Editorialvozpopuli autores
Editorial

Editorial

Exhibicionismo partidista y descrédito de la Justicia

Manuel Marchena
Manuel Marchena EFE

Sin el menor disimulo, prescindiendo del más leve decoro, traicionando la buena fe de los ciudadanos. Los españoles, unos privilegiados, tenemos la enorme suerte de conocer con impagable anticipación el nombre del próximo presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), y por tanto del Tribunal Supremo. Antes incluso de que el Parlamento haya elegido a los vocales que habrán de proclamarlo. Se llama Manuel Marchena, y es un prestigioso magistrado, según todos los indicios, amén de razonablemente conservador y presidente, hasta la fecha, de la Sala de lo Penal del Supremo.

Pedro Sánchez, Pablo Casado y Pablo Iglesias se han prestado al juego. Una vez más. La enésima. Tres políticos de la nueva hornada, tres teóricos regeneracionistas, nos vuelven a someter a esta vergüenza colectiva. Los dos primeros reproduciendo viejas costumbres. El tercero no haciéndole ascos a las migajas. Poco ha durado la esperanza. Juego de trileros a la luz del día, radiado al minuto, con luz y taquígrafos. Esto era la “nueva política”, una trituradora de reputaciones, una máquina de fabricar enemigos del sistema.

Dirán que no había otra opción, que es lo único que cabía hacer mientras no se cambie la ley. Falso. El actual modelo de elección del CGPJ es tan bueno o tan malo como cualquier otro. No es ese el problema de fondo, sino el reparto del poder, el mantenimiento del sistema de cuotas, que deja en un segundo plano la meritocracia, como hemos denunciado aquí en más de una ocasión.

Durante años, PP y PSOE han pactado a espaldas de Congreso y Senado, y por supuesto de la opinion pública, la distribución del pastel: composición del Consejo del Poder Judicial, presidencias de salas, nombramientos de vacantes. El tejemaneje ha provocado situaciones de extraordinaria humillación, en las que los más capacitados eran rechazados en favor del candidato mediocre pero fiel.

Estamos ante el penúltimo capítulo de la serie ‘Cómo desprestigiar irreversiblemente a la Justicia y hacerle el juego al independentismo’

Antes o después, el chiringuito en el que unos cuantos han convertido la cúpula de la Justicia, con la complicidad de la clase política, tenía que mostrarnos sus vergüenzas con toda crudeza. Y en ese momento estamos. Solo que los daños colaterales son monumentales. La catástrofe es mayúscula, y no se adivina remedio eficaz.

Si a este bochornoso exhibicionismo del poder partidista le añadimos el penoso espectáculo brindado por el Tribunal Supremo con el llamado “impuesto sobre las hipotecas”, y conectamos ambas arbitrariedades con el próximo juicio oral al que serán sometidos los responsables del llamado “procés”, lo que parece dibujarse es una diabólica regla de tres cuyo resultado es claramente favorable a los intereses del independentismo.

El Tribunal Supremo, PSOE, PP y Podemos -gran facilidad de adaptación la del partido morado-, han provocado la mayor crisis reputacional de la Justicia española y, paradójicamente, serán los que en mayor medida han intentado manipularla, los que entre sus planes secesionistas habían previsto un tribunal supremo catalán nombrado íntegramente por el presidente de la Generalitat, aquellos que mayores réditos estarán en disposición de obtener chapoteando en el fango de esta deplorable y dramática tesitura.

No hay remedio coyuntural. Con los partidos en el fondo del pozo demoscópico y la Justicia en la UVI, solo el irresponsable atrincheramiento del presidente del Gobierno dificulta la única salida tolerable: la inmediata convocatoria de elecciones generales; ceder a los ciudadanos la palabra que sus representantes políticos han sido incapaces de mantener.

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba