira, yo también te voy a hablar con franqueza: lo he estado mirando y es que no estáis en la lista…

E. Perdona, ¿qué es eso de la lista?

C. Pues una lista de gente, de empresas, que colaboran con nosotros, que nos ayudan y les ayudamos, porque así es como van las cosas aquí y en todas partes.

E. Bueno, te reitero que nosotros estamos dispuestos a ayudar siempre que sea por lo legal, todo dentro de la legalidad, que los jefes no quieren luego líos, como te he dicho que funcionamos cosas en otros sitios de España, apoyando ese tipo de iniciativas o actos llamémosles culturales.

C. Aquí también podéis hacer cosas, claro que sí, lo que pasa, ya te lo he dicho, es que no estáis es la lista.

E. ¿Pero qué listas son esas? ¿Qué hay que hacer para estar en esa lista?

C. Mira, es muy fácil, nosotros tenemos unas fundaciones a través de las cuales canalizamos esas ayudas.

E. ¿Ah, sí? ¿Y eso es legal?

C. Totalmente, tienes que acercarte a alguna de ellas, la del Liceo, por ejemplo, es una, pero hay otras, hablas con los responsables, luego te digo con quién exactamente, y ellos te indicarán lo que tienes que hacer para entrar en la lista. Es muy fácil.

Esta es una conversación real como la vida misma, mantenida años atrás por un alto cargo de una importante empresa madrileña y un consejero del Gobierno de la Generalitat de Cataluña. Quien esto suscribe la conoció hace escasas fechas. La gente se va animando a hablar. No, no era Ferrovial. Se trataba de “estar en la lista”, la lista de las empresas dispuestas a pagar una mordida del 3%, del 4% según reconoció ayer el expresidente del Palau de la Música Félix Millet ante el tribunal que le juzga, para poder contratar obra pública y cualquier tipo de suministro de bienes y/o servicios con la Generalitat. Habla don Félix: “Ferrovial hacía donaciones para que el dinero fuera a CDC a cambio de obra pública que CDC le daba. No recuerdo cuándo se inició esta dinámica, hace años…” (…) “¿CDC? Sí, CDC sabía que Ferrovial daba este dinero a cambio de que se le diera obra pública, pero yo las interioridades de CDC las desconozco”.

Millet y su defensa de los peces gordos de CDC

Y ahí empezó, o continuó, Millet en su intento de poner vallas, tratar de cortar cualquier acceso a los peces gordos convergentes, a los capos de CiU, que era lo que pretendía el fiscal, endiñando toda la responsabilidad al tesorero Osàcar: “El Daniel que figura en mis anotaciones es Daniel Osàcar, pero apenas hablé con él”. Tampoco sabe nada sobre las cantidades que Ferrovial debía aportar: “Se ponían de acuerdo Ferrovial y CDC, yo no entraba”. Su trabajo era el de un sofisticado cobrador del frac: “Es que yo cobraba de muchos sitios, ¿eh?”. Salvar su culo -“no lo sé”, “no me acuerdo”, “no tengo ni idea”, “supongo”- y rescatar del incendio a los capos convergentes. Corrupción al por mayor. Tal ha sido su pretensión, que podría quedar hoy arrumbada por la declaración del ex director administrativo del Palau Jordi Montull, al parecer dispuesto a colaborar para salvar a su hija, joven aún, de una dura condena de cárcel. La fiscalía, como en los USA, parece dispuesta a aceptar descargos en su intento por llegar a los capos de verdad.

Maravilloso Millet cantando la gallina con su esforzada voz de clueca, pero diciendo claramente lo que todo el mundo sabía. Y no era el 3% sino un puntito más, la puntita nada más de lo ocurrido en el estanque dorado catalán. “Nos repartíamos el 4%, el 2,5% para CDC, el 0,5% para Montull y el 1% para mí. Nos quedábamos una parte de la comisión, el 4%”. Protegiendo a los de arriba: “Yo diría que no me reuní con nadie de CDC. Me puedo equivocar pero no creo que me equivoque. Quizás sí que tuve alguna pero no me acuerdo. ¿Sobre una reunión con el señor Gordó ha dicho? No, no me acuerdo. Debía haber algún tema, algo a hablar, pero no…” Tampoco sabe las cantidades que Ferrovial debía apoquinar: “Se ponían de acuerdo Ferrovial y CDC, yo no entraba”. Millet ha hecho más: ha pretendido cargarle el mochuelo a Ferrovial, como ejemplo o quintaesencia de esos malvados madrileños dispuestos a corromper el virginal currículum de los pobres convergentes.  

Millet es miembro prominente de una de esas 200 familias que han manejado el Principado a su antojo, como bien explica Manuel Trallero en su libro “Música Celestial”: “Cuando la policía entró en el Palau, los fundamentos de la sociedad catalana y el pacto vigente desde la Transición sufrieron un resquebrajamiento total del cual, a pesar del clamoroso silencio impuesto, todavía no se han repuesto. La clase política, las administraciones, los medios de comunicación, la justicia, la llamada sociedad civil y el propio Orfeó Català todavía deben rendir cuentas”. Jordi Pujol, paterfamilias del nacionalismo catalán, ha rendido cuentas a su modo, ha reconocido su condición de evasor fiscal, de chorizo alicatado hasta el techo. Falta por aparecer en gran tenor de esta opereta bufa, el señor Mas, Artur Mas, el Cid que una vez muerto intenta la resurrección para seguir cabalgando, con Cataluña a cuestas, lejos de las togas de la Justicia. Son célebres entre los menorquines las calderetas de Mas con Millet todos los veranos en la terraza de su casa de Fornells: “T’adreço aquestes ratlles per a convidarte, juntament amb la teua esposa i amb qui tu desitgis, a sopar a la casa de la terrassa de casa meva a Menorca on tots passem les vacances“.

Golpe contra el propio Estatut

Y mientras tanto seguimos camino del precipicio haciendo oídos sordos a todo lo que pasa a nuestro alrededor. La tropa independentista acaba de protagonizar un verdadero putsch no ya contra la Constitución española sino contra el propio Estatuto catalán, al aprobar la reforma del reglamento que, en contra del dictamen del Consell de Garanties Estatutàries, les permitiría proclamar la secesión en un par de horas, sin debate y sin el concurso de la oposición que representa a más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña. Los dirigentes del prusés se ciscan en su propia legalidad. Va a ser interesante observar a esta tropa acercarse de la mano al pie del abismo y dilucidar ¿qué hacemos? ¿Nos tiramos o no? ¿Hay alguna manera de salir de este lío? ¿Alguien a quien endiñar este muerto? Una sentencia ejemplarizante en el caso Palau, y en algún otro, podría ayudar a estos falsos demócratas a poner pie en la realidad. Tendría gracia que el prusés entero y una parte de las 200 familias cayera en manos de la Justicia por temas fiscales, como en su día cayó Alphonse Gabriel Capone y su banda por evadir impuestos, que no por matar a tanta gente como mató. Esperemos expectantes. Esto puede moverse. El fin de fiesta puede ser divertido.



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