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Jose Alejandro Vara

Opinión

Ábalos, el bombero torero

De apagar los fuegos, a provocar incendios. Ábalos, el 'bombero' de Ferraz, ha liado un estropicio al hacer bromitas con 'la escopeta nacional'

El secretario de Organización del PSOE,  José Luis Ábalos.
El secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos. EFE

José Luis Ábalos encarriló su vida tras ganar dos apuestas. Se la jugó a muerte por Pedro Sánchez, cuando el cisma del PSOE, y de ahí salió como secretario de Organización. Un tiempo después, animó y convenció a Pedro para que lanzase la moción de censura contra Rajoy. Se convirtió así en ministro de Fomento. Bingo. Dos jugadas maestras. Dos plenos al quince. Un maestro de escuela valenciano, ignoto y sin carisma, en la cúspide del poder. Un discreto ‘fontanero’ elevado al altar de la Moncloa.

Ábalos es un tipo listo, de verbo mesurado, que combina su ingenio mediterráneo con la circunspección de un oficial de juzgados. Es el típico hombre del aparato que, dado el nivel del actual Gobierno, parece Schopenhauer.  En sus filas se le respeta y hasta le temen. Es riguroso y, dicen, gasta mala “llet”. A su lado, Adriana Lastra es una becaria con galones e Isabel Celáa, una marisabidilla impertinente.

Una de sus funciones es apagar los incendios que atizan con entusiasmo sus torpes compañeros de Gabinete. Incluido el presidente. Si Sánchez juguetea con la inviolabilidad del Monarca, allí está Ábalos para sofocar las llamas. Si Sánchez habla del ‘superdomingo’ electoral, acude presto Ábalos para sofocar la polémica. Es un bombero político consumado, un templagaitas certero, un superlativo desfacedor de entuertos.

Dado el nivel del actual Gobierno, Ábalos, hijo de novillero y típico hombre de aparato, parece Schopenhauer

Extraña por eso la polvareda que ha levantado con su referencia a los toros y la caza. Un asunto sensible, en especial si se acaba de recibir un estruendoso bofetón en el campo andaluz. La polémica taurina y cinegética llenó de votos el capazo de Abascal. Con ciertas cosas, como las tradiciones, pocas bromas.

Ábalos, que además es hijo de novillero, Heliodoro Ábalos “Carbonerito”, tuvo la infausta ocurrencia de arremeter contra quienes pretenden imponer una visión “casposa de España” en la que todos tienen que ser “toreros o cazadores”. Ahí ardió Troya. El bombero agitando la hoguera. El único barón de los ocho hijos de ‘Carbonerito’, ciscándose en la fiesta. Un derechazo artero, un tosco bajonazo. Una enorme torpeza.

Su misión como extintor de guardia habría sido salir al quite del comentario de su compañera de Gobierno, Teresa Ribero, titular de la cartera ecológica, cuando se mostró encendidamente contraria a la lidia y a las monterías. Hizo Ábalos lo contrario y avivó las brasas. En el PP, que están a la que salta y que ya acarician el retorno a la Moncloa, le han sacudido hasta en la testuz.

La talla 'diábolo'

Así, Casado, puso cifras a la tontada y recordó que el sector de la caza produce 6.000 millones de euros al año y sostiene más de 180.000 empleos. Definió la persecución de la fiesta de los toros como un intento más de esa ‘ingeniería social’ tan propia de la izquierda, que siempre pretende dictarnos qué nos tiene que gustar y qué no. Y hasta recordó cuando Zapatero se empeñó en decidir cómo tienen que ser las mujeres y se inventó aquello de la mujer 'diábolo', que no diablesa. La idea consistía en poner punto final a 'la tortura de la talla 36'. A partir de entonces, las tallas sería tres: ‘Diábolo’, ‘campana’ o ‘cilindro’. Una clasificación humillante, una delirante ocurrencia  del entonces ministro de Sanidad, Bernat Soria, que sublevó tanto al voto femenino como al sector textil y acabó sensatamente en la basura.

Los barones han puesto distancia con la ‘escopeta nacional’ de Ábalos. Unos se declaran forofos de la fiesta; otros se aferran a la paralela

Los barones socialistas, que serán candidatos dentro de nada, han puesto distancia con la 'escopeta nacional' de Ábalos. Unos se abrazan al capote y se declaran forofos de la fiesta y de Roca Rey. Otros, como Page, se aferran a la escopeta en pos de una liebre perdida y algunos, incluso se han colocado pulseritas en la muñeca con la bandera de España. Sienten el gélido aliento de Vox sobre su nuca y temen que la faena de Ábalos, en su entorno agreste y rural, les pase factura en las urnas. Resulta que, al final, el implacable ‘bombero’ derivó en un pirómano, el rey de la charlotada.

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