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Carlos Gorostiza

Opinión

Aplastante

En la nueva política de hiperliderazgos, los refrendos internos sirven sobre todo para que los líderes ya cuenten de salida con un respaldo lo más aplastante posible

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián Europa Press

Aplastanta. Así fue el resultado de la consulta a las bases socialistas en favor del imprescindible e insuficiente acuerdo entre el PSOE y Podemos y también con porcentajes aplastantes se han pronunciado los afiliados de Esquerra Republicana cuya pregunta se expresaba en negativo. Hoy sabremos cómo de abrumador es el respaldo que también los militantes morados dan al preacuerdo. Sin olvidar que también votarán en urna aparte los de Galicia en Común. Izquierda Unida, por su parte, se ha adelantado y, en un alarde de optimismo, preguntó directamente por su propia participación en el Gobierno, también con gran éxito entre los afiliados.

Teniendo en cuenta lo que queda por hablar y negociar y la todavía considerable incertidumbre que hay sobre cuál será el resultado final de los pactos para la investidura y el Gobierno (de Presupuestos, ni hablamos) resulta extraño que estas consultas se hagan tan pronto, cuando queda prácticamente todo por hacer. Salvo que lo que se busque sea precisamente aplastar con un resultado previo inapelable cualquier contestación que pueda surgir de ahora en adelante a medida que se vayan conociendo las concreciones de lo que por el momento no pasa de ser una simple declaración genérica firmada a pocas horas de conocerse el resultado electoral. Concreciones que podrían resultar tan incómodas que -se ha pensado- mejor que cuenten con un apoyo abrumador de los militantes y de los inscritos, preferentemente antes de que ellos mismos las conozcan. De este modo la rotundidad del voto militante previo conjura el peligro de que, a medida que se vayan sabiendo detalles sobre el futuro Gobierno, alguien pueda levantar la voz.

En la nueva política de hiperliderazgos, los refrendos internos sirven sobre todo para que los líderes ya cuenten de salida con un respaldo lo más aplastante posible de la militancia para llevar adelante las negociaciones que estimen convenientes y lo hagan en la forma y manera en que ellos mejor consideren, mientras que las minorías despreciables (tómese el adjetivo en sentido estadístico, no moral) se han de callar.

Resulta imposible no ver las enormes diferencias que hay entre estos referendos anteriores a conocer lo que exactamente se está apoyando y las lógicas e ineludibles exigencias que les hacemos a los independentistas en el sentido de que los referendos que ellos reclaman con gran insistencia solo podrían realizarse, si fuera el caso, una vez que los ciudadanos afectados conocieran exhaustiva y detalladamente todas y cada una de las consecuencias e implicaciones reales y concretas que tendría el resultado para la sociedad catalana en todas sus múltiples facetas. Contrasta vivamente que los mismos que ponen el del Brexit como ejemplo de referéndum superficial e irresponsable cuando se habla de Cataluña, acepten con tanta alegría que los suyos voten ignorando por completo cómo quedará la cosa.

Una situación endemoniada

Porque de cómo quede la cosa va a depender mucho de lo que pase con los independentistas de ERC, que no solo han hecho su consulta interna con una pregunta expresada en negativo sino que ya están hablando con gran claridad de las condiciones que van a poner para levantar ese voto de entrada 'no' a Sánchez; condiciones entre las que figura un acuerdo entre Gobiernos, un calendario concreto de avances hacia sus propias posiciones, una amnistía para los políticos condenados y un referéndum, uno más, porque, como dice Aragonés “No hay nada más validador que las urnas".

Encajonada entre no ser quienes aboquen a unas nuevas elecciones en España, que podría ganar la derecha, pero tampoco quedar como botiflers ante sus enardecidas huestes independentistas, la dirección de ERC tiene una papeleta complicada, de ahí seguramente la estudiada ambigüedad de la pregunta que pensó para sus bases: ¿Está de acuerdo con rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?. Lo que pasa es que la gente no es tonta y se notaba tanto la vaguedad de la pregunta que Pere Aragonés ha tenido que salir a concretar lo de esa etérea negociación, señalando duras condiciones, para mayor tranquilidad de los suyos y para mayor inquietud de los socialistas que pudieran haber pensado que estaba todo encarrilado. Pues no.

El pulso entre independentistas

Si los líderes de ERC se van bajando de tales exigencias o se mantienen firmes ya se verá, pero no conviene olvidar que aunque instrumentalmente los de Junqueras no quieran un Gobierno de derechas en Madrid, sus sentimientos están exclusivamente con Cataluña, y que España tenga o no problemas para formar Gobiernos es para ellos un asunto circunstancial que no les quita el sueño, cosa que sí hacen sus competidores de JxCat, para los que está claro que, en España, cuanto peor, mejor. Un mensaje perfectamente nítido para las inminentes elecciones catalanas, que es donde tienen puestos el corazón y la ambición los republicanos, y no en el Gobierno de Sánchez.

Recordemos al fin que tras las elecciones del 28 de abril, todo parecía mucho más claro de lo que aparece hoy y, sin embargo, miren cómo acabó la cosa: con un adelanto electoral.

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