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Igor Marín Ochoa

Opinión

A Ciudadanos se le ven las urnas

Rivera, ovacionado a grito de "presidente" por guardias civiles en Barcelona.
Rivera, ovacionado a grito de "presidente" por guardias civiles en Barcelona.

Albert Rivera quiere elecciones tan pronto como sea posible. El éxito de Inés Arrimadas en Cataluña unido al desastre general de gestión y comunicación de Mariano Rajoy han convencido al líder de Ciudadanos de que su momento ha llegado. Y cuanto antes, mejor. Está en la cresta de la ola y quiere aprovechar el impulso.

Esto ha molestado dentro del Partido Popular porque les parece una deslealtad. Los de Génova están divididos entre ‘sorayos’ y ‘cospedales’, una división muda pero que parte a la organización en dos. Y su líder está en retirada y asustado por las encuestas. Pero les molesta que otros -aquellos que en palabras de Maíllo pidieron “lentejas” en el acuerdo de investidura- tomen la iniciativa. Como si el objetivo de un partido, no sea concurrir a elecciones para ganarlas.

Y Ciudadanos está por la labor de abrir las urnas. Saben de la debilidad parlamentaria de Rajoy y la van a explotar. “No vamos de farol. Si el presidente cumple lo pactado, apoyaremos los presupuestos”, señalaba esta semana en el multitudinario desayuno de Albert Rivera en Madrid un destacado dirigente liberal.

Una frase que da un barniz de partido de Estado de los de Rivera pero que en el fondo es una jugada maestra. Las peticiones de Ciudadanos para apoyar las cuentas del Estado -principalmente equiparar los sueldos de Guardia Civil y Policía con Mossos y Ertzaintza y cesar a Barreiro y (quizás) Camps por los casos Púnica y Gürtel respectivamente- son una fórmula ganadora.

Si el PP acepta, asume que la corrupción sigue en sus filas. Además, cede a Ciudadanos el papel de defensores de la fuerzas y cuerpos de seguridad, que son un botín muy goloso en número de votos. Si por contra los populares se encelan y se niegan, lanzan un mensaje de protección de los presuntos corruptos y abandonan a un caladero electoral tan importante como los uniformados. Pase lo que pase, Ciudadanos gana. En un caso con las elecciones previsiblemente en dos años y en el otro con las urnas a la vuelta de la esquina.

El PSOE también les ha dejado el terreno despejado. La obsesión de Pedro Sánchez con Podemos ha provocado que los socialistas abandonen el espacio ideológico del centro

Pero no solo de los muchos errores del PP pescan votos los liberales. El PSOE también les ha dejado el terreno despejado. La obsesión de Pedro Sánchez con Podemos ha provocado que los socialistas abandonen el espacio ideológico del centro. El  mismo que precisamente es el que hasta hoy siempre ha llevado a quien lo ha sabido ocupar hasta la Moncloa. Albert Rivera, muy cuco, ha ocupado ese nido y ha girado su partido hacia el liberalismo y el centralismo (ideológico y territorial). Allí ha encontrado un filón de votantes huérfanos entre los votantes del viejo PSOE que se encontraban cómodos con un partido moderado y con políticas de las conocidas como de Estado. Con esos votantes y militantes que en las primarias simpatizaron o votaron por Díaz o López y que suponían el 49,74% de los socialistas con carnet. Es decir, la mitad.

Como Sánchez en vez de coser a su partido se ha olvidado de mitad de su censo, como hace Puigdemont en Cataluña, alguien ha llegado y ha lanzado la caña. Y la fuga de votos, sin llegar a ser tan grave como la que sufrió el PSOE con Podemos y con las abstención, es ya preocupante.

Debilidades de Ciudadanos

Pero, a pesar de que Albert Rivera parece tener todo a favor para acercarse a la Moncloa, que nadie en Ciudadanos lance las campanas al vuelo. Primero, por algo tan simple, obvio y viejo como que en política todo es efímero y el éxito más. Las encuestas que ahora le colocan primero pusieron a Podemos en esa misma posición hace no tantos meses. Hoy esas cifras adornan el despacho de un Pablo Iglesias deprimido y deprimente.

Las encuestas que ahora le colocan primero pusieron a Podemos en esa misma posición hace no tantos meses

Además, por falta de entrevistas, los sondeos no entran en un detalle fundamental en el sistema electoral: las circunscripciones. Y en España, por el desigual reparto de escaños, las elecciones se acaban decidiendo en Soria o Guadalajara. En este sentido, Ciudadanos tiene un escollo enorme.

En las últimas generales de junio de 2016, los entonces socialdemócratas no obtuvieron ningún escaño en 32 de las 52 circunscripciones o lo que es lo mismo 0 escaños de 134 posibles. No obtuvo representante alguno en La Mancha, Extremadura, Galicia, Euskadi, La Rioja, Navarra ni en Ceuta y Melilla. Es cierto que, probablemente, esto va a cambiar mucho. Pero que ese cambio sea suficiente como para un sorpasso es muy complicado.

En las última elecciones, Cs no logró ningún escaño en La Mancha, Extremadura, Galicia, Euskadi, La Rioja, Navarra ni en Ceuta y Melilla

Otro escollo, aunque menos importante dado el nivel de sus rivales, es que el perfil de Rivera todavía es bajo, Uno de sus mejores aliados, el grupo Prisa, acusaba esta semana al líder de Ciudadanos de estar verde. Y el cabeza de cartel naranja no duda en intentar despegarse de esta etiqueta de forma constante. Tanto es así que se nota en exceso que es una de las rémoras que arrastra.

Sea como fuere, y aunque el éxtasis liberal es fruto de la foto demoscópica de un momento dado y en unas circunstancias atípicas por la crisis catalanas, Ciudadanos quiere asaltar el poder. Se siente ganador y es sabedor de que ahora tiene fuerza. Pero la llave de las urnas la tiene Rajoy. Y bastante tiene el gallego con atornillar su silla, elegir bien a sucesor con la democracia digital de los populares y, si le sobra tiempo, dirigir el país. Y tratándose de Rajoy, las cosas pueden ser unas, las contrarias o ambas simultáneamente.

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