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Marcos Sierra

Opinión

Bitcoin y oro, parecidos razonables

Bitcoin y oro, parecidos razonables
Bitcoin y oro, parecidos razonables Andre Francois

En el mundo todo funciona por relaciones de confianza. Las empresas contratan empleados en función de la confianza que tengan en ellos. Adquirimos un coche u otro por la confianza que nos generan marca y comprador. Compramos la carne en una carnicería por la confianza en el género y el dependiente que nos atiende. Establecemos una relación de pareja con alguien porque confiamos en ella o él. 

La parte oficial viene después. Firmar el contrato laboral, regularizar el impuesto de matriculación, pasar por el juzgado a oficializar la relación con un casamiento... Pero el principio. El punto de partida de las relaciones antes expuestas, parte de la confianza.

Como el vigía que desde su atalaya en lo alto de un velero contempla cómo el barco se acerca a tierra, no deja de sorprenderme el desprecio -e ignorancia a partes iguales- con el que muchos hablan del bitcoin o de cualquier otra criptomoneda en general.

Ahora mismo hay 200.000 millones de dólares en bitcoins moviéndose por el mundo

El que suscribe, sin estar a favor o en contra de la moneda virtual -no es necesario, nada me han hecho-, se limita a dar testimonio de lo que sucede. Y sucede que millones de personas de todo el mundo ha invertido en el bitcoin, invento que no se puede palpar. Confían en él como nosotros confiamos en la tarjeta de crédito para comprar en el supermercado. No hay billetes dentro, pero permite adquirir cosas porque el dependiente, el comercio y mi banco nos hemos puesto de acuerdo para confiar en ese pedazo de plástico.

En el momento en el que millones de personas aceptan cualquier cosa como referencia para comerciar con ella, esa cosa adquiere unvalor. Ahora mismo hay 200.000 millones de dólares en bitcoins moviéndose por el mundo -también hay muchas otras monedas virtuales en circulación-. Dicho esto ¿cuál es el valor real del bitcoin? Para los legos está en su cotización, en lo que se paga por él. En los dólares o euros que cuesta comprar uno.

Para la comunidad más experimentada la clave está en lo que permiten hacer en virtud de su construcción. Imagina que reciben un euro en la panadería tras comprar una hogaza de pan. ¿Qué pensarían si pudiesen ver quién la ha tenido antes -todos sus propietarios- y qué bienes se han comprado con ella? Imagina además que todos los que utilizan euros pueden acceder a la información de cada billete, de cada moneda, en tiempo real. Imagina lo difícil que por ello falsificar esos billetes y monedas.

¿Qué diferencia al bitcoin del oro o el petróleo? Muchas cosas, pero sobre una: la legislación. Afinsa fue condenada por estafa precisamente dentro de un sistema regulado, y lo que sucede en las bolsas está también bajo lupa

Imagina que no tienes que llevar dinero físico nunca. Ni tarjetas. Cuando entras en la panadería compras un par de barras de pan y automáticamente bajan los céntimos de tu cuenta bancaria. Imagina que dejas una de ellas porque finalmente tus suegros no van a comer a casa y los céntimos correspondientes se añaden a tu cuenta al instante, sólo por el hecho de ser tú y de que formes parte de una red en la que todos conocen a todos. Pues esto es lo que permiten hacer criptomonedas como el bitcoin o ethereum, que son las de mayor peso en la actualidad.

Todo se reduce a confianza. Todo. El mundo de las monedas virtuales es calificado por muchos como una estafa piramidal. Por concepto, el ecosistema de las criptomonedas es comparable con la bolsa y su relación con la valoración de las empresas o a Afinsa en su día con los sellos. Lo es también al petróleo y también al oro, valor refugio. Metal que da peso y entidad a los bancos centrales. 

¿Qué diferencia a estos bienes del bitcoin? Muchas cosas, pero sobre una: la legislación. Afinsa fue condenada por estafa precisamente dentro de un sistema regulado, y lo que sucede en bolsa está también bajo la lupa de la ley por eso mismo.

Los agoreros, los que no van más allá, ven en el bitcoin una amenaza. Desconfían. Lo rechazan. ¿Es susceptible de ser una burbuja? No menos que la bolsa, que el petróleo o que el propio oro

El oro existe desde el periodo Calcolítico. Los romanos esquilmaron las minas que de este preciado Metal encontraron en Hispania y nosotros hicimos lo propio en Hispanoamérica. En Estados Unidos causo fiebre entre los buscadores del dorado en el Nuevo Mundo y no hay casi mujeres que no encuentren atractiva una joya tallada en tan preciado metal. Hace ya un buen puñado de años fue regulada de una forma más moderna, más adaptada a los nuevos tiempos. Y esa legislación se precipitó porque había quien lo compraba y vendía. Quien le daba valor.

Es cuestión de tiempo que el mundo de las criptomonedas se regule. Los bancos están interesados en su funcionamiento. Santander, Bankia, CaixaBank, BBVA, Sabadell, Kutxabank, Repsol, Cepsa, Indra o Telefónica son sólo algunas de las empresas integradas en la red Alastria, creada para realizar proyectos en blockchain, la tecnología sobre la que se han desarrollan las monedas virtuales. Hacienda ya se ha referido en varias ocasiones a la necesidad de legislar las criptomonedas y ya hay empresas que ofrecen planes de pensiones con el bitcoin como eje central. CME Group, compañía estadounidense de mercados financieros que opera una bolsa de opciones y futuros, ya tiene un producto para sus clientes basado en moneda virtual. Que se establezca una regulación es cuestión de tiempo.

Los agoreros, los que no van más allá, ven en el bitcoin una amenaza. Desconfían. Lo rechazan. ¿Es susceptible de ser una burbuja? No menos que la bolsa, que el petróleo o que el propio oro. ¿Es una creación de los mismos que crean las burbujas económicas? Podría darse el caso, de hecho hay quien así lo asegura en algunos foros de moneda virtual.

En el mundo todo son relaciones de confianza. El matrimonio, la compra en una carnicería u otra, la inversión en un determinado valor en bolsa... Pasa también con el bitcoin. Millones de personas de todo el mundo confían en él

Tratar de prender fuego al bitcoin es un error, aunque a veces al encender la llama se descubre el verdadero valor de algo a priori inservible. Prueben a acercar un mechero a un pedazo de carbón en estos días de frío.

Visto así, yo le veo al carbón más utilidad que a un lingote de oro, pero cada uno le da valor a lo que le da valor. Y eso pone precio a las cosas.

Pasen el domingo sin pensar en el lunes, no me sean agonías. Serán mucho más felices.



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