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Verónica Fumanal

Opinión

Casado se la juega

El líder del PP afronta dos elecciones en sendas comunidades que no controla. Un trance complicado en el que se la juega

Núñez Feijóo y Pablo Casado este sábado en Cerdedo-Cotobade (Pontevedra).
Núñez Feijóo y Pablo Casado este sábado en Cerdedo-Cotobade (Pontevedra). EFE

El PP de Pablo Casado está en plena construcción. Tras las elecciones generales que el líder popular tuvo que afrontar tras su elección como líder del partido, es ahora cuando está acometiendo las remodelaciones orgánicas que dibujarán los próximos años del partido. A pesar de ganar el congreso a través de unas primarias a doble vuelta, no son menores los contrapesos a Casado que continúan existiendo en el PP, por ejemplo, Moreno Bonilla que al frente de la Junta de Andalucía mantiene protegidos a los andaluces sorayistas. Es ahora, en las elecciones autonómicas gallegas y vascas, donde Casado se está jugando dos territorios que no controla y que aspira a hacerlo para afianzar su liderazgo. En Galicia, de momento, gana la partida Feijoó; en cambio en Euskadi la defenestración fulminante de Alonso muestra como Casado marca territorio, aunque esto suponga una tormenta en su partido a un mes de las elecciones.

La baza más difícil para el líder nacional popular, pero al mismo tiempo con más escenarios positivos es Galicia. Nuñez Feijoó no puede aspirar a nada más que a mantener su mayoría absoluta bajo amenaza de catástrofe. En primer lugar, porque no hacerlo podría suponer la unión de todos los partidos a su izquierda y la pérdida de la Xunta. En segundo lugar, porque Feijoó debe evitar a toda costa tener que depender de Vox, un partido denostado por el barón gallego, para formar mayoría parlamentaria. Y, en tercer lugar, porque Casado es plenamente consciente del contrapoder orgánico que supone la Xunta de Galicia como referente político para el partido, y, por lo tanto, la mayoría absoluta de Feijoó es la mejor defensa frente a un posible intento de socavar al líder gallego.

El arranque de la precampaña no es bueno para naranjas y populares, puesto que las discrepancias públicas están empañando una campaña ya de por sí complicada para los populares vascos

No obstante, como señalaba en el inicio, los escenarios positivos para Casado en relación a Galicia son múltiples, si Feijoó consigue mayoría absoluta, el PP y por tanto, Casado pueden alimentar el relato de la reunificación de la derecha en las siglas populares; si Feijoó pierde la mayoría absoluta, y necesita a Vox, tendrá que comerse las críticas que hizo a la dirección nacional por pactar con ellos y asumir parte de sus postulados; si finalmente, Feijoó pierde la Xunta, el todopoderoso líder gallego dejaría de serlo y con ello, el contrapoder que supone para Casado.

La situación vasca es algo más compleja para Casado, y tras el cese fulminante de Alonso, estamos a la espera de saber quien será el candidato o candidata del PP. Alea jacta est, la coalición está hecha y firmada, pero el inicio de la precampaña no es bueno para naranjas y populares, puesto que las discrepancias públicas están empañando una campaña ya de por sí complicada para los populares en Euskadi. En las elecciones vascas, el partido lleva perdiendo unos 20.000 votos en cada elección desde el 2009, hasta el 2016 donde obtuvo unos 100.000, los mismos que en las pasadas elecciones del 10 de noviembre.

La coalición con un partido contrario al cupo vasco descolocará al PP en la única cuestión que concita el consenso en la comunidad

Además de esta tendencia decreciente, debemos considerar que el partido suele obtener sus mejores resultados en elecciones generales, por lo tanto, y en base a los precedentes, la coalición PP+Cs podrían obtener unos 80.000 votos, lo que los situaría entre los 6-8 diputados. Todavía no sabemos si la suma con Cs les hará recuperar parte de la estimación de pérdida que auguran o si, por el contrario, la coalición con un partido contrario al cupo vasco desposicionará al PP en la única cuestión que concita consenso en la comunidad, y que lastraba las opciones de Cs en el pasado. Por último, veremos la dimensión de la irrupción de Vox, que tiene un techo electoral de 28.000 votos, los mismos que tuvo el 28 de abril y el 10 de noviembre, un estancamiento que en nada se parece al aumento que tuvo en otras comunidades y que nos da cierta idea de la fuerza electoral de los de Abascal en Euskadi.

Las elecciones del próximo 5 de abril son importantes para el PP orgánico, para el liderazgo y consolidación de Pablo Casado. Tanto Feijoó como Alonso son barones críticos con la dirección y la estrategia del partido, y suponen contrapesos y detracciones veladas muy peligrosas para un liderazgo en construcción como es el de Pablo Casado. Si con Feijoó y su mayoría absoluta, Casado no ha podido, la demostración de fuerza con el cese de Alonso, unido a otras deserciones sonadas como las de Borja Semper, muestran que el País Vasco caerá orgánicamente del lado de Casado, aunque esto pueda tener un coste electoral. En las elecciones del 5 de abril, Casado se la juega. Al menos en las vascas ha decidido hacerlo con uno de los suyos.

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