Santiago García-Lomasvozpopuli autores
Santiago García-Lomas

Opinión

¡Adiós Mr. Chance!: a propósito de la revolución tecnológica y la esfera privada

El autor, ante la inminente entrada en vigor del nuevo Reglamento General de Protección de Datos, alerta sobre el riesgo de que la nueva era tecnológica acabe de un plumazo con siglos de lucha por la privacidad

Un usuario navegando por Internet.
Un usuario navegando por Internet.

No sé si yo, centrado en defender la privacidad ante  la revolución digital, debería escribir lo que voy a escribir. Porque no trato de ir contra corriente (contra ninguna corriente). Pero como hombre de letras necesito encontrar un lugar donde respirar entre tanto algoritmo. Y ese lugar es este diario digital.

La humanidad ha sufrido muchas revoluciones. Leía no hace mucho que ya el Neolítico supuso para nuestro género humano la primera gran revolución: pasamos de ser sólo nómadas a asentarnos alrededor de lugares. A vivir en grupo y a socializar. En vez de salir de caza, cuidábamos rebaños alrededor de casa. Todo un cambio, que generó una explosión demográfica y una conducta pre-social que hemos heredado como especie hace 10.000 años.

Las civilizaciones antiguas de Egipto, Mesopotamia, Grecia, Roma…, supusieron completas revoluciones cada una de ellas. Como lo fue el feudalismoque visto desde el ángulo del señor feudal consistía en dar tierras a los tuyos para ganarte su lealtad y  defender tu propio condado juntos.  Y así, todos los condadosservían al Rey.

Romper ese mundo de lealtad a un territorio pequeño por la pertenencia casi anónima  a una urbetambién debió ser un gran cambio de anclaje de cada uno. Pero así fue y nos adaptamos.

El Cristianismo, el Renacimiento y  la ciencia lograron dar al hombre urbes la confianza que su feudo ya no daba. En el día a día de las personas  debió ser un gran cambio pasar de los sacrificios a la oración, de la música cantada a la instrumental y de  las velas a la luz.

Lo que no previó Orwell cuando en ‘1984’ describió un futuro en el que los individuos estaban totalmente monitorizados por la ‘Autoridad’, es que la carrera, además de por el control del poder, también iba a ser por el dinero

El fin del sistema feudal  dejó paso a la revolución industrial del XIX. Y vinieron más  revoluciones: la irrupción del coche -sobre todo el FORD T-  trajo la producción en grandes escalas; no sólo de coches. Las distancias se acortaron, las ciudades se adaptaron y nació  un sistema transfronterizo financiero y comercial totalmente nuevo y de gran agilidad. El contenido y horario del trabajo cambiaba. Las máquinas nos ayudaban a ganar en libertad económica y capacidad de consumo y de ocio. La cultura y el desarrollo personal fueron cada vez más asequibles.

Políticamente, la revolución social posterior y la configuración de las  democracias modernas tras la segunda guerra mundial nos llevan a una realidad social donde los derechos del ciudadano son la base de la promoción política. Del poder. A su vez,  la prensa actúa para control real de la honestidad de esa promoción política y sus promesas. Este cambio  radical en la relación entre gobernante y gobernados, si lo pensamos bien, es el mayor logro desde el neolítico: los gobernados controlan a los gobernantes.

Antes de esto último, en su novela “1984”, G. Orwell, nos asustaba describiendo un futuro donde, por el contrario, los individuos estaban completa y totalmente identificados y monitorizados por la Autoridad. Dese entonces, en el aire siempre ha estado esa sensación de que en alguna planta de los servicios secretos del mundo algo de eso se estaba tramando. Pero no ha hecho falta. Lo cierto es que hoy sólo con tener un móvil  estamos todos  voluntariamente monitorizados.

Ha sido el desarrollo tecnológico y la búsqueda de nuevos campos de negocio lo que ha hecho que surjan compañías como Apple, Microsoft, Google, Twitter, Samsung, Amazon…, que hacen que en la práctica estemos nosotros y nuestros gustos;  costumbres totalmente geolocalizadas en todo momento.

Tenemos un acceso como nunca hemos tenido a la dignidad, o sea a la cultura, al conocimiento y a la información. Todo eso nos permite a nivel individuo gozar de una independencia muy superior a la que nuestros antecesores han tenido jamás.

Y estas compañías han crecido así en La Bolsa porque es totalmente cierto y sin trampa que nos gusta lo que nos ofrecen. ¡Es formidable! Por eso sus productos, sus aplicaciones y sus servicios se venden exponencialmente. Así que al final no es por “poder”. Es por dinero, pero el escenario de la novela  “1894” ya está aquí.

Cuando mi comportamiento es “una probabilidad” y es “determinable”, puede que antes de que yo mismo sepa qué quiero comer Uber me traiga una hamburguesa con queso, y acierte

El problema –tampoco nuevo en el género humano– es que donde hay un Dr. Jekyll puede haber un Mr. Hyde. Si el Doctor ha ideado una herramienta maravillosa para dotar al individuo de un grado de libertad como jamás ha gozado antes, el Sr Hyde que se esconde dentro de él sabe que esas mismas herramientas, mal utilizadas, pueden acabar de un plumazo con siglos de lucha por la privacidad y dignidad de cada individuo.

Entre ellas está sin duda los algoritmos predictivos. Se utilizan para métodos de  análisis de predicciones. Wikipedia dice de ellos: “El efecto funcional que pretenden estas iniciativas técnicas es que el análisis predictivo provea una puntuación (probabilidad) para cada sujeto (cliente, empleado, paciente, producto, vehículo, componente, máquina y otra unidad en la organización) con el objeto de determinar, informar o influir procesos en la organización en el que participen un gran número de sujetos, tal y como ocurre en marketing, evaluación de riesgo de crédito, detección de fraudes, fabricación, salud y operaciones gubernamentales como el orden público.”

Cuando mi comportamiento es “una probabilidad” y es “determinable”, puede que antes de que sepa qué quiero comer Uber me traiga una hamburguesa con queso, pepinillos y con cebolla cruda. Y además acierte.

Mi voto puede que ya no haga falta. Por mis comportamientos y hábitos se predice también. No puedo fingir. Con un clic todo el mundo sabe el saldo de mis ventas o cuántas personas conozco.

Quizás en este mundo de algoritmos predictivos yo me sienta como Mr. Chance (*) fuera de su jardín. Ante la nueva era tecnológica que invade todo lo que hago y veo, yo sigo “podando mi jardín”, sembrando y confiando en la naturaleza. Busco sólo aplicar los valores del llamado derecho natural que son en verdad los que han dignificado nuestra existencia. Es más, a lo  mejor -sin que lo sepa mi móvil- me da por seguir soñando, y así de paso descoloco al algoritmo predictivo.

Soy un Mr. Chance capaz de navegar con rumbo en este laberinto de circuitos confiando en que debajo de todo ello permanecen los mismos valores éticos que siempre han funcionado. Y cuando hay cambios normativos como la aplicación desde  este mes de mayo de 2018 del nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) me da por pensar que el compromiso con esos valores esenciales del ser humano no va a desaparecer; y que eso, precisamente eso, es lo que busca la UE cuando quiere poner coto al algoritmo y sus bases de datos.

(*) Jercy Kosinski “Bienvenido Mr. Chance”. Ed. Argos Vergara. 1980

Últimas noticias



Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba