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Carlos Gorostiza

Opinión

Ciudadano Valls

El exprimer ministro francés puede ser el revulsivo que necesita Barcelona para recuperar el pulso cosmopolita que el nacionalismo le ha ido arrebatando lenta y metódicamente

Manuel Valls.
Manuel Valls. EFE

Será hoy mismo cuando el ex primer ministro de Francia, Manuel Valls, haga oficial su intención de ser alcalde de Barcelona. No es novedad que quien opte a una alcaldía importante lo haga con un proyecto basado en su persona. Lo hizo Ada Colau, que pasó del activismo anti-desahucios a ser alcaldesa sin tener grupo político detrás, y lo quiere hacer Manuela Carmena en Madrid, en su caso precisamente porque sí tiene uno, del que quiere deshacerse.

También Pasqual Maragall, accedió a la presidencia de La Generalitat con la candidatura de “Ciutadans pel Canvi”, coaligada pero no subordinada al PSC. Pero lo que hace especial el caso de Valls es, no solo su aplastante currículo político fuera de España, sino que se haya escapado del control de Ciudadanos desde el minuto 1, expresando con toda claridad que él no se ha ido del Partido Socialista Francés para ser un hombre de partido. Dicho y hecho: primero tiró los tejos a PSC y PP para que se fueran con él y después ha empezado la elección de sus colaboradores no solo con total libertad, sino, por lo que dicen, sin preguntar siquiera a los de Rivera. Para empezar, tirando precisamente de destacados ex colaboradores de Pasqual Maragall, como Xavier Roig.

El mensaje de madurez que Ciudadanos quería transmitir no les ha funcionado como esperaban. Queriendo demostrarse capaces de atraer para sí a un político de altísimo nivel, lo que están viendo es que un candidato tan profesional, potente y ambicioso como Valls decide él solo por qué senderos políticos transitará su propuesta, su candidatura y su lista. Así que será por ahí por donde tendrán que seguirle los de Arrimadas, incluso moderando sus posiciones más anticatalanistas, que el candidato al que siguen, obviamente, no comparte. Que van detrás lo confirmaba el propio Rivera inadvertidamente la pasada semana cuando dijo que “en pocos días sabremos si tenemos una candidatura ganadora en Barcelona”, sin darse cuenta de que sus palabras sonaban como si le faltase un “y también me enteraré yo”.

La batalla de las municipales se prevé durísima porque los independentistas saben perfectamente que si se les vuelve a escapar Barcelona acabarán fracasando

El riesgo que tiene despertar a un monstruo político como Valls es que cuando se levanta y echa a andar no te espera y no te deja otra opción que seguirle. Con todo, hay que reconocerles a los naranjas ambición, atrevimiento y valor, aunque ahora tengan que hacer de la necesidad virtud dejando que su candidato haga y deshaga.

Si haciendo y deshaciendo Valls es capaz de recuperar para sí el espíritu del Maragall alcalde, puede arrastrar muchos votos ciudadanos: los de Ciudadanos, los del catalanismo siempre moderado y ahora espantado, muchos del PSC y todos los que le queden al PP. Eso es transversalidad y lo demás gaitas.

Valls va, de momento, por libre y eso crea expectativas y dudas. Pero ¿acaso se sabe lo que va a hacer Casado?, ¿imaginaban muchos socialistas lo que haría Sánchez? Valls no es el único político imprevisible, pero sí el que más expectativas va a levantar de entre todos los candidatos a la alcaldía. De momento, ya se ha mostrado partidario de “mantener la firmeza con el separatismo” y, a la vez, recuperar un catalanismo que considera que “es de todos”.

Importa mucho que la primera ciudad de España por la que te preguntan cuando viajas lejos no se deje arrastrar y vuelva a mostrarse abierta y poderosa para enfrentar a un independentismo que se cree todo lo vanguardista, moderno y democrático que no es. Solo Barcelona puede hacerlo y es creíble que el exprimer ministro de Francia pueda ayudar a que la ciudad recupere el pulso cosmopolita de siempre, que el insistente y bien subvencionado ambiente nacionalista le ha ido arrebatando lenta y cuidadosamente.

Un año después del referéndum del 1 de octubre y con el Parlament cerrado por desavenencias entre los propios independentistas, arranca la batalla de las municipales que en Barcelona se prevé durísima sobre todo porque los independentistas saben perfectamente que si se les vuelve a escapar Barcelona acabarán fracasando.

Si estamos o no asistiendo a un nuevo prodigio en esa ciudad ya se verá, pero el revulsivo de un “extranjero” nacido en la ciudad y con un currículo tan apabullante, es el cisne negro que nadie esperaba, que añade interés y que descoloca todas las previsiones.



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