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Manuel Alejandro Hidalgo

Opinión

Anatomía de la crisis argentina

Argentina sigue sin resolver los problemas estructurales e institucionales que generan periódicamente desconfianza en su economía

Mauricio Macri, presidente de Argentina.
Mauricio Macri, presidente de Argentina. Efe.

Siempre resulta difícil entender qué ha motivado una crisis como la que en estos días ha azotado a la economía argentina. Las causas pueden ser variadas y venir desde vectores diferentes. Los tiempos en los que se acumula la tensión, que es liberada en pocos días por los mercados, suelen ser amplios -meses e incluso años-, lo que dificulta sobremanera el análisis. Es por ello que en estos casos es muy útil recurrir a economistas que han sido testigos pacientes de la evolución de los agregados económicos argentinos desde hace años, pues su visión suele ser más completa que la de aquellos que solo miramos cuando el terremoto ya ha sucedido.

En estos días he conversado con colegas más cualificados que yo en lo que respecta a la economía sudamericana. Por un lado Kamal Romero, economista venezolano afincado en España desde hace años, pero gran conocedor de la economía latinoamericana además de un gran macroeconomista. En segundo lugar, Alejandro C. García-Cintado, compañero de la Pablo de Olavide, especialista en política fiscal, lo que le cualifica para este análisis, sin contar que lo ata a las economías de la zona fuertes lazos personales. En tercer lugar, Gustavo Noguera, de nuevo economista venezolano y que en estos momentos hace su maestría en Argentina. A los tres se le une John Cochrane que, por supuesto, no se ha unido a nuestras discusiones, pero cuyo reciente post sobre Argentina ha sido objeto de análisis forense por quien les escribe y quienes cito.

Entre los cuatro hemos ido discutiendo razones, ideas, hasta perfilar una cronología de los hechos, así como tratar de perfilar en detalle la anatomía de la crisis. Resumiendo, podemos decir que en la crisis actual de Argentina confluyen una serie diversa de factores, lo que nos aleja de una explicación simple. Algunos de ellos están asociados a cuestiones técnicas de política monetaria, otros a las instituciones políticas argentinas y, por último, un último bloque está vinculado a factores externos.

La nueva petición de ayuda al FMI, realizada supuestamente para estabilizar la economía del país, puede tener el resultado contrario, ya que podría deducirse que las cosas están aún peor de lo que se cree

Empezando por el final, como ya ocurriera en enero de 2014, el cambio de aires en la política monetaria de la Reserva Federal norteamericana unido a la falta de reformas en los países emergentes, muchos de ellos dependientes de la evolución de los precios de las materias primas, se combinaron en un cóctel perfecto de turbulencias monetarias. A inicios de 2014 los flujos internacionales de capital se reorientaron hacia economías más estables, en especial a la economía norteamericana y a la de una Unión Monetaria que había dejado atrás sus propias pesadillas tras la crisis de la deuda de 2011. Como suele ser habitual, Argentina lideró junto con Brasil y Ecuador los ajustes cambiarios y del tipo de interés que eran necesarios para estabilizar de nuevo sus maltrechas economías. La recesión no tardó en aparecer, aunque en Argentina no fue todo lo dura que en crisis anteriores. En esta ocasión, en 2018, de nuevo la subida paulatina de la rentabilidad del bono a diez años estadounidense está elevando el atractivo de este frente al de otros países con serios problemas económicos estructurales, como es el caso argentino.

Respecto a los elementos estructurales e institucionales, no es Argentina un país que haya resuelto todos aquellos factores que generan desconfianza periódica en su economía. No son pocos los episodios de hiperinflación, quiebras y crisis económica, financiera y monetaria que ha experimentado este país sudamericano en las últimas décadas. La actual incapacidad de Argentina para reducir convincentemente su déficit público, junto con la devaluada independencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) alimenta las sospechas de los inversores. La combinación de déficit fiscal y déficit exterior con la tradicional aparición de un BCRA que ha venido a poner la política monetaria al servicio de estos desequilibrios, explicarían en gran parte el devenir de esta república. Y es que, como argumenta Gustavo Noguera, la independencia del BCRA está siempre en entredicho. Un evento importante que puede explicar la actual crisis es el anuncio de un cambio en el objetivo de inflación el pasado 28 de diciembre para 2018 y sucesivos años. En dicho anuncio se alargaba el periodo de tiempo para ajustar la inflación mientras se reducía el tipo de interés, lo que se interpretó como un claro guiño del banco central a un gobierno de Macri que necesitaba un mayor margen de maniobra que le permitiera estimular la economía argentina.

Y es que la política seguida por Macri, heredera de una situación de claro desequilibrio fiscal generado por los gobiernos “kirchneristas”, ha sido la de esperar a tiempos mejores. El excesivo gradualismo en la corrección del déficit público, justificado por un objetivo superior del gobierno que responde a reducir la tasa de pobreza, ha terminado por enquistar la problemática fiscal argentina e incluso ha elevado la presión de los mercados por el consecuente aumento de la deuda externa, absolutamente necesaria para financiar tales desajustes presupuestarios.

La actual incapacidad de Argentina para reducir su déficit público, junto con la devaluada independencia del Banco Central de la República, alimenta las sospechas de los inversores

Respecto a los problemas técnicos, Noguera, García-Cintado y Romero señalan tres cuestiones. La primera de ellas fue el error de gravar a los LEBACS, pasivos a corto plazo del BCRA en manos de inversores extranjeros. García-Cintado apunta que a este gravamen, que reduce claramente el atractivo de la deuda argentina, se le unieron los factores anteriores, es decir, una apreciación del dólar, una subida de tipos en Estados Unidos y unas perspectivas negativas sobre los ajustes de la economía argentina que provocaron la fuerte depreciación del peso de hace unos días. En segundo lugar, la necesaria subida de tipos para reducir la salida de capitales, elevando el atractivo de la deuda argentina para los inversores extranjeros, va a tener consecuencias claramente negativas en la economía real. Esto claramente empeorará las expectativas sobre la economía, en particular sobre sus déficits, lo que puede paradójicamente expulsar más capital. Es decir, provocar el resultado contrario al esperado. En tercer lugar, la petición de ayuda al FMI, una vez más, realizada supuestamente para estabilizar la economía del país tratando de evitar la transformación de una crisis de liquidez en una de solvencia, puede tener el resultado contrario, ya que puede entenderse como un mensaje desde Argentina de que las cosas pueden estar peor de lo que se cree. Esto llevaría a un insistente ataque contra el peso.

En resumen, cuatro economistas hemos tratado de esquematizar las causas de la actual crisis argentina. Existen muchos más factores y los mencionados son, por supuesto, mucho más complejos de lo que mínimamente se ha expuesto aquí. Desgraciadamente para los argentinos, Argentina resulta, como argumenta García-Cintado, una economía perfecta para verificar si la teoría sobre las crisis cambiarias funciona. Y de momento parece que sí, aunque con ciertas sorpresas que, por no agobiar al lector, no vamos a mencionar.



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