El presidente de Telefónica actuó ayer como presidente de Telefónica. José María Álvarez-Pallete, designado por César Alierta como su sucesor en el cargo el pasado 30 de marzo, comunicó ayer jueves el recorte del dividendo para este ejercicio y el próximo. Un tema hasta ahora tabú en la sede del grupo en Madrid. Con esta decisión comienza realmente la era de Álvarez-Pallete en Telefónica.

No debe ser fácil decir al segundo mayor banco español, BBVA, a la Caixa, al mayor gestor de fondos de inversión del mundo, BlackRock, o al banco francés Société Générale, los principales accionistas de la operadora española, que una de sus fuentes de ingresos más seguras año tras año, los dividendos de Telefónica, se verá reducida. Ni tampoco a los ahorradores particulares accionistas de la compañía. Álvarez-Pallete lo hizo ayer. Dado el elevado nivel de endeudamiento del grupo, mantener el dividendo posiblemente hubiera sido una decisión temeraria.   

El presidente de Telefónica se estrenó en el cargo con el anuncio de que la Comisión Europea vetaba la venta de O2 a Hutchison, una operación valorada en 13.000 millones de euros. Con la deuda del grupo por encima de los 50.000 millones de euros. Después, la cancelación de la salida a Bolsa de Telxius. Ahora, con la reducción del dividendo.

Pero Álvarez-Pallete le está dando la vuelta a la tortilla. Reducimos el dividendo y no vendemos porque no necesitamos tomar medidas apresuradas para reducir deuda, podemos hacerlo con nuestros ingresos recurrentes, vino a decir ayer a los analistas tras la presentación de los resultados. La acción de la empresa llegó a caer el jueves algo más de un 4%, pero finalmente cerró con una caída del 1,04%. El consejero delegado de BBVA, Carlos Torres, apoyó el recorte del dividendo de Telefónica, aunque suponga que el banco dejará de ganar 95 millones.

La sombra de Alierta, tras casi 16 años como presidente, es alargada, tanto como para ensombrecer la figura de su sucesor. Pero con anuncios como el del recorte del dividendo, Álvarez-Pallete acelera el proceso inevitable por el que los expresidentes acaban por convertirse en jarrones chinos. No parece que Álvarez-Pallete vaya a moverse en el terreno político como lo hizo su antecesor, que parecía que junto con el fallecido Emilio Botín y otros pocos elegidos para la gloria regían los destinos de España cuando zozobraba la política. Quizá sea más acorde con los tiempos de ahora un mayor distanciamiento entre el mundo empresarial y el político. Pero también es posible que en el futuro se eche de menos la influencia política del presidente de Telefónica para neutralizar embestidas de multinacionales extranjeras.