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Juan Laborda

Opinión

Banco de España: ¡sí, hay una alternativa!

En una situación económica de crisis, como la de 2008, la política monetaria no es eficaz. Sólo sirve la política fiscal

La crisis financiera y el camino de perdición del Banco de España
La crisis financiera y el camino de perdición del Banco de España EFE

Curioso, los adalides de la austeridad, es decir, Banco de España, ahora piden estímulo presupuestario, es decir, gasto público a aquellas economías europeas que tengan margen. ¡A buenas horas mangas verdes! ¿Acaso no escucharon en 2008 las lecciones de Richard Koo? ¡No es incompetencia estructural!, que también. Es algo más. Es la defensa de los intereses de la superclase. En una recesión de balances como la del 2008 la política monetaria es inefectiva, solo sirve la política fiscal. Menos mal que desde 2014, por razones políticas, Europa levantó a España el pie de la austeridad.

Pero el desempeño de Banco de España, y el resto de bancos centrales, presenta otro flanco todavía más débil. Son los principales responsables del mayor error de política económica de la historia moderna: no limpiar los balances bancarios a costa de acreedores. El resultado, un incremento brutal de la deuda soberana. Y en esas estábamos cuando la desaceleración se va extendiendo, de manera que cuando los mercados financieros de riesgo estallen habrá de nuevo otra crisis sistémica. Por cierto, vigilen la deuda corporativa estadounidense de alto riesgo, esparcida vía CLOs (Collaterlaized Loan Obligation).

Las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener niveles de empleo

Los errores cometidos, por lo tanto, fueron el resultado de la combinación de diversos factores. Por un lado la exigencia de austeridad fiscal. Por otro, un rescate bancario pagado por los contribuyentes. A ello añadamos la distopía derivada de una devaluación salarial, y su incapacidad para entender las fuerzas deflacionistas actuales. En Teoría Económica hay multitud de paradojas que explican el triste desempeño de la ortodoxia dominante. La paradoja del ahorro de Keynes; la paradoja de costes de Kalecki; la paradoja de los déficits presupuestarios de Kalecki; la paradoja de la deuda de Steindl; la paradoja de la tranquilidad de Minsky; la paradoja de la liquidez de Nesvetailova; y la paradoja del riesgo de Wojnilower. Da igual, se pasaron por el forro todo esto y más.

Un tipo de cambio flexible

Pero frente a sus sinsentido, frente a la tan manida idea de que no hay alternativa (there is not alternative or TINA), sí hay otro camino posible. Lo hemos ido desgranando desde estas líneas. Nos referimos a la Teoría Monetaria Moderna (TMM). El entorno actual es el ideal para desarrollar la TMM. Tras la ruptura de Bretton Woods en 1971, la mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas mediante decretos legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo de cambio flexible libera a la política monetaria de tener que defender una paridad fija.

Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. El culto a la austeridad se deriva de la lógica del patrón oro y no son aplicables a los sistemas monetarios “fiat” modernos.

La reacción de las élites no se hizo esperar, y desde el momento en que los emisores de dinero, los Estados, empiezan a ser gobernados democráticamente, las élites político-financieras reaccionaron. Se ocultó a ciudadanía que Estados soberanos jamás pueden quebrar. Se promovió la independencia de los bancos centrales justo cuando estados democráticos podían ejercer plena soberanía monetaria y generar pleno empleo. Y son los banqueros centrales los que se convierten en los guardianes de la ortodoxia. El objetivo era doble. Por un lado, limitar la eficacia de la política fiscal de los gobiernos. Por otro, pasar de un sistema de deuda pública donde el poder lo tenía el Tesoro a otro donde se traspasa al mercado: negocio a favor de la superclase. Se prohibió Banco Central comprara deuda soberana en mercados primarios.

