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Miquel Giménez

Opinión

¿Por qué es en Cataluña donde VOX crece más?

Santiago Abascal, en el mitin de este domingo en Vistalegre.
Santiago Abascal, en el mitin de este domingo en Vistalegre. EFE

En el pasado mes de abril, VOX celebró en el Hotel Barceló Sants de la capital catalana su primer gran acto público. Contra el pronóstico de los “sabios” de siempre, fue un éxito total. Ahora, la tierra del procés es donde más crece esta formación.

Cataluña es un lugar curiosísimo en el que a los partidos no separatistas se les tilda de fascistas, los batasunos violentos de la Carrerborroka son “activistas sociales”, los golpistas del 1-O gozan del calificativo de presos políticos y exiliados mientras que a VOX, directamente, se les llama nazis. Sí, esta es tierra proclive al escapismo eufemístico que se niega a decir, por ejemplo, que Pujol es un defraudador, que sus hijos son, al menos presuntamente, unos ladrones y que la ex Convergencia es, aquí si que existe sentencia judicial, un partido corrupto.

En ese magma de la tergiversación tiene el separatismo no pocas de las bazas ganadoras que lo han hecho aparecer como algo casi imposible de batir. La mejor de ellas es la estigmatización de todo lo que no sea su discurso, sus consignas, su política. Ese es el mundo oficial, el lenguaje que emplean los medios del régimen estelado, incluso el que escuchamos en el Parlament, hay que decirlo, no solo en boca de los separatistas. Podemitas y socialistas son muy dados también a emplear el espantajo del fascismo, de la xenofobia, del totalitarismo con partidos de derechas. Véase como han intentado cubrir de basura a Xavier García Albiol, por activa y por pasiva, con un éxito más bien mediocre, porque el candidato popular a la alcaldía de Badalona sigue ahí. Cometió el pecado de llamar a las cosas por su nombre y decir que teníamos un problema con la inmigración ilegal que se refugia en guetos en los que la delincuencia, cuando no el terrorismo, son el pan nuestro de cada día. A lo mejor es por eso que en los últimos comicios municipales le votó en masa toda Badalona, ganando en todos los distritos menos, vaya por Dios, en uno: el de los ricos pijos progres.

Colgar de tu balcón una bandera de España, manifestarte públicamente en contra del separatismo es, a día de hoy, una heroicidad

Si el PP ha sido el diablo para la izquierda caviar y el separatismo de Pedralbes con sociedad off shore en Panamá, dejo a la imaginación del lector qué debe suponerles el fenómeno de VOX. La formación liderada por Santiago Abascal crece a pasos agigantados en el conjunto de España, dándole todos los sondeos la presencia y aún grupo propio en el congreso en unas elecciones generales. Lo más singular es que sea aquí, en esta Cataluña de epifanías republicanas y proclamaciones espurias, donde crezca de manera vertiginosa. Entre un seis y un siete más que en el resto del territorio nacional.

Las razones son evidentes. Colgar de tu balcón una bandera de España, llevarla en la solapa, manifestarte públicamente en contra del separatismo en tu trabajo, con tus amigos, en el seno de tu familia, es, a día de hoy, una heroicidad. Excuso decir lo que representa que los Mossos te pillen quitando lazos amarillos o esteladas, porque te identifican, mientras los CDR campan a sus anchas.

Siendo todo esto normal para el establishment catalán, refugiado confortablemente en instituciones que deberían ser de todos y pagando con nuestro dinero sus propios delirios, la gente ha dicho prou, basta. Téngase en cuenta que más de la mitad del país ni es ni quiere ser separatista, la misma que nunca pensó que acabaría manifestándose por España, la defensa del español en la escuela, el rey o la unidad de la patria. Es a esa gente harta de tanta moñada – sí, he dicho moñada, ya pueden los censores de guardia crucificarme – a quien VOX se ha dirigido de manera muy hábil. Sabiéndolos desamparados, VOX les lanza un mensaje muy simple, que es hablar llamando a las cosas por su nombre, como se hace en la calle. Digamos antes de proseguir que si VOX gana votantes se debe a que los partidos constitucionalistas han hecho dejación de sus obligaciones. Unos más que otros, pero a la gente no se le puede exigir sutilezas a la hora de reclamar lo que considera justo.

Ser facha es muy sencillo en Cataluña

VOX se presenta como defensor de la constitución, lo que deslegitimaría el calificativo de fascista, porque en un régimen democrático como el nuestro los fascistas son quienes pretenden romperlo. La historia así nos lo enseña. Tampoco se ha visto en los mítines del partido de Abascal a nazis flamencos, a diputados de Alternativa por Alemania, de la Lega, a terroristas relacionados con Ordine Nuovo, y miren que todo eso sí que es extrema derecha pura y dura. En los de los separatistas, sí, por no mencionar a etarras o gente de Terra Lliure. Carece VOX de escuadrones de asalto como los CDR, cosa importante, y no parece que tenga el menor interés en retorcer la historia mediante institutos subvencionados que vengan a construir un imaginario falso en el que la supremacía de un colectivo se ensalce despreciando al resto.

La gente está harta y, claro, a la que oye hablar de suprimir las autonomías, aplaude con las orejas porque se pregunta para qué rayos sirven si no es para mantener a una panda de gandules. La gente está harta también de ver como lo poco que gana se lo llevan los impuestos, que se trabaja para pagar cada vez más, que existe un buenismo suicida con los inmigrantes, a los que poco menos que se les pone un piso – en muchos casos esto es literal – o se les organiza un sindicato – también esto es literal – mientras que el sufrido comerciante ha de bajar la persiana porque no puede aguantar más o el autónomo ha de morderse los puños al no poder acceder a ninguna ventaja fiscal ni social.

La gente está harta y a la que oye hablar de suprimir las autonomías, aplaude con las orejas

VOX habla de esto y, lógicamente, ese pueblo que circula como la infantería, a golpe de calcetín y sudor, está receptivo. Que suprimir las diecisiete autonomías sea harto complicado, porque hay demasiados intereses en juego, que no ventajas para la ciudadanía, o que favorecer a la gente, sea de aquí o de allí, que cumple la ley y paga religiosamente sus impuestos frente a los que solo hablan de unos derechos que jamás conquistaron, ya son otros Garcías.

Ahora, todo este discurso, que no es más que el cumplimiento de la ley, cala y mucho en el momento presente. Harían bien los pseudo constitucionalistas, y me refiero a PSC y Comuns, en adoptar una postura ideológica basada en la calle y no en sus especulaciones de café respecto a inmigración, barrios deprimidos, tasas de paro endémicas, subvenciones y regalías solo a según quién, porque la vida que existe más allá de sus cristales blindados siempre acaba por imponerse.

Es sintomático que al populismo podemita se le rían todas las gracias calificándolo de izquierdista, al supremacismo separatista se lo camufle como vindicación de la democracia y, en cambio, a VOX se lo arroje al cajón del espantajo fascista. Todo esto no puede llevarnos más que una radicalización aún más grave de la que padecemos. Sin separatismos ni populismos leninistas, posiblemente nadie se estaría mesado los cabellos con Abascal, que no deja de ser la consecuencia inevitable y fatal de una casta política cobarde, endogámica e ineficaz. Cuando la derecha es pancista y la izquierda inexistente pasa lo que pasa.

Cuidado.

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