Teoría monetaria moderna (TMM)

Como señala James Montier, el extravagante y lúcido estratega jefe de inversiones de la gestora GMO, en What Does Everyone Hate MMT?, y abro comillas, “Yo juzgo las teorías económicas por su utilidad a la hora de enmarcar y explicar el mundo, no por su elegancia matemática. Para mí un enfoque económico debe ayudarme a entender el mundo, y proporcionarme algunas ideas útiles (preferiblemente sobre mi trabajo del día a día, invertir). Con respecto a estas medidas, permítanme asegurarles que la TMM gana por goleada y destroza a la economía neoclásica, sin lugar a dudas”.

A continuación Montier detalla los elementos más importantes del TMM. Veámoslos:

1. El dinero es una criatura del estado. El dinero es efectivamente un pagaré (IOU). Cualquiera puede emitir dinero; el problema es conseguir que se acepte. La capacidad de imponer impuestos (u otras obligaciones) hace que el "dinero" de un país sea valioso.

2. La comprensión del entorno monetario es vital. El régimen monetario bajo que un país opera es importante. Cualquier país que emita deuda sólo en su propia moneda y tenga un tipo de cambio flotante se puede pensar que es monetariamente soberano. Esto significa que no se le puede obligar a pagar su deuda. Nos referimos a los Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Suecia, Suiza, Dinamarca, Canadá, Nueva Zelanda,… pero no la Eurozona ni la mayoría de los mercados emergentes.

3. Una descripción operativa del sistema monetario es fundamental. Es necesario entender que los préstamos crean depósitos (que a su vez crean reservas, es decir, dinero endógenamente) es un punto de partida mucho más realista que el punto de vista general de que los depósitos crean préstamos. Por ejemplo, conocer que el gasto público crea reservas y reduce los tipos de interés es vital para entender el mercado de bonos de Japón.

4. Finanzas funcionales, no sound finance. La política fiscal es mucho más potente que la política monetaria. La política fiscal debe orientarse a la generación de pleno empleo al tiempo que se mantiene una inflación baja (en lugar de, por ejemplo, lograr un presupuesto equilibrado). Un plan de empleo garantizado es un ejemplo de una opción política útil para este resultado (actuando como una reserva de amortiguamiento en un mercado de productos básicos) a los ojos de la MMT.

5. Los límites son límites reales de recursos y ecológicos. Si cualquier sector de la economía lo empuja más allá de los límites de la capacidad, entonces se producirá una inflación. Si un gobierno gasta demasiado o grava muy poco, puede crear inflación, pero no hay nada único en el sector gubernamental a este respecto. Estos son los límites que importan -personas, máquinas, fábricas- no las restricciones de "financiación".

6. La deuda privada importa. Incluso en un Estado monetariamente soberano, la deuda privada importa. El sector privado no puede imprimir dinero para pagar sus deudas. Como tal, tiene el potencial de crear una vulnerabilidad sistémica. Piense en la hipótesis de inestabilidad financiera de Minsky: la estabilidad engendra inestabilidad.

7. La contabilidad macro (Balances Sectoriales de Wynne Godley) nos dicen la verdad. La deuda de un sector es para otro un activo. Por lo tanto, la deuda del gobierno es el activo del sector privado. Entender cómo un sector se relaciona con otro utilizando un marco de equilibrio sectorial es muy útil, como lo es entender la ecuación de las ganancias de Kalecki, o la forma en que las reservas trabajan en un del sistema financiero. La contabilidad macro pueden ayudarnos a detectar situaciones insostenibles.

Frente a la TMM, las críticas del Pensamiento Gregario, caracterizado por una tendencia a examinar muy pocas alternativas; por una falta de evaluación crítica de las ideas de los demás; por un alto grado de selectividad en la recopilación de información (manipulación); por la falta de planes de contingencia; por la racionalización de malas decisiones; por una ilusión de invulnerabilidad y moralidad compartida; por una ilusión de unanimidad; y por la auto-designación de guardianes de la esencia para proteger al grupo de la información negativa. Ciertos economistas están actuando más como guardianes de una ortodoxia rota que como académicos. Tan sencillo como evaluar una idea por sus méritos.

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